Sobre el silencio

Lo primero necesario para una vida más humana … es redescubrir el valor, o mejor, la centralidad del Silencio. «Al principio ya existía la Palabra», nos dicen muchas culturas africanas, asiáticas y europeas. Pero ninguna de ellas, que yo sepa, afirma que la Palabra sea el Principio. El Principio es el Silencio, el Vacío, el No-ser, el Abismo, la Oscuridad, o tantos otros símbolos de muchas otras tradiciones.

No es necesario decir que me refiero al Silencio del que surge al Principio la Palabra. La palabra no es el silencio, tampoco es la interpretación del silencio. La palabra tiene su autonomía; pero la palabra auténtica surge del silencio , precisamente «rompiéndolo», yendo más allá, superándolo —lo cual en el lenguaje tradicional se expresa diciendo que la Palabra es el Sacrificio del Silencio— . El Silencio no habla, no dice nada, pero deja decir, hace decir —inspira la palabra, porque mora en ella—. El Silencio no interpreta, pero, cuando somos conscientes de él, nos invita a interpretarlo. Y este es un punto basilar y difícil, mejor dicho, imposible de explicar, porque el Silencio es simple (simplex), no puede explicarse, y los pliegues son de por sí sonoros y, además, pueden ser muchos. El Silencio es Libertad, precisamente porque no-es, no es todavía nada y (por lo tanto) puede serlo todo.

Más explícitamente, quien no vive el Silencio, quien no ha tenido experiencia de él, quien no lo ha surcado existencialmente, no puede ser tolerante; será rígido y, por lo tanto, se sentirá infeliz si las cosas no van como «hubiera querido» o como «piensa» que deberían ir. Lo cual significa que la experiencia del Silencio forma parte de la base de la libertad, del pluralismo, de la tolerancia y de la felicidad. Quien vive el Silencio sabe que las cosas pueden decirse, hacerse y pensarse de muchas maneras. El Silencio no ejerce violencia en las cosas, las pone en su sitio, situs —término con el que está emparentado etimológicamente (σιγή, sigē)—.

Cuando casi todas las tradiciones recomiendan el Silencio, no nos están dando un consejo moral para que no hagamos mucho ruido y continuemos siendo humildes y no molestemos a los demás. Nos están diciendo algo más. Nos invitan a encontrarnos a nosotros mismos, para que intentemos descubrir el Silencio originario del que procedemos. La última línea de la carta de Platón (la XIII, a Dionisio, tirano de Siracusa) acaba con tres palabras: καὶ αὐτὸϚ ἴσθι (kai autos isthi, ¡y sé siempre tú mismo!).

El «noble silencio» es la virtud fundamental del monje, dice Buddha. «El monje o habla a Dios o habla de Dios», dice un aforismo cristiano —¡un Dios, sin embargo, que está en todas partes!— , «también entre los pucheros» (santa Teresa de Jesús). «El sabio es silencioso», afirma el taoísmo. El perfecto, el muni, no habla, proclama el jainismo. «Las palabras del sabio se oyen mejor en silencio (en la tranquilidad)», dice el Eclesiastés [Cohélet] (cf. Ecl 9,17), y cuando el viejo Darwin debe dar su parecer sobre un joven candidato, tras el coloquio académico de rigor, exclama: «¡Cómo queréis que dé mi opinión, si desde que ha venido a verme no ha hecho más que hablar!».

El silencio no es el resultado de la represión de la palabra; no se trata de silenciar las preguntas que nos preocupan. El Silencio es anterior, originario y originante; no es el resultado de nada. Originante de todo lo que surgirá espontáneamente de nosotros si el corazón es puro y la mente está limpia y libre de prejuicios. «Cuando vayáis a dar testimonio de mí no os preocupéis primero por lo que debáis decir —afirma la Escritura cristiana—, en caso contrario frenaríais al Espíritu» (cf. Mt 10,18-19). Todo esto practican, o a ello aspiran, los monjes. El arquetipo es este, pero no reside ahí su última palabra, como afirma el Dhammapada: «No por guardar silencio se hace uno sabio…».

Cuanto sigue no es un vademécum de espiritualidad contemporánea. Esta nueva espiritualidad (dudo si es la palabra adecuada) debemos construirla juntos, viviéndola.

Vivir el silencio en una sociedad ruidosa y agitada no es un arte fácil, pero probablemente comienza con una simplificación de la vida. Y probablemente es más necesario tener la experiencia del silencio que hablar demasiado de él. Allí donde «todo devenir calla», «queda inmóvil» (jedes Werden stand still), como afirma Rilke en uno de los primeros versos de su Das Buch vom mönschischen Leben (El libro de la vida monástica), con ecos lejanos de una Upaniṣad, que dice: «allí donde toda palabra retrocede».

De Raimon Panikar, Elogio de la sencillez

La  Manzana  que  quería  ser  Estrella (un cuento)

 

applesliced

Había una vez una manzana que siempre había querido ser  Estrella. Nunca quiso ser manzana. Se pasaba las horas pensando, ilusionada, cómo sería vivir una vida brillante desde el cielo.

Un buen día, viendo a las aves ascender hacia lo alto, la manzana les preguntó: – ¿dónde duermen las estrellas?.

Las aves sonriendo, dijeron : -No, querida manzana, las estrellas están en el cielo día y noche, siempre llenas de luz, pero de día el Sol no nos permite divisarlas.

A nuestra protagonista se le avivaron los deseos de ser una Estrella, allá en el alto cielo, cargada de luz inagotable.

Otro día la manzana preguntó al viento :- dime viento, ¿las estrellas están fijas o se desplazan recorriendo el firmamento?.

-Las estrellas recorren todo el firmamento a una velocidad de vértigo, contestó el viento.

Una vez más se avivó el anhelo de convertirse en Estrella. La manzana poco a poco maduraba pero era incapaz de sonreír, no aceptaba su destino y no era feliz.

Un día una familia se refugió bajo las ramas del gran manzano, buscando su sombra protectora. Felices contemplaron las apetitosas frutas, el padre con cuidado agitó el tronco y cayeron varias manzanas, las más maduras. La niña cogió la más hermosa, la observo, la olió y la frotó con su vestido dejándola muy brillante. Luego le pidió la navaja a su padre y sin saber por qué pero con mucho cuidado, la corto de forma transversal, en horizontal ; la pequeña quedó asombrada al ver la Estrella que apareció en el Corazón de la manzana, ¡mirad qué maravilla, aquí hay una Estrella! gritó la niña demandando la atención de toda la familia.

La manzana había vivido sin darse cuenta de que dentro de sí guardaba lo que tanto ansiaba, sólo que para mostrar su Estrella tenía que abrirse y  brindarse a los demás.

¡Tantas veces buscamos fuera lo que llevamos dentro!

Soneto del caminante

monk

No despiertes jamás para vivir tu sueño

porque el sueño es un viaje más allá del olvido.

Tu pie siempre es más firme después de haber caído.

Sólo es grande en la vida quien sabe ser pequeño.

El amor llega y pasa como un dolor risueño,

como una rama seca donde retoña un nido.

Sólo tiene algo suyo quien todo lo ha perdido.

Nadie es dueño de nada sin ser su propio dueño.

La vida será tuya si sabes que es ajena,

que es igual ser montaña que ser grano de arena,

pues la calma del justo vence el furor del bravo.

Y  aprende que el camino nace del caminante,

pues, por más que ambiciones, humilde o arrogante,

sólo has de ser el dueño de lo que eres esclavo.

 

( José Angel Buesa,  poeta cubano)

Fórmulas de la felicidad

ancient

Fórmulas que le permitan al hombre recordar, en todo momento, que su felicidad está al alcance de su mano, en este preciso instante y en todo momento.

  • Nadie va a darme la felicidad, sólo yo puedo conseguirla. En este primer pensamiento, el ser humano toma la responsabilidad de su vida e inicia una búsqueda y un esfuerzo por encontrar eso que tanto busca.
  •  Yo soy un ser único en toda la tierra, nadie me comprende mejor que yo, y nadie sabe lo que yo necesito mejor que yo. En este segundo principio se dan las bases para eliminar cualquier ofensa que las personas reciban de parte de otras; cualquier comentario que deprima a una persona podrá ser nulificado bajo este principio, ya que la persona reconoce que nadie puede opinar acerca de ella, puesto que nadie la conoce mejor que ella misma.
  • Lo que recibo ahora es lo que sembré ayer, y lo que siembre ahora será lo que reciba mañana. Este tercer principio permite al ser humano reconocer que los problemas actuales son resultado de acciones incorrectas del pasado, pero que, por lo mismo, el momento presente es el indicado para ir sembrando un futuro.Ni el pasado ni el futuro pueden lastimarme, sólo el presente tiene valor en mi vida. Entendiendo este cuarto principio, la persona le dará todo el valor que tiene su momento presente y le restará importancia a los hechos pasados que le causan remordimientos, y a los hechos futuros que le causan angustia.
  • Sólo yo decido lo que debo hacer en este momento. Es decir, el ser humano entiende que las influencias ajenas son tan sólo eso, influencias, y él es el único que puede decidir qué hacer en ese instante. Sólo en el amor y en la paz interior puedo tomar las decisiones correctas. Es decir, si hemos de actuar en el tiempo presente, tendremos que hacerlo en paz y con amor, pues de esta manera, las acciones que tomemos estarán inspiradas en nuestra más alta capacidad tanto de servicio como de inteligencia.
  • En mis decisiones tomaré siempre en cuenta el beneficio de los demás. Es decir, tomaré aquellas decisiones que beneficien a la mayor cantidad de personas; de esta forma, mi vida se estará encaminando hacia la más alta gloria que es la de recibir la compensación por el servicio prestado a los demás.
  • Mi cara es el reflejo de mi estado interior. Es decir, cuidemos siempre el aspecto de nuestro rostro, adornémoslo siempre con la sonrisa, y que los ojos se encuentren siempre prestos a mandar una mirada de amor, porque de esta forma estaremos reflejando la serena armonía de quien ha aprendido a caminar en el sendero de la felicidad.
  • Soy un hombre al servicio de la humanidad.Es decir, todo lo que yo haga, todo lo que yo diga, todo lo que yo piense o sienta, servirá para gloria de la humanidad, o bien, para perdición de ella. Yo tengo una misión en la vida, ser feliz y hacer feliz a los demás. Este último principio da sentido a nuestra existencia, y, a la vez, orienta nuestros esfuerzos hacia el beneficio de toda la humanidad.

Tomado de: “El Camino de la Felicidad” de Kwan Yin

Las dos vasijas (un cuento)

la-vasija-con-rajaduras

Un aguador de la India tenía sólo dos grandes vasijas que colgaba en los extremos de un palo y que llevaba sobre los hombros. Una tenía varias grietas por las que se escapaba el agua, de modo que al final de camino sólo conservaba la mitad, mientras que la otra era perfecta y mantenía intacto su contenido. Esto sucedía diariamente. La vasija sin grietas estaba muy orgullosa de sus logros pues se sabía idónea para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba avergonzada de su propia imperfección y de no poder cumplir correctamente su cometido. Así que al cabo de dos años le dijo al aguador:

-Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir por tu trabajo.

El aguador le contestó:

-Cuando regresemos a casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.

Así lo hizo la tinaja y, en efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo largo de la vereda; pero siguió sintiéndose apenada porque al final sólo guardaba dentro de sí la mitad del agua del principio.

El aguador le dijo entonces:

-¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Quise sacar el lado positivo de tus grietas y sembré semillas de flores. Todos los días las has regado y durante dos años yo he podido recogerlas. Si no fueras exactamente como eres, con tu capacidad y tus limitaciones, no hubiera sido posible crear esa belleza. Todos somos vasijas agrietadas por alguna parte, pero siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para hacer algo bueno.

Hacía una Educación Holística, más allá del intelecto

redes

Aunque la inteligencia es una, podemos distinguir tres aspectos globales: el racional,  que procede por vía lógica, secuencial; el emocional, que asocia imágenes, sensaciones y emociones; el espiritual, que integra los conocimientos de ambas en busca de un sentido que trasciende lo material y al propio yo.

Hoy se habla de un modelo Holístico de la Inteligencia, con tres niveles, el 1º nivel más básico es el emocional, relacionado con el sentir; el 2º nivel es el intelectual, relacionado con el pensar y el tercer nivel es el espiritualrelacionado con la integración, con la felicidad y la trascendencia.

D. Zohar justifica esta división en tres tipos de inteligencia no solo por sus áreas diversas sino también por las diferentes reacciones neuronales en el cerebro según  ha comprobado la  Neurociencia. La Inteligencia Racional se manifiesta  mediante un proceso serial, a través de un cableado conocido como tractos neurales. La Inteligencia Emocional se manifiesta como un proceso asociativo de emociones y sensaciones corporales, a través de estructuras cerebrales conocidas como redes neurales,  que tienen capacidad de aprender recableándose, mediante ensayo y error. La inteligencia espiritual se manifiesta como proceso unificador holístico. La neurología sitúa este proceso en el denominado punto divino, que se localiza en los lóbulos temporales

Debemos aclarar que tanto la inteligencia racional como la emocional y la espiritual son capacidades, no resultados concretos. Pueden fallar. Existen en el ser humano pero tienen que desarrollarse en mayor o menor grado.

Nos podemos preguntar cómo llegar a ser emocionalmente inteligentes en una cultura racional y emocionalmente analfabeta o como ser espiritualmente inteligentes en una cultura espiritualmente pobre, material, superficial y egoísta. La  respuesta está en la educación, que hasta ahora ha hecho  más énfasis en el  el intelecto.  Sin embargo hoy día la vanguardia educativa considera necesaria la educación emocional y también  la educación espiritual, lo que conduce a una educación holística. Y aquí entran en juego la práctica contemplativa, la meditación, el desarrollo de la conciencia, la ética, etc.

Para saber más:

ie

El maestro y el sendero

palma

En el gran teatro del mundo todos tenemos un papel único, igual de importante, y una potencialidad a desplegar; de mendigos a reyes, los roles van cambiando, sucediéndose. La tradición enseña que todos tenemos también una esencia común, pues todos los seres estamos interconectados.

En el camino de la vida, ganamos y perdemos. A veces damos, a veces recibimos. Tropezamos o acertamos, por las buenas o por las penas, y así vamos aprendiendo. A veces enseñamos a otros, a veces aprendemos de otros.

El que enseña o transmite puede actuar en varios niveles:

  • El instructor o monitor –que tanto abunda hoy día- es quién transmite información a sus clientes: es el nivel más básico, suele ser remunerado. El intercambio se realiza a través de cursos más o menos prácticos e intensos, y la relación con los clientes suele ser puntual.
  • El profesor implica además  una vocación didáctica, alguien formado en una materia y que forma a sus alumnos en el marco de una relación más extensa de aprendizaje. Se favorece el contacto personal por afinidad en la materia enseñada.
  • El maestro sería el nivel más profundo de transmisión, alguien que  además induce una transformación en sus discípulos. La palabra maestro tiene cierta connotación espiritual, de vinculación de almas.  Guru, es la palabra en sanscrito – significa que tiene una presencia que cala, que tiene hondura- que denota a alguien conectado con el Ser o naturaleza esencial. El sendero que señala el maestro conlleva una  práctica  disciplinada y constante. Observamos que disciplina y discípulo tienen la misma raíz.

Etimológicamente maestro viene del vocablo latino magister -relacionado con magis, más-. En contraposición ministro se deriva de minister -y se relaciona con minus, menos-. El magister es el que más experiencia tiene en una actividad, el que dirige, ordena… El minister sería el que está a las órdenes, el servidor. Es curioso como hoy día ha cambiado el vocablo: el oficio de ministro es el más importante, privilegiado, el que dirige; siendo el de maestro un oficio minusvalorado.

Podríamos considerar que el sendero tiene un doble aspecto:

-El sendero interno o espiritual o conexión con el Ser, que normalmente es algo gradual. La tradición oriental ha dado más énfasis a este aspecto.

Se dice también que el maestro aparece para que el discípulo despierte al maestro interior, para trascender al miedo, para despertar ese poder que nos conecta con la Fuente. La contrapartida podría denominarse el enemigo interior, nuestro pequeño, que podría incluir los tres venenos de que habla el budismo: la aversión, el apego y la ignorancia.

-Sendero externo o madurativo, que es lo relativo al desarrollo personal y material, lo que hacemos y anhelamos, nuestra dimensión ética y vocacional. La psicología occidental y el coaching han enfatizado este aspecto.

También podemos hablar del magisterio de la vida: se va dando un aprendizaje en el proceso vital de cada cual, y en el complejo ámbito de las relaciones. Muchas veces son los errores y dificultades lo que más nos ayuda a desarrollarnos. El aprendizaje vital habitualmente conlleva esfuerzo y sufrimiento.  Podemos encontrar en  el camino mentores, personas de referencia que nos ayudan; o podemos encontrar  personas difíciles que nos ponen trabas; de todas las experiencias podemos aprender.

Ambos aspectos del sendero pueden ir paralelos e integrarse. En el sendero espiritual se podría decir que Maestro es quien te lleva de la oscuridad a la luz, el que te ayuda a  crecer,  el que posibilita que germine  la semilla que todos llevamos dentro, para florecer o conectar con el aroma del Ser, entendiendo Ser como nuestra dimensión más Real.

Aunque hoy día la figura del maestro está cuestionada en nuestra cultura individualista y egocéntrica,   la presencia física  de alguien experimentado en el sendero se puede considerar una guía  inestimable, una ayuda para potenciar la motivación,  para asentar los pies en tierra, y para despertar los dones internos del practicante. El practicante aprende a soltar, a liberarse de obstáculos mentales, para conectar con su propia luz y guía interna. La capacidad de discernir se va desplegando con el desarrollo de la consciencia.

Según la tradición espiritual, la palabra meditación se puede considerar como la apertura total al Ser. Las prácticas meditativas nos aproximarían gradualmente a ello. El adepto se hace disciplinado, interioriza su mirada, se purifica con una práctica consciente, amable, equilibrada.

(inspirado en el encuentro de la escuela Sanatana Dharma de Aragón en abril de 2016 en Orihuela del Tremedal, Teruel)

   El yoga es unión, prosperidad material y espiritual integradas.

    Para profundizar:  El sendero del Yoga,  Madhava

http://sanatana-dharma.eu/conferencias/Madhava-Las%20etapas%20del%20Sendero%20del%20Yoga.pdf