Evitar los 4 jinetes en las relaciones

relacion

Según las observaciones del psicólogo e investigador de las relaciones John Gottman, habría  cuatro conductas destructivas  en las relaciones de pareja, que pronosticaban con gran acierto el deterioro y la ruptura, y que denomino los cuatro jinetes del apocalipsis. Serían la crítica excesiva, el desprecio, la actitud defensiva y el actitud distante.

Los Cuatro Jinetes

1.Crítica. Algunas formas de crítica son constructivas, pero en este caso crítica se refiere a hacer juicios negativos a la pareja o etiquetarla negativamente en términos absolutos. Un modo de incurrir en esta forma dañina de crítica es cuando uno usa términos como nunca o siempre, por ejemplo: Nunca piensas en nadie, solo en ti, o Siempre eres tan cabezota.

Nota que la crítica en si no es necesariamente una receta para el fracaso de la relación, -el problema es que la crítica excesiva a lo largo del tiempo, conduce al jinete destructivo.

Alternativa constructiva: No hay nada malo en expresar quejas y molestias en una relación, pero se trata de hacerlo de un modo que se centre en tus propios sentimientos (y como la conducta de tu pareja te afecta) – por ejemplo, expresándo algo como:  Me siento sola cuando llegas a casa tarde para cenar – y menciona la conducta negativa específica negativa en lugar de hacer expresiones de ataque contra la personalidad global del otro (p.e. Me siento descuidada cuando hace planes sin mi, en lugar de ¡Eres tan desconsiderado !).

2.Desprecio. Es una forma más destructiva de crítica que implica tratar a la pareja sin respeto, desagrado, condescencia o ridiculizando. Puede implicar sarcasmo, burla, desdén o insultos. El desprecio puede crecer con el tiempo cuando uno se enfoca en las cualidades que le desagradan de la pareja y las amplifica en su mente.

Alternativa constructiva: En lugar de contabilizar los fallos de la pareja, tener en cuenta sus cualidades positivas y las cosas que más aprecias de ella. De ello, puede ayudar escribir una lista de estas cualidades y volver a ellas cuando se necesita un recordatorio

3.Actitud Defensiva. Esta actitud tiene a surgir cuando la persona se siente atacada o criticada; implica poner excusas para evitar el tomar responsabilidad, o incluso desviando la culpa hacia la pareja. Si te oyes decir  No hice nada malo, o culpar a tu pareja por alguna cosa después de que ella ha lanzado una queja contra ti, pregúntate si este es el caso. Incluso si tu pareja comete errores, eso no le libra al otro de la responsabilidad de las cosas que podría haber hecho de modo diferente. El problema de la actitud defensiva es que comunica a la pareja que no se la está escuchando realmente o que que no se toman sus asuntos en serio. Y al introducir nuevas quejas, puede exacerbarse el conflicto al hacer que la pareja se sienta atacada.

Alternativa constructiva: Tómate tiempo para escuchar lo que tenga que decir tu pareja y asume la responsabilidad cuando sea apropiado.  Una disculpa sencilla y auténtica puede ayudar mucho.

4.Actitud distante o evasiva. Esta actitud implica poner un muro (metafórico) entre uno y la pareja, al retirarse, cerrar, y distanciarse física y emocionalmente de la pareja, Un ejemplo de esto es dar a la pareja un trato de silencio, o abruptamente marcharse sin decirle donde se va. La actitud distante aparece a veces cuando los tres primeros jinetes se han acumulado y se hace abrumadora la situación. Esta actitud es especialmente destructiva en las relaciones, ya que puede hacer que la pareja se sienta abandonada o rechazada.

Alternativa constructiva: Si necesitas un descanso para hacer unas respiraciones profundas y ordenar los pensamientos, hazlo saber a la pareja, y luego retoma la conversación cuando estés listo. De este modo, tu pareja comprenderá que estás cuidando de ti mismo, y no tratando de rechazarla

PRÁCTICA PROPUESTA

1.Después de leer las descripciones de los cuatro jinetes, considera si tu y/o tu pareja incurrís en alguna de estas conductas durante los conflictos.

2.Examinar las alternativas constructivas propuestas, que se pueden usar en lugar de los cuatro jinetes y considera cómo puedes poner en práctica estas conductas alternativas.

3. La próxima vez que te halles en un conflicto con tu pareja, haz un esfuerzo activo para evitar cada uno de los cuatro jinetes y desarrolla la conducta constructiva en su lugar. No seas muy duro contigo mism@ si no lo consigues – Es difícil estar centrado durante el calor de una discusión, y estos hábitos toman su tiempo para cambiarse.

4. Después de un conflicto, toma nota de cómo fueron las cosas. ¿Caíste tu -o tu pareja- en alguno de los cuatro jinetes, y si fue así, te diste cuenta y trataste de tomar una alternativa durante el conflicto? ¿Qué fue bien, y que podría mejorar la próxima vez?

5. Si te parece adecuado, podrías invitar a tu pareja a participar contigo en esta práctica.

La cantidad de tiempo a emplear en desarrollar una estrategia constructiva, dependerá de la naturaleza del conflicto. La frecuencia dependerá de cuan a menudo experimentas conflicto en la relación. Un objetivo inicial  podría ser usar una de estas estrategias positivas una vez al mes.

 

(Inspirado y traducido de la web Greater Good in Action   Avoiding the four horsemen )

Para saber más :

Siete Reglas De Oro Para Vivir En Pareja, de John Gottman. Ed. Debolsillo.

Resultado de imagen de gottman siete reglas de oro para vivir en pareja pdf

Anuncios

¿Sabemos dialogar?

dialogo

No siempre dialogamos de manera correcta. A veces es porque simplemente no queremos, en otras es porque nos cuesta hacerlo mejor o, incluso, en algunos casos es porque realmente no sabemos como hacerlo. A continuación les presentamos unas cuantas sugerencias que pueden ayudarnos  a mejorar las habilidades dialogantes.

  1. Para conversar es necesario que los interlocutores y las interlocutoras tengan la voluntad de contribuir al entendimiento y a la solución de los problemas que se tratan.
  1. Para conversar es necesario que los interlocutores e interlocutoras se quieran entender y no se enreden.
  1. Para conversar es necesario que los interlocutores e interlocutoras respeten la verdad y no digan mentiras.
  1. Para conversar es necesario que los interlocutores e interlocutoras se respeten mutuamente y no sean ni agresivos ni dogmáticos.
  1. Para conversar es necesario mirar a los ojos a los interlocutores e interlocutoras cuando hablan y prestarles atención.
  1. Para conversar se ha de estar dispuesto a escuchar los puntos de vista y las razones de las otras personas hasta llegar a entenderlos.
  1. Para conversar se ha de estar dispuesto a expresar correctamente los propios puntos de vista.
  1. Para conversar se ha de estar dispuesto a pensar las razones que nos presenten nuestros interlocutores e interlocutoras.
  1. Para conversar se ha de estar dispuesto a modificar nuestros propios puntos de vista si es necesario.
  1. Para conversar se ha de estar dispuesto a buscar alternativas aceptables para todos los interlocutores e interlocutoras, adoptarlas y llevarlas a la práctica.

Premisas

  •  Para dialogar es fundamental saber escuchar.
  •  En un buen diálogo la mentira no tiene cabida.
  •  El tema del que estamos hablando no lo podemos olvidar.
  •  Si no escucho a mis compañeros no sabré que me dicen.

LA ENSEÑANZA DE LOS GANSOS

geese

Este otoño, cuando veas los gansos dirigiéndose hacia el sur, fíjate que vuelan formando una “V”, tal vez te interese saber lo que la ciencia ha descubierto acerca del porqué vuelan en esa forma.

Se ha comprobado que cuando el ave bate sus alas, produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de él. Volando en “V”, la bandada completa aumenta por lo menos un 71 por ciento su poder de vuelo.

Las personas que comparten una dirección común y tienen sentido de comunidad, pueden llegar a donde deseen más fácil y rápidamente, porque van apoyándose entre ellos. Cada vez que un ganso sale de la formación siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo solo y rápidamente regresa a su formación para beneficiarse del poder del compañero que va adelante.

Si nosotros tuviéramos la inteligencia de un ganso, nos mantendríamos con aquellos que se dirigen en nuestra misma dirección.

Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso toma su lugar. Obtendremos mejores resultados si tomamos turnos, haciendo los trabajos difíciles.

Los gansos que van detrás, graznan para alentar a los que van delante y mantener la velocidad.  Una palabra de aliento produce grandes beneficios.

Finalmente, cuando un ganso se enferma o cae herido por un disparo, otros dos gansos se salen de la formación y lo siguen para ayudarlo y protegerlo, se quedan acompañándolo hasta que muere y sólo entonces vuelven a su bandada o se unen a otro grupo.

Si nosotros tuviéramos la inteligencia de un ganso nos mantendríamos uno al lado del otro, apoyándonos y acompañándonos.

 “Volemos en “v” y alcanzaremos el éxito.”

(Anónimo)

Práctica de identidad compartida

share

En nuestras relaciones muchas veces tendemos a fijarnos en lo que nos diferencia o separa, lo que fomenta la distancia, el aislamiento o el odio. Para ser más realistas, necesitamos concienciar lo que compartirmos, o nos une a otro ser humano. Sugerimos la siguiente práctica:

TIEMPO REQUERIDO: Tómate 10 minutos para seguir los pasos indicados abajo. Repite estos pasos con otra persona diferente al menos una vez por semana.

  1. Piensa en una persona en tu vida que parece ser completamente diferente a tí en todos los aspectos que puedas imaginar. Puede ser que tenga diferentes intereses, diferentes creencias políticas o religiosas, o diferentes experiencias. Puede ser incluso alguien con quien tengas un conflicto personal, o que pertenece a un grupo que esta en conflicto con un grupo al que tu perteneces.
  2. Siguiente paso: haz una lista de todas las cosas que tienes en común con esta persona. Quizá ambos trabajáis para la misma empresa o váis a la misma escuela. Puede ser que ambos tengáis hijos. O probablemente ambos hayáis perdido a un ser querido o hayáis tenido una ruptura en algún momento. En un nivel más amplio, ambos pertenecéis a la especie humana, lo que significa que compartís el 99,9% del DNA.
  3. Revisa este lista de cosas en común. ¿Te dan una nueva visión de esta persona? En lugar de ver a esta persona como alguien extraño, o como miembro de un grupo ajeno, trata de ver ahora a esta persona como un individuo, alguien cuyos gustos y experiencias pueden coincidir con los tuyos de diversos modos.
  4. Repite este ejercicio cuando encuentres a alguien que inicialmente parezca muy diferente a ti, con alguien que tengas un conflicto, o con quien te haga sentir incómodo.

 

Fuente original:   Greater Good in Action

¿Dónde están las monedas? (un cuento)

padres

 El cuento de nuestros Padres
“Hay otra razón poderosa que puede empujarnos a iniciar la tarea de restaurar el amor hacia nuestros padres: sólo logramos amarnos a nosotros mismos cuando los amamos y honramos a ellos. En lo más profundo de cada uno de nosotros, por muy graves que sean las heridas, los hijos seguimos siendo leales a nuestros padres, e inevitablemente los tomamos como modelos y los interiorizamos. De algún modo conectamos con una fuerza que nos hace ser como ellos. Por eso, cuando somos capaces de amarlos, honrarlos, dignificarlos y respetarlos, podemos hacer lo mismo con nosotros mismos y ser libres”           (Joan Garriga

En una noche cualquiera, una persona, de la que no sabemos si es un hombre o una mujer, tuvo un sueño.Es un sueño que todos tenemos alguna vez. Esta persona soñó que en sus manos recibía unas cuantas monedas de sus padres. No sabemos si eran muchas o pocas, si eran miles, cientos, una docena o aún menos. Tampoco sabemos de qué metal estaban hechas, si eran de oro, plata, bronce, hierro o quizá de barro.
Mientras soñaba que sus padres le entregaban estas monedas, sintió espontáneamente una sensación de calor en su pecho. Quedó invadida por un alborozo sereno y alegre. Estaba contenta, se llenó de ternura y durmió plácidamente el resto de la noche.
Cuando despertó a la mañana siguiente, la sensación de placidez y satisfacción persistía. Entonces, decidió caminar hacia la casa de sus padres. Y, cuando llegó, mirándolos a los ojos, les dijo:

— «Esta noche habéis venido en sueños y me habéis dado unas cuantas monedas en mis manos. No recuerdo si eran muchas o pocas. Tampoco sé de qué metal estaban hechas, si eran monedas de un metal precioso o no. Pero no importa, porque me siento plena y contenta. Y vengo a deciros gracias, son suficientes, son las monedas que necesito y las que merezco. Así que las tomo con gusto porque vienen de vosotros. Con ellas seré capaz de recorrer mi propio camino.»

Al oír esto, los padres, que como todos los padres se engrandecen a través del reconocimiento de sus hijos, se sintieron aún más grandes y generosos. En su interior sintieron que aún podían seguir dando a su hijo, porque la capacidad de recibir amplifica la grandeza y el deseo de dar.

Así, dijeron: — Ya que eres tan buen hijo puedes quedarte con todas las monedas, puesto que te pertenecen. Puedes gastarlas como quieras y no es necesario que nos las devuelvas. Son tu legado, único y personal. Son para ti.
Entonces este hijo se sintió también grande y pleno. Se percibió completo y rico y pudo dejar en paz la casa de sus padres. A medida que se alejaba, sus pies se apoyaban firmes sobre la tierra y andaba con fuerza. Su cuerpo también estaba bien asentado en la tierra y ante sus ojos se abría un camino claro y un horizonte esperanzador.
Mientras recorría el camino de la vida, encontró distintas personas con las que caminaba lado a lado. Se acompañaban durante un trecho, a veces más largo o más corto, otras veces estaban con él durante toda la vida. Eran sus socios, sus amigos, parejas, vecinos, compañeros, colaboradores e incluso sus adversarios. En general, el camino resultaba sereno, gozoso, en sintonía con su espíritu y su naturaleza personal. Tampoco estaba exento de los pesares naturales que la vida impone. Era el camino de su vida.
De vez en cuando esta persona volvía la vista atrás hacia sus padres y recordaba con gratitud las monedas recibidas. Y cuando observaba el transcurso de su vida, miraba a sus hijos o recordaba todo lo conseguido en el ámbito personal, familiar, profesional, social o espiritual, aparecía la imagen de sus padres y se daba cuenta de que todo aquello había sido posible gracias a lo recibido de ellos y que con su éxito y logros les honraba. Se decía a sí mismo: «No hay mejor fertilizante que los propios orígenes», y entonces su pecho volvía a llenarse con la misma sensación expansiva que le había embargado la noche que soñó que recibía las monedas.Sin embargo, en otra noche cualquiera, otra persona tuvo el mismo sueño, ya que tarde o temprano todos llegamos a tener este sueño.
Venían sus padres y en sus manos le entregaban unas cuantas monedas. En este caso tampoco sabemos si eran muchas o pocas, si eran miles, unos cientos, una docena o aún menos. No sabemos de qué metal estaban hechas, si de oro, plata, bronce, hierro o quizás de barro…
Al soñar que recibía en sus manos las monedas de sus padres sintió espontáneamente un pellizco de incomodidad. La persona quedó invadida por una agria inquietud, por una sensación de tormento en el pecho y un lacerante malestar. Durmió llena de agitación lo que quedaba de la noche mientras se revolvía encrespada entre las sábanas.
Al despertar, aún agitada, sentía un fastidio que parecía enfado y enojo, pero que también tenía algo de queja y resentimiento. Quizá lo que más reinaba en ella era la confusión y su cara era el rostro del sufrimiento y de la disconformidad. Llena de furia y con un ligero tinte de vergüenza, decidió caminar hacia la casa de sus padres.
Al llegar allí, mirándolos de soslayo les dijo:

– «Esta noche habéis venido en sueño y me habéis dado unas cuantas monedas. No sé si eran muchas o pocas. Tampoco sé de qué material estaban hechas, si eran de un metal precioso o no. No importa, porque me siento vacía, lastimada y herida. Vengo a decirles que vuestras monedas no son buenas ni suficientes. No son las monedas que necesito ni son las que merezco ni las que me corresponden. Así que no las quiero y no las tomo, aunque procedan de ustedes y me lleguen a través vuestro. Con ellas mi camino sería demasiado pesado o demasiado triste de recorrer y no lograría ir lejos. Andaré sin vuestras monedas.»

Y los padres que, como todos los padres, empequeñecen y sufren cuando no tienen el reconocimiento de sus hijos, aún se hicieron más pequeños. Se retiraron, disminuidos y tristes, al interior de la casa. Con desazón y congoja comprendieron que todavía podían dar menos a este hijo porque ante la dificultad para tomar y recibir, la grandeza y el deseo de dar se hacen pequeñas y languidecen. Guardaron silencio, confiando en que, con el paso del tiempo y la sabiduría que trae consigo la vida, quizá se pudieran llegar a enderezar los rumbos fallidos del hijo.
Es extraño lo que ocurrió a continuación. Después de haber pronunciado estas palabras ante los padres en respuesta a su sueño, este hijo se sintió impetuosamente fuerte, más fuerte que nunca. Se trataba de una fuerza extraordinaria. Se había encarnado en él la fuerza feroz, empecinada y hercúlea que surge de la oposición a los hechos y a las personas. No era una fuerza genuina y auténtica como la que resulta del asentimiento a los hechos y que está en consonancia con los avatares de la vida, pero la fuerza era intensa.
Sin ninguna serenidad interior, aquella persona abandonó la casa de los padres diciéndose a sí misma:
– Nunca más.

Impetuosamente fuerte, pero también vacía, huérfana y necesitada, aún queriéndolo y deseándolo, no lograba alcanzar la paz.
A medida que la persona se alejaba de la casa de sus padres sentía que sus pies se elevaban unos centímetros por encima de la tierra y que su cuerpo, un tanto flotante, no podía caerse por su propio peso real. Pero lo más relevante ocurría en sus ojos: los abría de una manera tan particular que parecía que miraba siempre lo mismo, un horizonte fijo y estático.
La persona desarrolló una sensibilidad especial. Así, cuando encontraba a alguien a lo largo de su camino, sobre todo si era del sexo opuesto, esta sensibilidad le hacía contemplarlo con una enorme esperanza, la que, sin darse cuenta le llevaba a preguntarse:

– ¿Será esta persona la que tiene la monedas que merezco, necesito y me corresponden, las monedas que no tomé de mis padres porque no supieron dármelas de la manera justa y conveniente? ¿Será esta la persona que tiene aquello que merezco?

Si la respuesta que se daba a si misma era afirmativa, resultaba fantástico. A esto, algunos lo denominan enamoramiento. En esos momentos sentía que todo era maravilloso. No obstante, cuando el enamoramiento acababa convirtiéndose en una relación y la relación duraba lo suficiente, la persona generalmente descubría que el otro no tenía lo que le faltaba, aquellas monedas que no había tomado de sus padres.

– ¡Qué pena!, se decía y se quejaba amargamente de su mala suerte, culpando al destino de ello.

A esto lo llaman desengaño y esta persona se sentía sometida a un tormento emocional que tomaba la forma de desesperación, desazón, crisis, turbulencia, enfado, frustración…
Por suerte, o no, en este momento podía estar esperando a un hijo y la desazón se volvía más dulce y esperanzadora, más atemperada. Entonces la pregunta volvía a su inconsciente:

– «¿Será este hijo que espero, tan bienamado, quien tiene las monedas que merezco, que necesito y que me corresponden y que no tomé de mis padres porque no supieron dármelas de la manera justa y conveniente? ¿Será este ser el que tiene aquello que merezco?»

Cuando se contestaba de nuevo que sí, era maravilloso, formidable y empezaba a sentir un vínculo especial con ese hijo, un vínculo asombroso, muy estrecho, lleno de expectativas y anhelos.
Pero si pasa el tiempo suficiente la mayoría de los hijos desean tener una vida propia y saben que tienen propósitos de vida propios e independientes de sus padres. Entonces, aunque aman a sus padres y desean hacer lo mejor para ellos, la presión de tener vida propia resulta exigente, imperiosa y tan arrolladora como la sexualidad.
Así es como, de nuevo, esta persona comprende un día que tampoco su hijo tiene las monedas que necesita, merece y le corresponden. Sintiéndose más vacía, huérfana y desorientada que nunca entra en crisis y desesperación. Enferma. Ahora tiene entre 40 y 50 años, la fase media de la vida. Ahora ningún argumento la sostiene ya, ninguna razón la calma. Es su “cata-crac” y grita:
– ¡A Y U D A!
¡Hay tanta urgencia en su tono de voz! ¡Su rostro está tan desencajado! Nada la calma, nada puede sostenerla.
Y… ¿qué hace? Va al terapeuta.
El terapeuta la recibe pronto, la mira profunda y pausadamente y le dice:
– Yo no tengo las monedas.
Hay dos clases de terapeutas: los que piensan que tienen las monedas y los que saben que no las tienen.
El terapeuta ha visto en sus ojos que sigue buscando las monedas en el lugar equivocado y que le encantaría equivocarse de nuevo. El terapeuta sabe que las personas quieren cambiar, pero les cuesta dar su brazo a torcer, no tanto por dignidad sino por tozudez y costumbre.
Él piensa: “Amo y respeto mejor a mis pacientes cuando puedo hacerlo con sus padres y con su realidad tal como es. Los ayudo cuando soy amigo de las monedas que les tocan, sean las que sean.”
El terapeuta añade: “Yo no tengo las monedas pero sé dónde están y podemos trabajar juntos para que también tú descubras dónde están, cómo ir hacia ellas y tomarlas.”
Entonces el terapeuta trabaja con la persona y le enseña que durante muchos años ha tenido un problema de visión, un problema óptico, un problema de perspectiva. Ha tenido dificultades para ver claramente. Sólo se trata de eso.
El terapeuta le ayuda a reenfocar y a modular su mirada, a percibir la realidad de otra manera, desde una perspectiva más clara, más centrada y más abierta a los propósitos de la vida. Una manera menos dependiente de los deseos personales del pequeño yo que trata de gobernarnos.
Un día, mientras espera a su paciente, el terapeuta piensa que está listo y que debe decirle, por fin y claramente, dónde están las monedas. Y este mismo día, como por arte de birlibirloque, llega el paciente. Tiene otro color de piel, las facciones de su rostro se han suavizado y comparte su descubrimiento:

– Sé dónde están las monedas. Siguen con mis padres.

Primero solloza, luego llora abiertamente. Después surge el alivio, la paz y la sensación de calor en el pecho. ¡Por fin!
Durante el trabajo terapéutico ha atravesado las purulencias de sus heridas, ha madurado en su proceso emocional y ha reenfocado su visión. Ahora se dirige de nuevo, como lo hizo hace tantos años atrás a la casa de sus padres.
Los mira a los ojos y les dice:

– «Vengo a deciros que estos últimos diez, veinte o treinta años de mi vida he tenido un problema de visión, un asunto óptico. No veía claramente y lo siento. Ahora puedo ver y vengo a deciros que aquellas monedas que recibí de vosotros en sueños son las mejores monedas posibles para mi. Son suficientes y son las monedas que me corresponden. Son las monedas que merezco y las adecuadas para que pueda seguir. Vengo a daros las gracias. Las tomo con gusto porque vienen de vosotros y con ellas puedo seguir andando mi propio camino.»

Ahora los padres, que como todos los padres se engrandecen a través del reconocimiento de sus hijos, vuelven a florecer y el amor y la generosidad fluyen de nuevo con facilidad. Así el hijo ahora es plenamente hijo, porque puede tomar y recibir.
Los padres le miran sonrientes, con ternura y contestan:

– «Ya que eres tan buen hijo puedes quedarte con todas las monedas, puesto que te pertenecen. Puedes gastarlas como quieras y no es necesario que nos las devuelvas. Son tu legado, único, propio y personal, para ti. Puedes tener una vida plena.»

Ahora este hijo se siente grande y pleno. Se percibe completo y rico y puede, por fin, dejar la casa de los padres con paz. A medida que se aleja siente sus pies firmes pisando el suelo con fuerza, su cuerpo también está asentado en la tierra y sus ojos miran hacia un camino claro y un horizonte esperanzador.
Resulta extraño: ha perdido esa fuerza impetuosa que se nutría del resentimiento, del victimismo o del exceso de conformidad. Ahora tiene una fuerza simple y tranquila, una fuerza natural.
Recorriendo el camino de su vida encontraba con frecuencia otras personas con las que caminaba lado a lado como acompañantes durante un trecho, a veces largo, a veces corto, a veces durante toda la vida. Socios, amigos, parejas, vecinos, compañeros, colaboradores, incluso adversarios. En general se trataba de un camino sereno, gozoso, en sintonía con su espíritu y con su naturaleza personal. Tampoco estaba exento de los pesares naturales que la vida impone. Era el camino de su vida.Un día se acercó a la persona de la que se enamoró pensando que tenía las monedas y también le dijo:

– «Durante mucho tiempo he tenido un problema de visión y ahora que veo claro te digo: Lo siento, fue demasiado lo que esperé. Fueron demasiadas expectativas y sé que esto fue una carga demasiado grande para ti y ahora lo asumo. Me doy cuenta y te libero. Así el amor que nos tuvimos puede seguir fluyendo. Gracias. Ahora tengo mis propias monedas.»

Otro día va a sus hijos y les dice:
– «Podéis tomar todas las monedas de mi, porque yo soy una persona rica y completa ahora que he tomado las mías de mis padres.» Entonces los hijos se tranquilizan y se hacen pequeños respecto a él y están libres para seguir su propio camino tomando sus propias monedas.

Al final de su largo camino se sienta y mira aún más allá. Hace un repaso de la vida vivida, de lo amado y de lo sufrido, de lo construido y de lo maltrecho. A todo y a todos logra darles un buen lugar en su alma. Los acoge con dulzura y piensa:
– «Todo tiene su momento en el vivir: el momento de llegar, el momento de permanecer y el momento de partir. Una mitad de la vida es para subir la montaña y gritar a los cuatro viento: ‘Existo’.
Y la otra mitad es para el descenso hacia la luminosa nada, donde todo es desprenderse, alegrarse y celebrar.
La vida tiene sus asuntos y sus ritmos sin dejar de ser el sueño que soñamos»

“Tomar las monedas de nuestros Padres no es un acto ideológico, algo que uno pueda decidir que ocurra. Es el resultado de un profundo proceso emocional, de un proceso corporal y de una actitud.
Este proceso exige mucho del cuerpo y de los sentimientos. Obliga a visitar y bucear en este cuerpo histórico donde se alojan los buenos sentimientos y también aquellos que llegan a ser amenazantes para nosotros, hasta lograr hacerles espacio, permitir que circulen, que se libere el dolor, que se reaprendan recursos y que el cuerpo recupere su confianza, su gracia y su vitalidad natural.
A este cuerpo que vivió tanto, que soportó traumas, heridas y miedos podemos agradecerle su fortaleza y acariciarlo lo suficiente para que palpite de nuevo con la fuerza de la vida y pueda volver a exponerse a tener una relación feliz con los demás”


(Autor Joan Garriga -del libro ¿Dónde están las monedas? El vínculo logrado entre hijos y Padres-  Ed. Rigden-Institut Gestalt)

En busca de la armonía en la pareja

radha

Partiendo de la base de que no existe la pareja perfecta ni una media naranja nuestra perdida por el mundo, creemos que puede haber muchas personas con las que podemos entendernos como pareja. Es importante tener en cuenta que no existen parejas clónicas que piensen igual en todo. La armonía de una pareja a largo plazo, o su compatibilidad, depende más bien de la capacidad de los dos de solucionar problemas y resolver conflictos. Cuánto más sepan de esto las dos personas, mejor va a ser la pareja que formen.

Esto quiere decir que con algunas personas nos será más fácil que con otras consensuar y llegar a acuerdos. Quizás habría que hablar más bien de similitudes y complementariedades. Se ha demostrado que es más prometedor ser más similar a la pareja que complementario. La cualidad de complementario proporciona chispa e interés, pero las similitudes deberían superar el 60 por ciento de los valores y las características de personalidad

Podemos sentirnos atraídos hacia alguien por una gran variedad de razones. Puede ser que la persona nos recuerde a alguien del pasado, o que se muestre muy generosa haciéndonos sentir especiales, o nos aporte solaz después de una ruptura o nos atraiga sexualmente. Es importante saber distinguir entre los factores que son importantes a corto plazo y los que son importantes a largo.
A la hora de formar pareja, todos queremos más o menos lo mismo: que ésta sea gratificante para los dos y que nos compense más que estar solos. Deseamos una pareja que disfrute de una verdadera conexión. Algunos lo logran de un modo inconsciente, pero la mayoría necesita tener en cuenta estos recordatorios de un modo consciente:

1. La elección del compañero debería ser similar a la de un amigo: su carácter, personalidad, valores, generosidad de espíritu, coherencia entre lo que dice y lo que hace y su relación con otras personas.

2. Habría que conocer las creencias del compañero sobre las relaciones. Hay muchas maneras de enfocar las relaciones de pareja. En los tiempos que vivimos, habría que considerar nuevas fórmulas como la de “amigos con derecho a roce”, que por su frecuencia entre solteros y nuevos solteros habría que tener en cuenta. Esta fórmula no es equivalente a una relación comprometida y exclusiva, aunque sí que implica relaciones sexuales y amistad.

3. No habría que confundir atracción sexual con amor. Parece obvio, pero al principio de la relación puede darse esta confusión.

4. Dejar atrás el pasado. Con esto decimos resentimientos, heridas y miedos que pueden derivarse de un modelo familiar o de una anterior relación. No hacer bandera de las heridas ni hacer cargar con ellas a la nueva relación. Por ejemplo, no elegir lo opuesto ni demasiado similar a alguien que nos hirió. Las dos opciones implican no haber dejado atrás el pasado y dejar que influya en la decisión del presente.

5. Identificar los propios patrones de conducta en una relación. Aceptar que si una relación anterior no funcionó, tenemos el 50 por ciento de responsabilidad. Saber en qué nos equivocamos para no repetirlo en una nueva relación. Ser consciente de las propias ideas sobre las relaciones.

6. Percatarnos de nuestras necesidades y darlas a conocer a la pareja. A veces, el temor nos impide manifestar al otro lo que necesitamos. Esto suele evolucionar hacia la decepción y la rabia hacia la pareja porque ella no nos da lo que queremos ya que no se lo hemos hecho saber. No es posible obtener intimidad y complicidad sin honestidad. Y la pareja no es un adivino. Éste es un punto muy importante porque las necesidades a corto y a largo plazo que tenemos son el criterio más básico para elegir a una persona como compañero. Elegir pensando solamente en las necesidades a corto plazo hará que la pareja no perdure en el tiempo. Las necesidades a corto plazo son aquello que nos hace falta ahora, y las necesidades a largo plazo son aquellas que siempre tendremos.

7. Tener capacidad potencial para formar equipo. Esto quiere decir dos individuos que aportan perspectivas y activos diferentes. Para algunos expertos en relaciones de pareja  el valor de un equipo lo conforman las diferencias.

8. Establecer límites. En una relación de pareja, los límites crean autoestima y respeto por parte del otro. Establecer límites implica no permitir ciertas situaciones inadmisibles aun a costa de perder la relación. Si éstos se desvanecen, hasta el mejor de los compañeros puede actuar sin querer de modo desconsiderado. Por ejemplo, una pareja con buena base es aquella que se construye con el principio de la equidad y equilibrio de poder. Cuando una persona cede ante pequeños “abusos”, como por ejemplo que el otro no llame cuando se compromete a hacerlo, que la desdeñe ante los demás, que el otro coquetee ostensiblemente con otras personas o que actúe con desconsideración, la balanza de poder se desequilibra. Si no se reacciona ante eso, se crean precedentes que repercutirán por fuerza en la relación a largo plazo. Detectar a tiempo que se ha traspasado los límites ayuda a reconocer a una pareja que no conviene. El compañero no deseable suele traspasar los límites en un estadio muy temprano de la relación. Con esta conducta se puede detectar a tiempo al compañero erróneo.

9. Tener definida nuestra pareja ideal. Para definir la verdadera pareja ideal y el compañero que conviene, habría que preguntarse no lo que se desea sino lo que se necesita. ¿Qué es aquello de lo que no podemos prescindir en una relación? ¿Qué necesitamos de una pareja en el día a día? ¿Qué necesitamos para crecer como personas? Es importante no confundir estas respuestas con nuestras fantasías. Hablamos de qué necesitamos, no del príncipe o de la princesa de nuestros sueños. Una vez que tenemos clara la relación que queremos tener, hay que evaluar si la persona que amamos es capaz de crearla conjuntamente con nosotros.

10. Ser felices aun estando solos. Por último, antes de crear una “pareja ideal” es conveniente vivir el tipo de vida que queremos vivir. Tener claro dónde queremos vivir, el tipo de trabajo que nos gusta realizar, las aficiones que queremos tener y disfrutar de los afectos que nos gratifican y nos enriquecen personalmente. Una vez que somos felices en nuestra propia vida ahora mismo y nos preparamos para un futuro igual de feliz, a la vuelta de la esquina podremos encontrar al compañero afín. Y si no lo encontramos, seguiremos siendo felices.

Artículo de Isabel Larraburu

http://www.isabel-larraburu.com/articulos/pareja/120-elegir-pareja-.html?lang=

Vivir en pareja

parejas

La vida en pareja es un reto importante. Tiene sus responsabilidades y sus recompensas. La coach Claire  Zammit  señala las actitudes  y creencias para fomentar la convivencia sana en pareja en los siguientes puntos:

  • Elegir la pareja adecuada es una de las claves más importantes para tener éxito en el amor. Encuentra una pareja que comparte tus valores y tu visión de la vida, y con la que puedas ser tu mism@ completamente.
  • No hay nada que necesites hacer o conseguir para ser dign@ de ser amad@. Tu sola existencia es suficiente.
  • No te sobra ni te falta nada para tener una pareja. Eres justo lo adecuado para la persona con la cual compartas. Siempre hay alguien perfecto para cada un@.
  • Incluso las almas gemelas tienen modos diferentes de orientarse y de ver el mundo… y las diferencias pueden ser una oportunidad profunda de aprender y expandirse.
  • Una gran relación sirve de apoyo para desarrollarse en todas las áreas de la vida. No hay por qué elegir entre tener un amor o tener una gran carrera.
  • El enfoque necesario para tener éxito en el mundo es a menudo diferente de la cualidad de atención que nutre tu relación en casa. A veces tener una comida con tu pareja y escucharla profundamente es más importante que maximizar tu próxima gran oportunidad profesional.
  • La verdadera relación de pareja trasciende la negociación de necesidades. Mejor que hacer turnos para hacer las cosas al modo de cada uno, se puede estar juntos para descubrir que es lo mejor para la relación. Así ambos miembros  se convierten en un nosotros en lugar de ser dos yoes cohabitando.
  • No hay límite en la profundidad en la puedes llegar en el viaje a la intimidad. La relación con tu pareja puede ser siempre nueva y siempre en desarrollo.
  • No dejes que mate tu intimidad el uso de las tecnologías y redes sociales.
  • Todo en la vida es mejor y más dulce, cuando se comparte

(traducido e inspirado en textos de Claire Zammit)