Fórmulas de la felicidad

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Fórmulas que le permitan al hombre recordar, en todo momento, que su felicidad está al alcance de su mano, en este preciso instante y en todo momento.

  • Nadie va a darme la felicidad, sólo yo puedo conseguirla. En este primer pensamiento, el ser humano toma la responsabilidad de su vida e inicia una búsqueda y un esfuerzo por encontrar eso que tanto busca.
  •  Yo soy un ser único en toda la tierra, nadie me comprende mejor que yo, y nadie sabe lo que yo necesito mejor que yo. En este segundo principio se dan las bases para eliminar cualquier ofensa que las personas reciban de parte de otras; cualquier comentario que deprima a una persona podrá ser nulificado bajo este principio, ya que la persona reconoce que nadie puede opinar acerca de ella, puesto que nadie la conoce mejor que ella misma.
  • Lo que recibo ahora es lo que sembré ayer, y lo que siembre ahora será lo que reciba mañana. Este tercer principio permite al ser humano reconocer que los problemas actuales son resultado de acciones incorrectas del pasado, pero que, por lo mismo, el momento presente es el indicado para ir sembrando un futuro.Ni el pasado ni el futuro pueden lastimarme, sólo el presente tiene valor en mi vida. Entendiendo este cuarto principio, la persona le dará todo el valor que tiene su momento presente y le restará importancia a los hechos pasados que le causan remordimientos, y a los hechos futuros que le causan angustia.
  • Sólo yo decido lo que debo hacer en este momento. Es decir, el ser humano entiende que las influencias ajenas son tan sólo eso, influencias, y él es el único que puede decidir qué hacer en ese instante. Sólo en el amor y en la paz interior puedo tomar las decisiones correctas. Es decir, si hemos de actuar en el tiempo presente, tendremos que hacerlo en paz y con amor, pues de esta manera, las acciones que tomemos estarán inspiradas en nuestra más alta capacidad tanto de servicio como de inteligencia.
  • En mis decisiones tomaré siempre en cuenta el beneficio de los demás. Es decir, tomaré aquellas decisiones que beneficien a la mayor cantidad de personas; de esta forma, mi vida se estará encaminando hacia la más alta gloria que es la de recibir la compensación por el servicio prestado a los demás.
  • Mi cara es el reflejo de mi estado interior. Es decir, cuidemos siempre el aspecto de nuestro rostro, adornémoslo siempre con la sonrisa, y que los ojos se encuentren siempre prestos a mandar una mirada de amor, porque de esta forma estaremos reflejando la serena armonía de quien ha aprendido a caminar en el sendero de la felicidad.
  • Soy un hombre al servicio de la humanidad.Es decir, todo lo que yo haga, todo lo que yo diga, todo lo que yo piense o sienta, servirá para gloria de la humanidad, o bien, para perdición de ella. Yo tengo una misión en la vida, ser feliz y hacer feliz a los demás. Este último principio da sentido a nuestra existencia, y, a la vez, orienta nuestros esfuerzos hacia el beneficio de toda la humanidad.

Tomado de: “El Camino de la Felicidad” de Kwan Yin

El maestro y el sendero

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En el gran teatro del mundo todos tenemos un papel único, igual de importante, y una potencialidad a desplegar; de mendigos a reyes, los roles van cambiando, sucediéndose. La tradición enseña que todos tenemos también una esencia común, pues todos los seres estamos interconectados.

En el camino de la vida, ganamos y perdemos. A veces damos, a veces recibimos. Tropezamos o acertamos, por las buenas o por las penas, y así vamos aprendiendo. A veces enseñamos a otros, a veces aprendemos de otros.

El que enseña o transmite puede actuar en varios niveles:

  • El instructor o monitor –que tanto abunda hoy día- es quién transmite información a sus clientes: es el nivel más básico, suele ser remunerado. El intercambio se realiza a través de cursos más o menos prácticos e intensos, y la relación con los clientes suele ser puntual.
  • El profesor implica además  una vocación didáctica, alguien formado en una materia y que forma a sus alumnos en el marco de una relación más extensa de aprendizaje. Se favorece el contacto personal por afinidad en la materia enseñada.
  • El maestro sería el nivel más profundo de transmisión, alguien que  además induce una transformación en sus discípulos. La palabra maestro tiene cierta connotación espiritual, de vinculación de almas.  Guru, es la palabra en sanscrito – significa que tiene una presencia que cala, que tiene hondura- que denota a alguien conectado con el Ser o naturaleza esencial. El sendero que señala el maestro conlleva una  práctica  disciplinada y constante. Observamos que disciplina y discípulo tienen la misma raíz.

Etimológicamente maestro viene del vocablo latino magister -relacionado con magis, más-. En contraposición ministro se deriva de minister -y se relaciona con minus, menos-. El magister es el que más experiencia tiene en una actividad, el que dirige, ordena… El minister sería el que está a las órdenes, el servidor. Es curioso como hoy día ha cambiado el vocablo: el oficio de ministro es el más importante, privilegiado, el que dirige; siendo el de maestro un oficio minusvalorado.

Podríamos considerar que el sendero tiene un doble aspecto:

-El sendero interno o espiritual o conexión con el Ser, que normalmente es algo gradual. La tradición oriental ha dado más énfasis a este aspecto.

Se dice también que el maestro aparece para que el discípulo despierte al maestro interior, para trascender al miedo, para despertar ese poder que nos conecta con la Fuente. La contrapartida podría denominarse el enemigo interior, nuestro pequeño, que podría incluir los tres venenos de que habla el budismo: la aversión, el apego y la ignorancia.

-Sendero externo o madurativo, que es lo relativo al desarrollo personal y material, lo que hacemos y anhelamos, nuestra dimensión ética y vocacional. La psicología occidental y el coaching han enfatizado este aspecto.

También podemos hablar del magisterio de la vida: se va dando un aprendizaje en el proceso vital de cada cual, y en el complejo ámbito de las relaciones. Muchas veces son los errores y dificultades lo que más nos ayuda a desarrollarnos. El aprendizaje vital habitualmente conlleva esfuerzo y sufrimiento.  Podemos encontrar en  el camino mentores, personas de referencia que nos ayudan; o podemos encontrar  personas difíciles que nos ponen trabas; de todas las experiencias podemos aprender.

Ambos aspectos del sendero pueden ir paralelos e integrarse. En el sendero espiritual se podría decir que Maestro es quien te lleva de la oscuridad a la luz, el que te ayuda a  crecer,  el que posibilita que germine  la semilla que todos llevamos dentro, para florecer o conectar con el aroma del Ser, entendiendo Ser como nuestra dimensión más Real.

Aunque hoy día la figura del maestro está cuestionada en nuestra cultura individualista y egocéntrica,   la presencia física  de alguien experimentado en el sendero se puede considerar una guía  inestimable, una ayuda para potenciar la motivación,  para asentar los pies en tierra, y para despertar los dones internos del practicante. El practicante aprende a soltar, a liberarse de obstáculos mentales, para conectar con su propia luz y guía interna. La capacidad de discernir se va desplegando con el desarrollo de la consciencia.

Según la tradición espiritual, la palabra meditación se puede considerar como la apertura total al Ser. Las prácticas meditativas nos aproximarían gradualmente a ello. El adepto se hace disciplinado, interioriza su mirada, se purifica con una práctica consciente, amable, equilibrada.

(inspirado en el encuentro de la escuela Sanatana Dharma de Aragón en abril de 2016 en Orihuela del Tremedal, Teruel)

   El yoga es unión, prosperidad material y espiritual integradas.

    Para profundizar:  El sendero del Yoga,  Madhava

http://sanatana-dharma.eu/conferencias/Madhava-Las%20etapas%20del%20Sendero%20del%20Yoga.pdf

¿Por qué potenciar las emociones positivas?

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La psicología ha estudiado preferentemente las emociones negativas (miedo-ansiedad; tristeza-depresión; etc.), habiéndose relegado a un segundo plano el estudio de las emociones positivas (p.e. satisfacción, confianza,etc). Por eso uno de los primeros objetivos de la nueva psicología positiva es potenciar el estudio de las emociones positivas.

Hay varias razones que explican el olvido de las emociones positivas:

  1. Hay una tendencia natural a estudiar aquello que amenaza el bienestar humano, por eso  se ha centrado el interés en las emociones que nos ayudan a afrontar peligros o problemas. Además existe la tendencia a descuidar lo que es normal y focalizar la atención en lo que se sale de lo cotidiano.
  2. Las emociones positivas son más difíciles de estudiar, por que son menos en cantidad y más difíciles de distinguir. Existen menos palabras para describir estados emocionales positivos que negativos, de modo que somos menos conscientes de las emociones agradables que de las desagradables.
  3. Existen diferencias en cuanto a la expresión, de modo que se reconocen más fácilmente las emociones negativas que las positivas.
  4. Hace falta elaborar nuevos modelos metodológicos para estudiar las emociones positivas, que permitan avanzar en su estudio.

 Valor adaptativo.

Las emociones negativas tienen un valor adaptativo incuestionable: representan soluciones eficientes a los problemas que afronta el hombre. Sin embargo el valor adaptativo de las emociones positivas es más complejo, y ha sido ignorado mucho tiempo.

Las emociones positivas tienen un objetivo trascendente y evolutivo, que va más allá de las sensaciones agradables que nos proporcionan. Experimentar emociones positivas lleva a estados mentales que preparan a las personas para enfrentar con éxito dificultades futuras.

A diferencia de la focalización que induce la emoción negativa, cuando se experimentan  emociones positivas, nuestra actitud es expansiva, tolerante y creativa, lo que se traduce en desarrollo personal. La emoción negativa lleva a adoptar un tipo de pensamiento centrado en el problema; en cambio, la emoción positiva lleva a adoptar un pensamiento creativo, generoso y constructivo.

La investigadora americana Barbara Fredrickson ha desarrollado la teoría de que las emociones positivas tienen  importantes funciones:

  • A corto plazo, abren la mente y amplían el campo de oportunidades
  • A largo plazo, promueven el desarrollo de recursos , favoreciendo el crecimiento de la persona.
  • Pueden ser canalizadas para prevenir o afrontar problemas

Enfoque multidimensional de las emociones

Durante mucho tiempo se ha considerado que las emociones positivas y las negativas eran los polos opuesto de una única dimensión lineal, de modo que serían incompatibles. Hoy se considera que más bien se manifiestan de forma multidimensional, de modo que las emociones positivas y las negativas son más o menos independientes. Podrían ser coexistentes en un mismo individuo.

Hoy sabemos que tras una experiencia traumática se experimentan emociones negativas y positivas, y ésta es una de las bases del crecimiento postraumático.

En el campo de la depresión, una característica es la presencia de emociones negativas, pero se conoce que también lleva asociado un descenso de emociones positivas, por lo que una terapia eficaz deberá ocuparse de aumentar estas y disminuir aquellas.

Clasificación de las emociones positivas

 Según Seligman, se pueden dividir en tres grupos:

  • Emociones positivas que genera el pasado,  como la satisfacción, el orgullo, la gratitud, la realización personal, etc. Están determinadas por pensamientos que tenemos sobre lo vivido.
  • Emociones relacionadas con el presente, como la alegría, el placer, la fluidez, el entusiasmo, la tranquilidad. Se centran en el momento actual
  • Emociones positivas respecto al futuro, como el optimismo, la confianza, la esperanza. Están determinadas por pensamientos acerca de lo que está por venir.

 Emociones positivas y calidad de vida

 Existen pruebas tras décadas de investigación, que evidencian que las emociones positivas se relacionan con el estado de salud e incluso con la esperanza de vida. Se sabe que quienes experimentan más emociones positivas tienen mejores hábitos de salud, menor tensión arterial y un sistema inmunológico más fuerte, que quienes experimentan menos emociones de este tipo.

Es famoso el estudio de las monjas (realizado por la Universidad de Kentucky) que consiste en una investigación longitudinal a largo plazo, que demuestra una relación entre las emociones positivas y la longevidad. Otros estudios han confirmado la relación entre actitudes positivas y mejor calidad de vida, así como mayor longevidad.

Para saber más: La vida que florece (de Martin Seligman)

Florecer

¿Queremos educar la Inteligencia Emocional?

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La inteligencia emocional, IE, es la habilidad que nos permite percibir, comprender y regular nuestras emociones y las emociones de los demás.

Este concepto fue desarrollado por dos psicólogos de la Universidad de Yale, Salovey y Mayer,  cuando llamaron la atención sobre un tipo de habilidad (IE) de manejo de emociones que mostraban niños, que aunque no tenían un CI muy elevado, alcanzaban resultados y relaciones sociales superiores a otros compañeros con un CI más elevado.

Hay dos tipos de modelos de IE:

  • El modelo mixto, adoptado por D. Goleman, que relaciona la IE con otras variables como el optimismo, la autoestima o las habilidades sociales. La IE incluye todo aquello que no es inteligencia racional. Este modelo crea confusión conceptual a la hora de investigar
  • El modelo de habilidad, adoptado por Salovey y Mayer, que concibe la IE como una variable única y la estudia de forma independiente. Permite investigar de modo más fiable la IE, que es entendida como la capacidad para percibir sentimientos, para comprenderlos adecuadamente y para regular y modificar las emociones tanto positivas como negativas.

Desde este último modelo de habilidad la IE implica cuatro componentes:

  1. Percepción y expresión emocional: reconocer de forma consciente nuestras emociones y ser capaces de darle una etiqueta verbal. También reconocer en otros las emociones expresadas; incluso distinguir el valor o contenido emocional de una situación social.
  1. Facilitación emocional: utilizar las emociones para facilitar otros procesos cognitivos. Dado que las emociones y los pensamientos están fusionados, podemos utilizar las emociones al servicio del pensamiento, de modo que nos ayuden a razonar de forma más inteligente y tomar mejores decisiones.
  1. Comprensión emocional: comprender los sentimientos de los demás, empezando por comprender los propios, qué cosas, personas o situaciones nos causan determinados sentimientos, qué pensamientos generan tales emociones, cómo nos afectan y qué consecuencias y reacciones nos provocan. Si reconocemos nuestros propios sentimientos más facilidades tendremos para conectar con los del prójimo. Empalizar consiste en situarnos en el lugar del otro y ser consciente de sus sentimientos, sus causas y sus implicaciones personales.
  1. Regulación emocional: es una de las habilidades más complicadas de dominar. Consiste en la habilidad para manejar o moderar nuestra propia reacción emocional ante situaciones intensas, ya sean positivas o negativas. Supone vivenciar nuestro estado afectivo, sin ser abrumado o avasallado por él, decidir como hacer uso de esta información para alcanzar un pensamiento eficaz, no basado en la irracionalidad. Del mismo modo, una regulación efectiva contempla la capacidad para tolerar la frustración y sentirse tranquilo ante metas que se plantean muy distantes.

Tradicionalmente se consideraban en conflicto la razón y las emociones. La revolución que ha traído consigo el concepto de IE es que las emociones y los pensamientos están fusionados, que razón y pasión no son opuestos, sino que deben trabajar unidos

Las habilidades emocionales son más importantes que las intelectuales en relación con el éxito profesional, y también influyen más en la satisfacción con la vida. Lo cual no quiere decir que la capacidad intelectual no sea importante.

Inteligencia emocional y educación

 Tradicionalmente se ha fomentado la educación intelectual, dejando de lado la educación emocional, considerándose las emociones y su manejo como elementos secundarios. Diversos estudios confirman que los adolescentes con baja IE tienen una autoestima más baja, mayores índices de consumo de tabaco y alcohol, y  más síntomas de depresión y ansiedad.

Dado que la mejor etapa para entrenar la IE es la infancia y el mejor entorno es la escuela, se considera que una educación integral debe incluir asignaturas relacionadas con la conciencia, conocimiento y regulación de las emociones, es decir la Inteligencia Emocional. Pero esta enseñanza debe basarse más en la práctica que en la teoría.

Se podrían considerar objetivos de la educación emocional:

  • generar sentimientos positivos
  • evitar la frustración
  •  desarrollar la sensación de autocontrol
  • manejar las preocupaciones irrelevantes
  • manejar los sentimientos negativos de miedo, rabia, celos, envidia, etc.
  • desarrollar la autoconciencia emocional y la empatía.

Para profundizar:

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MITOS SOBRE LAS EMOCIONES

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Dado que apenas tuvimos educación emocional, podemos decir que, en general,  somos analfabetos emocionales. Todos recibimos un condicionamiento social en mayor o menor medida. Hay una serie de mensajes culturales o creencias falsas que limitan nuestra capacidad de acción y expresión emocional. Vamos a resumirlos e ir desmontándolos uno por uno.

  1. Llorar es signo de debilidad.  Culturalmente se ha asociado el llanto con “cosa de niñas”. Es una manera de abrirse y mostrar dolor. Está asociado a la tristeza, pero también puede deberse a ira, frustración e incluso alegría. Los varones que expresan su llanto, tras tiempo de reprimir sentimientos, consiguen un alivio importante.
  2. Las mujeres son más sensibles que los hombres. Hay influencias educativas a la hora de expresar las emociones, pero se puede decir que ambos sexos sienten de forma parecida.
  3. Controlar las emociones significa reprimirlas. Significa que las emociones no nos desbordan. Manejar una emoción significa reconocerla,  observar los cambios que produce en mí, y expresarla de la forma más adecuada, respetando mis  derechos y los de los otros.
  4. Algunas emociones son inútiles. En un principio tienen un valor adaptativo y facilitan información a nosotros y a los demás. Se pueden convertir en insanas y generan un transtorno emocional  (se pasan de rosca) cuando las manejamos mal.
  5. El afecto es necesario principalmente para los niños y los ancianos. Pero el resto de personas también lo necesitan. Es una necesidad humana la relación emocional. Hay personas que se sienten incómodas por mostrar o recibir afecto como si fuera una ñoñería. La madurez conlleva espontaneidad en los afectos.
  6. Expresar la emoción hace que desaparezca. Este es el mito de la catarsis, muy difundido por el psicoanálisis. Aunque expresar lo sentido puede aliviar su intensidad, no es curativo por si solo. Aquello que provocó la emoción volverá a provocarlo a menos que haya un cambio en nosotros o una emoción de signo contrario.
  7. Las emociones no son buenas consejeras, la razón sí. Esta idea proviene del mito de la oposición entre mente y sentimientos. Hoy la investigación demuestra la estrecha relación entre razón y emoción. La mejor estrategia es unir razón a emoción.
  8. Ser feliz es una utopía, la vida está llena de desgracias. La felicidad no es como el final de los cuentos, un estado permanente de bienestar. La realidad está llena de situaciones que pueden perturbarnos, y se trata de asumirlas y afrontarlas de modo adecuado
  9. Las emociones que no se desarrollan en la infancia ya no lo hacen en la adultez. Aunque las experiencias del pasado influyen, no son determinantes. Tenemos capacidad de aprender y desarrollar habilidades de adultos. La naturaleza humana es más plástica de lo que creemos, aunque algunos se empeñen en no cambiar (“yo es que soy así”)
  10.  Las personas inteligentes destacan por su razón, no por su emoción. Hoy día se habla de facetas de la inteligencia, por ejemplo de inteligencia matemática, o verbal, espacial, etc. y de una inteligencia emocional  que es la que usan las personas que son hábiles en lo referente al mundo de los afectos

(inspirado en un taller de Inteligencia Emocional)

Para saber más: Corazones inteligentes, Ed. Kairós

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¿Dónde están las monedas? (un cuento)

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 El cuento de nuestros Padres
“Hay otra razón poderosa que puede empujarnos a iniciar la tarea de restaurar el amor hacia nuestros padres: sólo logramos amarnos a nosotros mismos cuando los amamos y honramos a ellos. En lo más profundo de cada uno de nosotros, por muy graves que sean las heridas, los hijos seguimos siendo leales a nuestros padres, e inevitablemente los tomamos como modelos y los interiorizamos. De algún modo conectamos con una fuerza que nos hace ser como ellos. Por eso, cuando somos capaces de amarlos, honrarlos, dignificarlos y respetarlos, podemos hacer lo mismo con nosotros mismos y ser libres”           (Joan Garriga

En una noche cualquiera, una persona, de la que no sabemos si es un hombre o una mujer, tuvo un sueño.Es un sueño que todos tenemos alguna vez. Esta persona soñó que en sus manos recibía unas cuantas monedas de sus padres. No sabemos si eran muchas o pocas, si eran miles, cientos, una docena o aún menos. Tampoco sabemos de qué metal estaban hechas, si eran de oro, plata, bronce, hierro o quizá de barro.
Mientras soñaba que sus padres le entregaban estas monedas, sintió espontáneamente una sensación de calor en su pecho. Quedó invadida por un alborozo sereno y alegre. Estaba contenta, se llenó de ternura y durmió plácidamente el resto de la noche.
Cuando despertó a la mañana siguiente, la sensación de placidez y satisfacción persistía. Entonces, decidió caminar hacia la casa de sus padres. Y, cuando llegó, mirándolos a los ojos, les dijo:

— «Esta noche habéis venido en sueños y me habéis dado unas cuantas monedas en mis manos. No recuerdo si eran muchas o pocas. Tampoco sé de qué metal estaban hechas, si eran monedas de un metal precioso o no. Pero no importa, porque me siento plena y contenta. Y vengo a deciros gracias, son suficientes, son las monedas que necesito y las que merezco. Así que las tomo con gusto porque vienen de vosotros. Con ellas seré capaz de recorrer mi propio camino.»

Al oír esto, los padres, que como todos los padres se engrandecen a través del reconocimiento de sus hijos, se sintieron aún más grandes y generosos. En su interior sintieron que aún podían seguir dando a su hijo, porque la capacidad de recibir amplifica la grandeza y el deseo de dar.

Así, dijeron: — Ya que eres tan buen hijo puedes quedarte con todas las monedas, puesto que te pertenecen. Puedes gastarlas como quieras y no es necesario que nos las devuelvas. Son tu legado, único y personal. Son para ti.
Entonces este hijo se sintió también grande y pleno. Se percibió completo y rico y pudo dejar en paz la casa de sus padres. A medida que se alejaba, sus pies se apoyaban firmes sobre la tierra y andaba con fuerza. Su cuerpo también estaba bien asentado en la tierra y ante sus ojos se abría un camino claro y un horizonte esperanzador.
Mientras recorría el camino de la vida, encontró distintas personas con las que caminaba lado a lado. Se acompañaban durante un trecho, a veces más largo o más corto, otras veces estaban con él durante toda la vida. Eran sus socios, sus amigos, parejas, vecinos, compañeros, colaboradores e incluso sus adversarios. En general, el camino resultaba sereno, gozoso, en sintonía con su espíritu y su naturaleza personal. Tampoco estaba exento de los pesares naturales que la vida impone. Era el camino de su vida.
De vez en cuando esta persona volvía la vista atrás hacia sus padres y recordaba con gratitud las monedas recibidas. Y cuando observaba el transcurso de su vida, miraba a sus hijos o recordaba todo lo conseguido en el ámbito personal, familiar, profesional, social o espiritual, aparecía la imagen de sus padres y se daba cuenta de que todo aquello había sido posible gracias a lo recibido de ellos y que con su éxito y logros les honraba. Se decía a sí mismo: «No hay mejor fertilizante que los propios orígenes», y entonces su pecho volvía a llenarse con la misma sensación expansiva que le había embargado la noche que soñó que recibía las monedas.Sin embargo, en otra noche cualquiera, otra persona tuvo el mismo sueño, ya que tarde o temprano todos llegamos a tener este sueño.
Venían sus padres y en sus manos le entregaban unas cuantas monedas. En este caso tampoco sabemos si eran muchas o pocas, si eran miles, unos cientos, una docena o aún menos. No sabemos de qué metal estaban hechas, si de oro, plata, bronce, hierro o quizás de barro…
Al soñar que recibía en sus manos las monedas de sus padres sintió espontáneamente un pellizco de incomodidad. La persona quedó invadida por una agria inquietud, por una sensación de tormento en el pecho y un lacerante malestar. Durmió llena de agitación lo que quedaba de la noche mientras se revolvía encrespada entre las sábanas.
Al despertar, aún agitada, sentía un fastidio que parecía enfado y enojo, pero que también tenía algo de queja y resentimiento. Quizá lo que más reinaba en ella era la confusión y su cara era el rostro del sufrimiento y de la disconformidad. Llena de furia y con un ligero tinte de vergüenza, decidió caminar hacia la casa de sus padres.
Al llegar allí, mirándolos de soslayo les dijo:

– «Esta noche habéis venido en sueño y me habéis dado unas cuantas monedas. No sé si eran muchas o pocas. Tampoco sé de qué material estaban hechas, si eran de un metal precioso o no. No importa, porque me siento vacía, lastimada y herida. Vengo a decirles que vuestras monedas no son buenas ni suficientes. No son las monedas que necesito ni son las que merezco ni las que me corresponden. Así que no las quiero y no las tomo, aunque procedan de ustedes y me lleguen a través vuestro. Con ellas mi camino sería demasiado pesado o demasiado triste de recorrer y no lograría ir lejos. Andaré sin vuestras monedas.»

Y los padres que, como todos los padres, empequeñecen y sufren cuando no tienen el reconocimiento de sus hijos, aún se hicieron más pequeños. Se retiraron, disminuidos y tristes, al interior de la casa. Con desazón y congoja comprendieron que todavía podían dar menos a este hijo porque ante la dificultad para tomar y recibir, la grandeza y el deseo de dar se hacen pequeñas y languidecen. Guardaron silencio, confiando en que, con el paso del tiempo y la sabiduría que trae consigo la vida, quizá se pudieran llegar a enderezar los rumbos fallidos del hijo.
Es extraño lo que ocurrió a continuación. Después de haber pronunciado estas palabras ante los padres en respuesta a su sueño, este hijo se sintió impetuosamente fuerte, más fuerte que nunca. Se trataba de una fuerza extraordinaria. Se había encarnado en él la fuerza feroz, empecinada y hercúlea que surge de la oposición a los hechos y a las personas. No era una fuerza genuina y auténtica como la que resulta del asentimiento a los hechos y que está en consonancia con los avatares de la vida, pero la fuerza era intensa.
Sin ninguna serenidad interior, aquella persona abandonó la casa de los padres diciéndose a sí misma:
– Nunca más.

Impetuosamente fuerte, pero también vacía, huérfana y necesitada, aún queriéndolo y deseándolo, no lograba alcanzar la paz.
A medida que la persona se alejaba de la casa de sus padres sentía que sus pies se elevaban unos centímetros por encima de la tierra y que su cuerpo, un tanto flotante, no podía caerse por su propio peso real. Pero lo más relevante ocurría en sus ojos: los abría de una manera tan particular que parecía que miraba siempre lo mismo, un horizonte fijo y estático.
La persona desarrolló una sensibilidad especial. Así, cuando encontraba a alguien a lo largo de su camino, sobre todo si era del sexo opuesto, esta sensibilidad le hacía contemplarlo con una enorme esperanza, la que, sin darse cuenta le llevaba a preguntarse:

– ¿Será esta persona la que tiene la monedas que merezco, necesito y me corresponden, las monedas que no tomé de mis padres porque no supieron dármelas de la manera justa y conveniente? ¿Será esta la persona que tiene aquello que merezco?

Si la respuesta que se daba a si misma era afirmativa, resultaba fantástico. A esto, algunos lo denominan enamoramiento. En esos momentos sentía que todo era maravilloso. No obstante, cuando el enamoramiento acababa convirtiéndose en una relación y la relación duraba lo suficiente, la persona generalmente descubría que el otro no tenía lo que le faltaba, aquellas monedas que no había tomado de sus padres.

– ¡Qué pena!, se decía y se quejaba amargamente de su mala suerte, culpando al destino de ello.

A esto lo llaman desengaño y esta persona se sentía sometida a un tormento emocional que tomaba la forma de desesperación, desazón, crisis, turbulencia, enfado, frustración…
Por suerte, o no, en este momento podía estar esperando a un hijo y la desazón se volvía más dulce y esperanzadora, más atemperada. Entonces la pregunta volvía a su inconsciente:

– «¿Será este hijo que espero, tan bienamado, quien tiene las monedas que merezco, que necesito y que me corresponden y que no tomé de mis padres porque no supieron dármelas de la manera justa y conveniente? ¿Será este ser el que tiene aquello que merezco?»

Cuando se contestaba de nuevo que sí, era maravilloso, formidable y empezaba a sentir un vínculo especial con ese hijo, un vínculo asombroso, muy estrecho, lleno de expectativas y anhelos.
Pero si pasa el tiempo suficiente la mayoría de los hijos desean tener una vida propia y saben que tienen propósitos de vida propios e independientes de sus padres. Entonces, aunque aman a sus padres y desean hacer lo mejor para ellos, la presión de tener vida propia resulta exigente, imperiosa y tan arrolladora como la sexualidad.
Así es como, de nuevo, esta persona comprende un día que tampoco su hijo tiene las monedas que necesita, merece y le corresponden. Sintiéndose más vacía, huérfana y desorientada que nunca entra en crisis y desesperación. Enferma. Ahora tiene entre 40 y 50 años, la fase media de la vida. Ahora ningún argumento la sostiene ya, ninguna razón la calma. Es su “cata-crac” y grita:
– ¡A Y U D A!
¡Hay tanta urgencia en su tono de voz! ¡Su rostro está tan desencajado! Nada la calma, nada puede sostenerla.
Y… ¿qué hace? Va al terapeuta.
El terapeuta la recibe pronto, la mira profunda y pausadamente y le dice:
– Yo no tengo las monedas.
Hay dos clases de terapeutas: los que piensan que tienen las monedas y los que saben que no las tienen.
El terapeuta ha visto en sus ojos que sigue buscando las monedas en el lugar equivocado y que le encantaría equivocarse de nuevo. El terapeuta sabe que las personas quieren cambiar, pero les cuesta dar su brazo a torcer, no tanto por dignidad sino por tozudez y costumbre.
Él piensa: “Amo y respeto mejor a mis pacientes cuando puedo hacerlo con sus padres y con su realidad tal como es. Los ayudo cuando soy amigo de las monedas que les tocan, sean las que sean.”
El terapeuta añade: “Yo no tengo las monedas pero sé dónde están y podemos trabajar juntos para que también tú descubras dónde están, cómo ir hacia ellas y tomarlas.”
Entonces el terapeuta trabaja con la persona y le enseña que durante muchos años ha tenido un problema de visión, un problema óptico, un problema de perspectiva. Ha tenido dificultades para ver claramente. Sólo se trata de eso.
El terapeuta le ayuda a reenfocar y a modular su mirada, a percibir la realidad de otra manera, desde una perspectiva más clara, más centrada y más abierta a los propósitos de la vida. Una manera menos dependiente de los deseos personales del pequeño yo que trata de gobernarnos.
Un día, mientras espera a su paciente, el terapeuta piensa que está listo y que debe decirle, por fin y claramente, dónde están las monedas. Y este mismo día, como por arte de birlibirloque, llega el paciente. Tiene otro color de piel, las facciones de su rostro se han suavizado y comparte su descubrimiento:

– Sé dónde están las monedas. Siguen con mis padres.

Primero solloza, luego llora abiertamente. Después surge el alivio, la paz y la sensación de calor en el pecho. ¡Por fin!
Durante el trabajo terapéutico ha atravesado las purulencias de sus heridas, ha madurado en su proceso emocional y ha reenfocado su visión. Ahora se dirige de nuevo, como lo hizo hace tantos años atrás a la casa de sus padres.
Los mira a los ojos y les dice:

– «Vengo a deciros que estos últimos diez, veinte o treinta años de mi vida he tenido un problema de visión, un asunto óptico. No veía claramente y lo siento. Ahora puedo ver y vengo a deciros que aquellas monedas que recibí de vosotros en sueños son las mejores monedas posibles para mi. Son suficientes y son las monedas que me corresponden. Son las monedas que merezco y las adecuadas para que pueda seguir. Vengo a daros las gracias. Las tomo con gusto porque vienen de vosotros y con ellas puedo seguir andando mi propio camino.»

Ahora los padres, que como todos los padres se engrandecen a través del reconocimiento de sus hijos, vuelven a florecer y el amor y la generosidad fluyen de nuevo con facilidad. Así el hijo ahora es plenamente hijo, porque puede tomar y recibir.
Los padres le miran sonrientes, con ternura y contestan:

– «Ya que eres tan buen hijo puedes quedarte con todas las monedas, puesto que te pertenecen. Puedes gastarlas como quieras y no es necesario que nos las devuelvas. Son tu legado, único, propio y personal, para ti. Puedes tener una vida plena.»

Ahora este hijo se siente grande y pleno. Se percibe completo y rico y puede, por fin, dejar la casa de los padres con paz. A medida que se aleja siente sus pies firmes pisando el suelo con fuerza, su cuerpo también está asentado en la tierra y sus ojos miran hacia un camino claro y un horizonte esperanzador.
Resulta extraño: ha perdido esa fuerza impetuosa que se nutría del resentimiento, del victimismo o del exceso de conformidad. Ahora tiene una fuerza simple y tranquila, una fuerza natural.
Recorriendo el camino de su vida encontraba con frecuencia otras personas con las que caminaba lado a lado como acompañantes durante un trecho, a veces largo, a veces corto, a veces durante toda la vida. Socios, amigos, parejas, vecinos, compañeros, colaboradores, incluso adversarios. En general se trataba de un camino sereno, gozoso, en sintonía con su espíritu y con su naturaleza personal. Tampoco estaba exento de los pesares naturales que la vida impone. Era el camino de su vida.Un día se acercó a la persona de la que se enamoró pensando que tenía las monedas y también le dijo:

– «Durante mucho tiempo he tenido un problema de visión y ahora que veo claro te digo: Lo siento, fue demasiado lo que esperé. Fueron demasiadas expectativas y sé que esto fue una carga demasiado grande para ti y ahora lo asumo. Me doy cuenta y te libero. Así el amor que nos tuvimos puede seguir fluyendo. Gracias. Ahora tengo mis propias monedas.»

Otro día va a sus hijos y les dice:
– «Podéis tomar todas las monedas de mi, porque yo soy una persona rica y completa ahora que he tomado las mías de mis padres.» Entonces los hijos se tranquilizan y se hacen pequeños respecto a él y están libres para seguir su propio camino tomando sus propias monedas.

Al final de su largo camino se sienta y mira aún más allá. Hace un repaso de la vida vivida, de lo amado y de lo sufrido, de lo construido y de lo maltrecho. A todo y a todos logra darles un buen lugar en su alma. Los acoge con dulzura y piensa:
– «Todo tiene su momento en el vivir: el momento de llegar, el momento de permanecer y el momento de partir. Una mitad de la vida es para subir la montaña y gritar a los cuatro viento: ‘Existo’.
Y la otra mitad es para el descenso hacia la luminosa nada, donde todo es desprenderse, alegrarse y celebrar.
La vida tiene sus asuntos y sus ritmos sin dejar de ser el sueño que soñamos»

“Tomar las monedas de nuestros Padres no es un acto ideológico, algo que uno pueda decidir que ocurra. Es el resultado de un profundo proceso emocional, de un proceso corporal y de una actitud.
Este proceso exige mucho del cuerpo y de los sentimientos. Obliga a visitar y bucear en este cuerpo histórico donde se alojan los buenos sentimientos y también aquellos que llegan a ser amenazantes para nosotros, hasta lograr hacerles espacio, permitir que circulen, que se libere el dolor, que se reaprendan recursos y que el cuerpo recupere su confianza, su gracia y su vitalidad natural.
A este cuerpo que vivió tanto, que soportó traumas, heridas y miedos podemos agradecerle su fortaleza y acariciarlo lo suficiente para que palpite de nuevo con la fuerza de la vida y pueda volver a exponerse a tener una relación feliz con los demás”


(Autor Joan Garriga -del libro ¿Dónde están las monedas? El vínculo logrado entre hijos y Padres-  Ed. Rigden-Institut Gestalt)

En busca de la armonía en la pareja

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Partiendo de la base de que no existe la pareja perfecta ni una media naranja nuestra perdida por el mundo, creemos que puede haber muchas personas con las que podemos entendernos como pareja. Es importante tener en cuenta que no existen parejas clónicas que piensen igual en todo. La armonía de una pareja a largo plazo, o su compatibilidad, depende más bien de la capacidad de los dos de solucionar problemas y resolver conflictos. Cuánto más sepan de esto las dos personas, mejor va a ser la pareja que formen.

Esto quiere decir que con algunas personas nos será más fácil que con otras consensuar y llegar a acuerdos. Quizás habría que hablar más bien de similitudes y complementariedades. Se ha demostrado que es más prometedor ser más similar a la pareja que complementario. La cualidad de complementario proporciona chispa e interés, pero las similitudes deberían superar el 60 por ciento de los valores y las características de personalidad

Podemos sentirnos atraídos hacia alguien por una gran variedad de razones. Puede ser que la persona nos recuerde a alguien del pasado, o que se muestre muy generosa haciéndonos sentir especiales, o nos aporte solaz después de una ruptura o nos atraiga sexualmente. Es importante saber distinguir entre los factores que son importantes a corto plazo y los que son importantes a largo.
A la hora de formar pareja, todos queremos más o menos lo mismo: que ésta sea gratificante para los dos y que nos compense más que estar solos. Deseamos una pareja que disfrute de una verdadera conexión. Algunos lo logran de un modo inconsciente, pero la mayoría necesita tener en cuenta estos recordatorios de un modo consciente:

1. La elección del compañero debería ser similar a la de un amigo: su carácter, personalidad, valores, generosidad de espíritu, coherencia entre lo que dice y lo que hace y su relación con otras personas.

2. Habría que conocer las creencias del compañero sobre las relaciones. Hay muchas maneras de enfocar las relaciones de pareja. En los tiempos que vivimos, habría que considerar nuevas fórmulas como la de “amigos con derecho a roce”, que por su frecuencia entre solteros y nuevos solteros habría que tener en cuenta. Esta fórmula no es equivalente a una relación comprometida y exclusiva, aunque sí que implica relaciones sexuales y amistad.

3. No habría que confundir atracción sexual con amor. Parece obvio, pero al principio de la relación puede darse esta confusión.

4. Dejar atrás el pasado. Con esto decimos resentimientos, heridas y miedos que pueden derivarse de un modelo familiar o de una anterior relación. No hacer bandera de las heridas ni hacer cargar con ellas a la nueva relación. Por ejemplo, no elegir lo opuesto ni demasiado similar a alguien que nos hirió. Las dos opciones implican no haber dejado atrás el pasado y dejar que influya en la decisión del presente.

5. Identificar los propios patrones de conducta en una relación. Aceptar que si una relación anterior no funcionó, tenemos el 50 por ciento de responsabilidad. Saber en qué nos equivocamos para no repetirlo en una nueva relación. Ser consciente de las propias ideas sobre las relaciones.

6. Percatarnos de nuestras necesidades y darlas a conocer a la pareja. A veces, el temor nos impide manifestar al otro lo que necesitamos. Esto suele evolucionar hacia la decepción y la rabia hacia la pareja porque ella no nos da lo que queremos ya que no se lo hemos hecho saber. No es posible obtener intimidad y complicidad sin honestidad. Y la pareja no es un adivino. Éste es un punto muy importante porque las necesidades a corto y a largo plazo que tenemos son el criterio más básico para elegir a una persona como compañero. Elegir pensando solamente en las necesidades a corto plazo hará que la pareja no perdure en el tiempo. Las necesidades a corto plazo son aquello que nos hace falta ahora, y las necesidades a largo plazo son aquellas que siempre tendremos.

7. Tener capacidad potencial para formar equipo. Esto quiere decir dos individuos que aportan perspectivas y activos diferentes. Para algunos expertos en relaciones de pareja  el valor de un equipo lo conforman las diferencias.

8. Establecer límites. En una relación de pareja, los límites crean autoestima y respeto por parte del otro. Establecer límites implica no permitir ciertas situaciones inadmisibles aun a costa de perder la relación. Si éstos se desvanecen, hasta el mejor de los compañeros puede actuar sin querer de modo desconsiderado. Por ejemplo, una pareja con buena base es aquella que se construye con el principio de la equidad y equilibrio de poder. Cuando una persona cede ante pequeños “abusos”, como por ejemplo que el otro no llame cuando se compromete a hacerlo, que la desdeñe ante los demás, que el otro coquetee ostensiblemente con otras personas o que actúe con desconsideración, la balanza de poder se desequilibra. Si no se reacciona ante eso, se crean precedentes que repercutirán por fuerza en la relación a largo plazo. Detectar a tiempo que se ha traspasado los límites ayuda a reconocer a una pareja que no conviene. El compañero no deseable suele traspasar los límites en un estadio muy temprano de la relación. Con esta conducta se puede detectar a tiempo al compañero erróneo.

9. Tener definida nuestra pareja ideal. Para definir la verdadera pareja ideal y el compañero que conviene, habría que preguntarse no lo que se desea sino lo que se necesita. ¿Qué es aquello de lo que no podemos prescindir en una relación? ¿Qué necesitamos de una pareja en el día a día? ¿Qué necesitamos para crecer como personas? Es importante no confundir estas respuestas con nuestras fantasías. Hablamos de qué necesitamos, no del príncipe o de la princesa de nuestros sueños. Una vez que tenemos clara la relación que queremos tener, hay que evaluar si la persona que amamos es capaz de crearla conjuntamente con nosotros.

10. Ser felices aun estando solos. Por último, antes de crear una “pareja ideal” es conveniente vivir el tipo de vida que queremos vivir. Tener claro dónde queremos vivir, el tipo de trabajo que nos gusta realizar, las aficiones que queremos tener y disfrutar de los afectos que nos gratifican y nos enriquecen personalmente. Una vez que somos felices en nuestra propia vida ahora mismo y nos preparamos para un futuro igual de feliz, a la vuelta de la esquina podremos encontrar al compañero afín. Y si no lo encontramos, seguiremos siendo felices.

Artículo de Isabel Larraburu

http://www.isabel-larraburu.com/articulos/pareja/120-elegir-pareja-.html?lang=