MINDFULNESS Y EJERCICIO FISICO

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Mindfulness es darse cuenta de la experiencia presente, con aceptación. (K. Germer)

La práctica de mindfulness se compara a veces con el ejercicio físico. Al igual que ha ocurrido con éste, la práctica se está haciendo cada más popular, se reconocen sus beneficios para la salud y la oferta de su práctica se amplía. A menudo los expertos la describen como una forma de ejercicio mental. Se dice que la práctica ayuda a fortalecer los músculos de la atención y que cambia el modo de pensar y actuar.

Podemos recordar lo que el maestro de meditación Ajahn Chah dijo: El cuerpo se ejercita por el movimiento, incrementas su fuerza y capacidad moviéndote. En cambio, la fuerza y la capacidad de la mente se desarrolla por lo opuesto, al mantenerla quieta.

Es indudable que el ejercicio físico tiene beneficios notables. La investigación muestra que mejora muchos aspectos de la salud física y mental. Podemos recordar que fortalece el corazón, los pulmones, los huesos y músculos. Ayuda a controlar el peso, la diabetes y la artritis. Reduce el riesgo de cáncer de colon y de pecho, y de las enfermedades cardíacas. El ejercicio mejora el sueño, incrementa los niveles de energía, mejora el estado de ánimo, y reduce el riesgo de depresión y el impacto del estrés. Mejora la concentración, además de prevenir la enfermedad de Alzheimer y la demencia.

Por otro lado, el ejercicio también tiene riesgos significativos. La gente se lesiona, se producen problemas musculares y en las articulaciones. A veces incluso tiene graves consecuencias; se producen muertes por fallo cardíaco en formas intensas de ejercicio a las que la persona no está acostumbrada.

No obstante los expertos han concluido que el ejercicio realizado con prudencia tiene más beneficios que riesgos. Se pueden minimizar los riesgos teniendo en cuenta  tres factores importantes: la intensidad del ejercicio, la vulnerabilidad de la persona y la calidad de la instrucción para la práctica.

La práctica de mindfulness

Aunque la investigación es más reducida en este ámbito, hoy día hay bastante evidencia a nivel terapéutico de que los programas basados en mindfulness reducen la ansiedad, la depresión, el estrés y ayuda a manejar la enfermedad y el dolor. Otros estudios muestran que la práctica mejora el bienestar mental y la compasión por uno mismo y otras personas. También hay evidencia de que la práctica tiene efectos medibles en el cerebro.

Dado que mindfulness se está usando como  herramienta de diversas nuevas terapias, podemos decir que los tratamientos psicológicos implican molestias, tienen a veces riesgos y efectos adversos. Igual que el ejercicio físico puede causar dolor y fatiga,  el tratamiento es a veces incómodo, ya que requiere cambios mentales y conductuales, afrontar experiencias dolorosas, y  aprender habilidades nuevas, a veces en situaciones difíciles. El malestar temporal no significa que un programa es dañino, sino que el cambio psicológico es difícil.

La práctica de mindfulness trae a la conciencia experiencias de todo tipo, agradables, desagradables o neutras. Puede llevar a estados de paz, alegría, relax y bienestar. También son comunes las experiencias desagradables como agitación, incomodidad, somnolencia, tristeza e ira, pero son generalmente experiencias temporales. El modelo teórico de mindfulness  considera que las diversas experiencias son parte de la experiencia humana común. Observarlas y dejarlas ir son parte del proceso de aprendizaje.

Buscando una práctica segura

La fuerza física y la resistencia son condiciones físicas saludables que generalmente no causan daño. El daño es más probable que se produzca por formas no seguras o excesivas de ejercicio. De modo similar mindfulness es una capacidad humana natural benéfica;  pero podrían surgir efectos negativos de una forma de práctica inapropiada o mal dirigida.  Se sugiere considerar los siguiente:

  • Normalmente se propone al igual que el ejercicio físico empezar la práctica gradualmente: las breves de baja intensidad que no conllevan riesgo alguno. Son útiles al principio las grabaciones, apps, libros, guías. Las prácticas moderadas implican más tiempo y otorgan resultados más notables.
  • Los programas de 8 semanas de reducción del estrés suponen un compromiso con prácticas moderadas diariamente. Es un proceso gradual dirigido y debe hacerse cuando uno está motivado a esa experiencia. Las dificultades que puedan surgir son adecuadamente manejadas por un buen instructor.
  • Las prácticas más intensivas como son en los retiros de meditación –de uno a varios días- dónde se medita unas horas cada día, a menudo en silencio, deben ser realizadas en el momento oportuno, cuando la persona sienta anhelo de profundizar  y con  guías de confianza. Igual que una maratón no se realiza sin un período previo de entrenamiento en resistencia, la mente necesita prepararse para los largos tiempos de silencio.
  • Cuanto más vulnerable psicológicamente es la persona, mayor necesidad de cuidar cuándo y cómo se enseña mindfulness. Un profesional de salud mental es importante como apoyo para una práctica adecuada con personas con trastornos físicos o psíquicos.
  • Calidad de la instrucción. Es importante una persona guía competente con una experiencia personal amplia, que sepa motivar e inspire confianza. Un grupo de apoyo con experiencia es un refuerzo muy útil una vez superada la primera fase de instrucción.

 Desmitifiquemos la práctica:

  • No idealicemos la práctica de mindfulness.  Mucha gente se acerca a mindfulness para sentirse mejor o reducir el estrés. Se debe señalar que hay muchos  caminos que  pueden ser útiles, como son  el yoga, las diversas terapias o alguna forma concreta de ejercicio físico. Cada persona debe elegir lo más apropiado en un momento concreto.
  • Mindfulness conlleva dificultades. Al igual que el ejercicio físico puede ser incómodo, pero es además un camino mental de atención y consciencia. Se trata de aprender a reconocer y abrirse a todo tipo de experiencias y practicar las elecciones y respuestas vitales.
  • La práctica de mindfulness debe ser empírica. Aún siguiendo las pautas de una buena instrucción, uno debe experimentar con mente abierta y curiosidad, guiarse por los resultados de la experiencia personal, seguir las prácticas útiles y abandonar las que no lo sean.

 

Inspirado en el artículo de R. Baer y W. Kuyken, aparecido en 2016 en  la web del Oxford Mindfulness Center     http://www.oxfordmindfulness.org/is-mindfulness-safe/

 

 

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¿Por qué potenciar las emociones positivas?

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La psicología ha estudiado preferentemente las emociones negativas (miedo-ansiedad; tristeza-depresión; etc.), habiéndose relegado a un segundo plano el estudio de las emociones positivas (p.e. satisfacción, confianza,etc). Por eso uno de los primeros objetivos de la nueva psicología positiva es potenciar el estudio de las emociones positivas.

Hay varias razones que explican el olvido de las emociones positivas:

  1. Hay una tendencia natural a estudiar aquello que amenaza el bienestar humano, por eso  se ha centrado el interés en las emociones que nos ayudan a afrontar peligros o problemas. Además existe la tendencia a descuidar lo que es normal y focalizar la atención en lo que se sale de lo cotidiano.
  2. Las emociones positivas son más difíciles de estudiar, por que son menos en cantidad y más difíciles de distinguir. Existen menos palabras para describir estados emocionales positivos que negativos, de modo que somos menos conscientes de las emociones agradables que de las desagradables.
  3. Existen diferencias en cuanto a la expresión, de modo que se reconocen más fácilmente las emociones negativas que las positivas.
  4. Hace falta elaborar nuevos modelos metodológicos para estudiar las emociones positivas, que permitan avanzar en su estudio.

 Valor adaptativo.

Las emociones negativas tienen un valor adaptativo incuestionable: representan soluciones eficientes a los problemas que afronta el hombre. Sin embargo el valor adaptativo de las emociones positivas es más complejo, y ha sido ignorado mucho tiempo.

Las emociones positivas tienen un objetivo trascendente y evolutivo, que va más allá de las sensaciones agradables que nos proporcionan. Experimentar emociones positivas lleva a estados mentales que preparan a las personas para enfrentar con éxito dificultades futuras.

A diferencia de la focalización que induce la emoción negativa, cuando se experimentan  emociones positivas, nuestra actitud es expansiva, tolerante y creativa, lo que se traduce en desarrollo personal. La emoción negativa lleva a adoptar un tipo de pensamiento centrado en el problema; en cambio, la emoción positiva lleva a adoptar un pensamiento creativo, generoso y constructivo.

La investigadora americana Barbara Fredrickson ha desarrollado la teoría de que las emociones positivas tienen  importantes funciones:

  • A corto plazo, abren la mente y amplían el campo de oportunidades
  • A largo plazo, promueven el desarrollo de recursos , favoreciendo el crecimiento de la persona.
  • Pueden ser canalizadas para prevenir o afrontar problemas

Enfoque multidimensional de las emociones

Durante mucho tiempo se ha considerado que las emociones positivas y las negativas eran los polos opuesto de una única dimensión lineal, de modo que serían incompatibles. Hoy se considera que más bien se manifiestan de forma multidimensional, de modo que las emociones positivas y las negativas son más o menos independientes. Podrían ser coexistentes en un mismo individuo.

Hoy sabemos que tras una experiencia traumática se experimentan emociones negativas y positivas, y ésta es una de las bases del crecimiento postraumático.

En el campo de la depresión, una característica es la presencia de emociones negativas, pero se conoce que también lleva asociado un descenso de emociones positivas, por lo que una terapia eficaz deberá ocuparse de aumentar estas y disminuir aquellas.

Clasificación de las emociones positivas

 Según Seligman, se pueden dividir en tres grupos:

  • Emociones positivas que genera el pasado,  como la satisfacción, el orgullo, la gratitud, la realización personal, etc. Están determinadas por pensamientos que tenemos sobre lo vivido.
  • Emociones relacionadas con el presente, como la alegría, el placer, la fluidez, el entusiasmo, la tranquilidad. Se centran en el momento actual
  • Emociones positivas respecto al futuro, como el optimismo, la confianza, la esperanza. Están determinadas por pensamientos acerca de lo que está por venir.

 Emociones positivas y calidad de vida

 Existen pruebas tras décadas de investigación, que evidencian que las emociones positivas se relacionan con el estado de salud e incluso con la esperanza de vida. Se sabe que quienes experimentan más emociones positivas tienen mejores hábitos de salud, menor tensión arterial y un sistema inmunológico más fuerte, que quienes experimentan menos emociones de este tipo.

Es famoso el estudio de las monjas (realizado por la Universidad de Kentucky) que consiste en una investigación longitudinal a largo plazo, que demuestra una relación entre las emociones positivas y la longevidad. Otros estudios han confirmado la relación entre actitudes positivas y mejor calidad de vida, así como mayor longevidad.

Para saber más: La vida que florece (de Martin Seligman)

Florecer

¿Queremos educar la Inteligencia Emocional?

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La inteligencia emocional, IE, es la habilidad que nos permite percibir, comprender y regular nuestras emociones y las emociones de los demás.

Este concepto fue desarrollado por dos psicólogos de la Universidad de Yale, Salovey y Mayer,  cuando llamaron la atención sobre un tipo de habilidad (IE) de manejo de emociones que mostraban niños, que aunque no tenían un CI muy elevado, alcanzaban resultados y relaciones sociales superiores a otros compañeros con un CI más elevado.

Hay dos tipos de modelos de IE:

  • El modelo mixto, adoptado por D. Goleman, que relaciona la IE con otras variables como el optimismo, la autoestima o las habilidades sociales. La IE incluye todo aquello que no es inteligencia racional. Este modelo crea confusión conceptual a la hora de investigar
  • El modelo de habilidad, adoptado por Salovey y Mayer, que concibe la IE como una variable única y la estudia de forma independiente. Permite investigar de modo más fiable la IE, que es entendida como la capacidad para percibir sentimientos, para comprenderlos adecuadamente y para regular y modificar las emociones tanto positivas como negativas.

Desde este último modelo de habilidad la IE implica cuatro componentes:

  1. Percepción y expresión emocional: reconocer de forma consciente nuestras emociones y ser capaces de darle una etiqueta verbal. También reconocer en otros las emociones expresadas; incluso distinguir el valor o contenido emocional de una situación social.
  1. Facilitación emocional: utilizar las emociones para facilitar otros procesos cognitivos. Dado que las emociones y los pensamientos están fusionados, podemos utilizar las emociones al servicio del pensamiento, de modo que nos ayuden a razonar de forma más inteligente y tomar mejores decisiones.
  1. Comprensión emocional: comprender los sentimientos de los demás, empezando por comprender los propios, qué cosas, personas o situaciones nos causan determinados sentimientos, qué pensamientos generan tales emociones, cómo nos afectan y qué consecuencias y reacciones nos provocan. Si reconocemos nuestros propios sentimientos más facilidades tendremos para conectar con los del prójimo. Empalizar consiste en situarnos en el lugar del otro y ser consciente de sus sentimientos, sus causas y sus implicaciones personales.
  1. Regulación emocional: es una de las habilidades más complicadas de dominar. Consiste en la habilidad para manejar o moderar nuestra propia reacción emocional ante situaciones intensas, ya sean positivas o negativas. Supone vivenciar nuestro estado afectivo, sin ser abrumado o avasallado por él, decidir como hacer uso de esta información para alcanzar un pensamiento eficaz, no basado en la irracionalidad. Del mismo modo, una regulación efectiva contempla la capacidad para tolerar la frustración y sentirse tranquilo ante metas que se plantean muy distantes.

Tradicionalmente se consideraban en conflicto la razón y las emociones. La revolución que ha traído consigo el concepto de IE es que las emociones y los pensamientos están fusionados, que razón y pasión no son opuestos, sino que deben trabajar unidos

Las habilidades emocionales son más importantes que las intelectuales en relación con el éxito profesional, y también influyen más en la satisfacción con la vida. Lo cual no quiere decir que la capacidad intelectual no sea importante.

Inteligencia emocional y educación

 Tradicionalmente se ha fomentado la educación intelectual, dejando de lado la educación emocional, considerándose las emociones y su manejo como elementos secundarios. Diversos estudios confirman que los adolescentes con baja IE tienen una autoestima más baja, mayores índices de consumo de tabaco y alcohol, y  más síntomas de depresión y ansiedad.

Dado que la mejor etapa para entrenar la IE es la infancia y el mejor entorno es la escuela, se considera que una educación integral debe incluir asignaturas relacionadas con la conciencia, conocimiento y regulación de las emociones, es decir la Inteligencia Emocional. Pero esta enseñanza debe basarse más en la práctica que en la teoría.

Se podrían considerar objetivos de la educación emocional:

  • generar sentimientos positivos
  • evitar la frustración
  •  desarrollar la sensación de autocontrol
  • manejar las preocupaciones irrelevantes
  • manejar los sentimientos negativos de miedo, rabia, celos, envidia, etc.
  • desarrollar la autoconciencia emocional y la empatía.

Para profundizar:

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MITOS SOBRE LAS EMOCIONES

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Dado que apenas tuvimos educación emocional, podemos decir que, en general,  somos analfabetos emocionales. Todos recibimos un condicionamiento social en mayor o menor medida. Hay una serie de mensajes culturales o creencias falsas que limitan nuestra capacidad de acción y expresión emocional. Vamos a resumirlos e ir desmontándolos uno por uno.

  1. Llorar es signo de debilidad.  Culturalmente se ha asociado el llanto con “cosa de niñas”. Es una manera de abrirse y mostrar dolor. Está asociado a la tristeza, pero también puede deberse a ira, frustración e incluso alegría. Los varones que expresan su llanto, tras tiempo de reprimir sentimientos, consiguen un alivio importante.
  2. Las mujeres son más sensibles que los hombres. Hay influencias educativas a la hora de expresar las emociones, pero se puede decir que ambos sexos sienten de forma parecida.
  3. Controlar las emociones significa reprimirlas. Significa que las emociones no nos desbordan. Manejar una emoción significa reconocerla,  observar los cambios que produce en mí, y expresarla de la forma más adecuada, respetando mis  derechos y los de los otros.
  4. Algunas emociones son inútiles. En un principio tienen un valor adaptativo y facilitan información a nosotros y a los demás. Se pueden convertir en insanas y generan un transtorno emocional  (se pasan de rosca) cuando las manejamos mal.
  5. El afecto es necesario principalmente para los niños y los ancianos. Pero el resto de personas también lo necesitan. Es una necesidad humana la relación emocional. Hay personas que se sienten incómodas por mostrar o recibir afecto como si fuera una ñoñería. La madurez conlleva espontaneidad en los afectos.
  6. Expresar la emoción hace que desaparezca. Este es el mito de la catarsis, muy difundido por el psicoanálisis. Aunque expresar lo sentido puede aliviar su intensidad, no es curativo por si solo. Aquello que provocó la emoción volverá a provocarlo a menos que haya un cambio en nosotros o una emoción de signo contrario.
  7. Las emociones no son buenas consejeras, la razón sí. Esta idea proviene del mito de la oposición entre mente y sentimientos. Hoy la investigación demuestra la estrecha relación entre razón y emoción. La mejor estrategia es unir razón a emoción.
  8. Ser feliz es una utopía, la vida está llena de desgracias. La felicidad no es como el final de los cuentos, un estado permanente de bienestar. La realidad está llena de situaciones que pueden perturbarnos, y se trata de asumirlas y afrontarlas de modo adecuado
  9. Las emociones que no se desarrollan en la infancia ya no lo hacen en la adultez. Aunque las experiencias del pasado influyen, no son determinantes. Tenemos capacidad de aprender y desarrollar habilidades de adultos. La naturaleza humana es más plástica de lo que creemos, aunque algunos se empeñen en no cambiar (“yo es que soy así”)
  10.  Las personas inteligentes destacan por su razón, no por su emoción. Hoy día se habla de facetas de la inteligencia, por ejemplo de inteligencia matemática, o verbal, espacial, etc. y de una inteligencia emocional  que es la que usan las personas que son hábiles en lo referente al mundo de los afectos

(inspirado en un taller de Inteligencia Emocional)

Para saber más: Corazones inteligentes, Ed. Kairós

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Mindfulness para el paciente de cáncer

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En los últimos años se han comprobado los beneficios de intervenciones contemplativas para afrontar las enfermedades graves. Estas intervenciones se refieren a entrenar la mente en la concentración y la consciencia. Mindfulness es un tipo de estos entrenamientos mentales, que  se define como una manera de percibir el mundo basado en experiencia sin juicio del momento presente. La práctica fomenta no solo la capacidad de estar en la realidad presente, sino también de aceptar lo que está ocurriendo sin caer en pensamientos repetitivos o en reacciones emocionales en relación con vivencias del pasado, presente o futuro.

Se puede decir que hay tres componentes clave de este enfoque:

  1. Atención enfocada en el presente y la consciencia
  2. Intención, que es el componente motivacional
  3. Actitud, que se refiere al modo de atender, con curiosidad, receptividad, sin juicio, aceptación y compasión.

La atención al presente ayuda a los pacientes a soltar la rumiación, o reacción de la mente bloqueada, que se atasca en el pasado o anticipa un futuro catastrófico. La intención supone un compromiso reiterado de implicarse en el proceso de atención. El tercer componente es especialmente interesante, pues desarrolla una actitud hacia las vivencias de no resistencia, de apertura a un viaje experiencial (que contrarresta la reacción de huida o evitación)

Desde hace años en diversos países se están ofreciendo  a pacientes de cáncer  programas de atención basados en Mindfulness inspirados en el programa de reducción del estrés desarrollado por J. Kabat-Zinn a partir de 1979 en el hospital universitario de Massachusets, y que están resultando especialmente útiles. Estos programas tienen una parte educativa, introduciendo temas como el manejo del estrés, la respiración diafragmática, y el equilibrio del sistema nervioso autónomo.   Se proponen prácticas meditativas en diversas posturas (tumbados, sentados, de pie, caminando) para desarrollar la atención al presente. Otro componente es el yoga atento o movimiento consciente, que es adaptado a las limitaciones de los pacientes. Se da mucha relevancia al componente actitudinal hacia la práctica, potenciando las pautas de no-juicio, paciencia, amabilidad, confianza, aceptación, mente de principiante, no esfuerzo, y no aferramiento.

Gracias a la práctica de mindfulness, los participantes aprenden a advertir e interrumpir el ciclo de la preocupación ansiosa. Se observan los pensamientos que aparecen, las sensaciones de ansiedad en el cuerpo, aprendiendo a reconocer lo que son, solo pensamientos, sentimientos y sensaciones cambiantes, y no hechos definitivos. El practicante reconoce sus vivencias y vuelve al foco de su respiración. Esto proporciona una conexión con el presente, y la posibilidad de elegir otra opción, en lugar de ser arrastrados por los contenidos mentales.

Parece que los retos que supone el cáncer son mejor tratados a través de enfoques que enfatizan la aceptación y la consciencia, así como el no-aferramiento. Esta actitud de no-aferramiento proviene de la compresión de la impermanencia, de la naturaleza cambiante constante de todas las cosas. Con esa comprensión los pacientes son capaces de aflojar su necesidad de que las cosas sean de una manera determinada o de saber los resultados de su tratamiento en el futuro. Con una visión mayor del momento presente y de ver las cosas claramente como son,  simplemente aceptando las circunstancias como son, los pacientes son capaces de dejar de forcejear en su mente sobre el pasado o el futuro. La preocupación a menudo viene de cuestionarse el futuro, y la culpa de agobiarse con el pasado, pudiéndose ambas atenuarse cuando la atención se enfoca en el presente.

La práctica regular de mindfulness es también una herramienta útil para regular  emociones difíciles y potenciar su aceptación en lugar de resistirse a las mismas. Puede disminuir el pensamiento excesivo –o rumiación- sobre el pasado y el futuro, a través de la experiencia de una auto-conciencia mayor, y puede ayudar a contrarrestar la tendencia a evitar las experiencias dolorosas, que a menudo lleva a aumentar los mismos sentimientos que el evitador espera controlar.

Resumiendo, podemos esquematizar los beneficios potenciales de la práctica sistemática de mindfulness a nivel de salud mental, en las enfermedades devastadoras como el cáncer:

  • Equilibrio atencional. Cultiva una atención estable, abierta, más libre de tensiones y
  • Regulación emocional. Cultiva estados benéficos que incluyen la conexión, la amabilidad y la ecuanimidad. Se afrontan las emociones difíciles.
  • Control cognitivo. Se cultiva la flexibilidad mental, que incluye la capacidad de guiar pensamientos y conductas, y de regular las respuestas habituales.
  • Capacidad de afrontar. Se potencian los estados de calma y conexión, reduciéndose el estrés, y se activa el sistema inmune.

 

Para profundizar:   Terapia Cognitiva basada en Mindfulness para el Cáncer, de Trish Bartley

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Afrontando el diagnóstico de cáncer

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El diagnóstico de cáncer es un hecho traumático para cualquier persona,  sus familiares o  círculo íntimo. El cáncer sigue siendo la segunda causa de mortalidad en los países desarrollados y la tendencia es a seguir aumentando. Aunque hoy día los tratamientos han aumentado la supervivencia de los diagnosticados con cáncer, la palabra mantiene un estigma, un impacto psicológico más grande que otras enfermedades graves, estando asociada a amenaza de muerte prematura, malestar por tratamientos agresivos, deterioro general, etc.. Además, las estadísticas confirman que la depresión, la ansiedad y el estrés son más elevados en las personas diagnosticadas con cáncer.

Por otro lado el paciente de cáncer se suele plantear cuestiones existenciales,  trata de encontrar sentido a la enfermedad, y se puede atascar en diversos estados emocionales (miedo, culpa, etc.). También se pone de manifiesto que en la vida muchas cosas son en gran parte incontrolables, lo cual puede producir más ansiedad. En este sentido se vive incertidumbre respecto a la enfermedad y los tratamientos; y la cuestión general que todo ser humano vive de incertidumbre ante la muerte se agudiza en el caso de los pacientes de cáncer.

Reacciones comunes ante el cáncer

El diagnóstico de cáncer desencadena diferentes tipos de reacciones, que vamos a revisar. Una es la vivencia de trauma, que conlleva miedo e impotencia. Se puede vivir la noticia como una amenaza de muerte, con incredulidad, confusión, pensamientos catastróficos, etc. Cada persona experimenta una mayor o menor conmoción en su proceso de adaptación a esta situación.

Se experimenta con frecuencia un cierto grado de estrés, especialmente en torno a diagnóstico, las recurrencias, al comienzo y al final del tratamiento y en la toma de decisiones respecto a este. Esta vivencia mental estresante puede llevar a un bajo estado de animo  o caer en lo que se ha denominado círculo vicioso de  preocupación ansiosa. Esta vivencia comienza con una sensación general de ansiedad, que desencadena cierta tensión corporal que se experimenta como dolor o malestar. La atención se ve arrastrada a estas sensaciones, que suelen provocar interpretaciones negativas (como cada vez estoy peor, quizá sea una recaída, etc) que se añaden a los sentimientos de ansiedad y rechazo que potencian la tensión y el dolor, que refuerzan,  a su vez, más pensamientos negativos.

Cada persona tiene una capacidad de afrontar la situación que depende de muchos factores (experiencia vital, recursos, apoyos, etc.). Pero hay dos tipos de reacción habitual que no mejoran la situación: la rumiación y la evitación.

La rumiación o pensamiento excesivo (overthinking) se caracteriza por la incapacidad de soltar las preocupaciones y pensamientos reiterados sobre las experiencias dolorosas y los eventos catastróficos. La rumiación no se centra en el presente, sino que gira en torno al pasado, por ejemplo autoculpabilizandose por lo que no se hizo en su momento,  o se centra en un futuro incierto, recreándose en la preocupación y pensamientos catastróficos. Esta reacción supone caer en bucles de pensamiento repetitivo que no alivian a la persona, sino que suelen llevar a una espiral descendente del estado de ánimo, a la depresión o a aumentar la ansiedad.

La evitación es una reacción habitual ante la experiencia dolorosa, de intentar escapar de la misma. Se puede hacer de manera automática o consciente y consiste en tratar de no pensar en el asunto o evitar situaciones que recuerden la enfermedad o distraerse de las emociones negativas asociadas. Esta conducta es comprensible, pero no es eficaz, no alivia el malestar. Además es contraproducente cuando lleva a evitar a otros pacientes de cáncer, privándose de posibles fuentes de apoyo. Incluso puede llevar al aislamiento afectivo, evitando afrontar tema incluso en el círculo íntimo.

Estas dos reacciones necesitan ser reconocidas, y transformadas por una actitud mental más sana de aceptación, comprensión y confianza. La expresión emocional, el grupo de apoyo, la práctica de mindfulness, son herramientas valiosas y útiles en estas difíciles circunstancias vitales.

Para saber más:

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Psicología y espiritualidad

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En una encuesta de Gallup en 2005, se pregunto a los americanos sobre la importancia de la religión en sus vidas. El 55% tasaron la religión como muy importante, y el 28% como bastante importante. Solo el 16% dijeron que la religión no tenía importancia para ellos.  Además un 70% manifestó rezar todos los días.

Los investigadores Peterson y Seligman observaron que la espiritualidad es universal: aunque las formas varían, todas las culturas tienen el concepto de lo trascendente, sagrado o divino.

Si la creencia en lo trascendente es tan importante, resulta extraño que la investigación sobre el tema sea tan escasa hasta ahora. Una explicación es que el concepto de espiritualidad no encajaba en los moldes  de la investigación cientifíca, incluso es difícil delimitar el concepto.

Beneficios de la espiritualidad

 Se han investigado las consecuencias de tener creencias religiosas, y parece que una corriente creciente de la investigación psicológica sugiere que las personas religiosas son más felices, manejan mejor el estrés y se recuperan mejor de un trauma que las personas no religiosas. En una investigación, se concluyó que había dos motivos: las personas religiosas tienen mayor apoyo social y encuentran más sentido en situaciones de pérdida y trauma. Otro factor relacionado es el uso de la oración.

Hay estudios que demuestran que los practicantes de una religión sobreviven más tiempo y son más sanas en general. Entre los jóvenes ser religioso se asocia con un reducido consumo de tabaco, drogas y alcohol. Aunque no se sabe muy bien por qué, se supone que es más probable llevar una vida sana siendo religioso, pues los grupos religiosos fomentan estilos de vida más positivos y menos estresantes, al defender la moderación y la vida familiar armoniosa.

El hecho de que se manifiesten más felices y sobrelleven mejor las crisis se puede deber al apoyo social y a la sensación de identidad que proporciona la pertenencia a un grupo que comparte creencias religiosas además de valores sociales y políticos.

Además de eso existe la relación individual con Dios , que proporciona consuelo en los momentos difíciles, y autoestima, al sentirse un amado de forma incondicional. Es decir hay una sensación de seguridad, que otras personas no tienen.

Por otro lado, las personas religiosas tienen a encontrar sentido a los acontecimientos corrientes de la vida, así como a los traumáticos. La respuesta religiosa, que incluye rezar, replantearse el sentido de la vida y colaborar con la divinidad, puede ayudar a entender los acontecimientos dolorosos como parte de un plan divino,  a verlos como una oportunidad de crecimiento espiritual o quizá a descubrir modos mejores de manejar las cosas.

El encontrar sentido a la vida en general, nos hace fortalecer nuestra identidad y autoestima. El hecho de saber que uno tiene una finalidad trascendente da una base para justificar nuestras acciones y una sensación de control de nuestra vida.

También cabe señalar que la religiosidad  predispone a tener virtudes o  actitudes positivas relacionadas con la felicidad  como la esperanza, la gratitud, el altruísmo, el amor, la alegría, el perdón, etc.

Por último, ser religioso tiene efectos positivos en las relaciones. Ses relaciona con menos probabilidad de conflicto matrimonial y con los hijos.

Orientación religiosa y Estilos de afrontamiento

 Algunas investigaciones sugieren que los beneficios de la religión tienen más que ver con el modo de ser religioso que con el hecho en sí.

Gordon Allport hizo la distinción entre orientación religiosa extrínseca e intrínseca. Una persona orientada extrínsecamente busca la religión porque aporta seguridad y comodidad, y además puede estar motivada por la culpa o presiones externas como la familia o el ambiente social. Por contraste, una persona orientada intrínsecamente es motivada por la fe y por una búsqueda de significado en la vida. Alguna investigación sugiere que las personas de orientación intrínseca son más capaces de afrontar las situaciones estresantes, ya que tienden a encontrar significado en ellas.

Otros investigadores señalan cómo las diferencias en el estilo espiritual/religioso de resolver problemas puede afectar a la habilidad de afrontar la adversidad. Se han identificado cuatro estilos:

  • Estilo auto-afirmador: La persona confía sobre todo en sí misma para manejar cualquier problema, aunque puede creer en un poder superior.
  • Estilo postergador: la persona es más pasiva. Espera que Dios maneje la situación.
  • Estilo colaborativo: La persona se ve a sí misma trabajando conjuntamente con Dios para manejar el problema presente (A Dios rogando y con el mazo dando)
  • Estilo de rendición: la persona toma la decisión de renunciar aquellos aspectos de la situación que están más allá de su control.

El estilo colaborativo parece ser adecuado en muchas situaciones en las que el individuo tiende a sentirse con poder (con Dios de su lado) y motivado a hacer lo que puede para mejorar la situación. El estilo auto-afirmador también suele ser efectivo, pues la gente tiende a actuar mejor cuando se percibe que las situaciones son controlables.

Para situaciones incontrolables o extremas como la muerte de un ser querido o una enfermedad incurable, el estilo de rendición y el postergador son los más adaptativos. Cuando no se puede hacer nada en una situación, aceptar y rendirse aporta alivio

El lado oscuro de la religión.

 La historia de las religiones nos informa de las muchas guerras que se han producido en su nombre, del dolor y represión que han causado a los disidentes. Las instituciones religiosas han sido creadas por seres humanos imperfectos y usadas para fines seculares de poder, riqueza, etc.

También hay críticas a la religión, como la de Freud,  como provocadora de neurosis, con síntomas de culpa y represión de sexualidad.

Se dice que las personas religiosas son más cerradas y tienen más prejuicios. O que tienen creencias dogmáticas y poco realistas.

Creencias en el castigo divino y en el pecado original se asocian con peor salud física y mental, y baja autoestima.

Y está la cuestión del fundamentalismo religioso, que simplifica en exceso y dogmatiza la religión, llegando a la sumisión a un culto y hostilidad a los no creyentes.

Pero no  deben confundirnos estos aspectos negativos de la expresión religiosa, que no menoscaban  la dimensión espiritual del ser humano  o la conexión intima con el Ser o realidad más profunda.