En el camino ignaciano: 8 días de peregrinaje y contemplación

 

 

El camino ignaciano recrea el itinerario  que el caballero Ignacio de Loyola recorrió el año 1522 desde su localidad natal, Azpeitia (Guipuzcoa) hasta la ciudad catalana de Manresa. Una peregrinación que comenzó después de su conversión espiritual en Loyola, y que tenía como meta final la ciudad santa de Jerusalén.

Actualmente el camino, que se ha trazado a partir de las anotaciones personales del Santo, se inicia en la casa donde nació Ignacio en Loyola (Azpeitia) y nos conduce hasta la conocida como Cova de San Ignacio en Manresa (cerca del Monasterio de Montserrat, en Cataluña). Se trata de un recorrido largo y exigente de aproximadamente 675 km., que atraviesa 5 comunidades autónomas que se puede realizar en unos 30 días. En esta ocasión comento sucintamente la experiencia desde Loyola hasta Logroño que realicé en febrero de 2020.

Inicio este camino el 19 de febrero de 2020, cuando llego a Loyola y me instalo junto a la Casa Natal de Ignacio justo al lado del Santuario de Loyola. Un día para visitar la Casa Museo nos da a conocer mejor la vida de Ignacio y la historia de la compañia de Jesús. La práctica meditativa en la Basílica santuario y en la cercana ermita de Nª Sra. de Olatz, son el punto de inicio de una serie de practicas contemplativas que proyecto compaginar con el peregrinaje. La visita al curioso Museo del Ferrocarril Vasco en Azpeitia es interesante para los que nos gusta viajar en tren y una toma de conciencia de la fugacidad del tiempo y del constante cambio en el devenir humano, en este caso en la evolución de la tecnología de este transporte en los últimos 150 años.

Comienzo a caminar el 20 de febrero hacia Legazpi. Es una apuesta fuerte este inicio que se corresponde con la llamada ruta de los tres templos, que abarcan además del Santuario de Loyola,  la ermita de la Antigua en Zumarraga y el Santuario de Arantzazu (construido en honor a la Virgen, reformada totalmente el siglo pasado). El contraste entre la sobria ermita románica en el monte con la recargada basilica barroca junto a la casa solariega en el llano y con el moderno, grandioso, funcional santuario encajado en un barranco, pone una nota de atención en la variedad de propuestas de edificación para la espiritualidad humana a través de la historia.

He de decir que prefiero llamar contemplación a la práctica meditativa, entendiendo que esta palabra (con+templo+acción) está relacionada con el templo en sentido amplio, con el espacio sagrado, tanto el edificio hecho por la comunidad para la oración y conexión con lo divino, como el propio templo interior, centro más profundo intimo donde conectar con el Ser, reflejo o chispa individual de lo eterno. Los templos son un legado de la historia que visitamos con respeto,  donde dedicamos un tiempo de  recogimiento con gratitud, También la palabra contemplación señala la acción de observar con veneración, e incluso sobrecogimiento.

Las iglesias de Zumárraga, Azkoitia y Legazpi, son punto de parada contemplativa, y que afortunadamente encuentro abiertas. Aunque no es raro que encuentre cerradas muchas iglesias o ermitas, pues solo se usen para la misa. Se me ocurre el simil con el templo interno, que a veces  nosotros mismos logramos el acceso a nuestro centro con más fluidez y otras veces nuestro cerrazón mental o barrera emocional lo impide.

Durante tres días seguidos tenemos que pasar por collados entre montes para alcanzar Arantzazu y al día siguiente Araia, ya en la llanada alavesa; para ello se atraviesa la sierra de Aizkorri  que  podremos divisarla desde el mirador de Opakua al día siguiente. Estos bellos puntos altos, miradores paisajísticos son punto de gozosa parada contemplativa: el monte Arriurdín en la sierra de Aizkorri, la ermita junto al refugio de Urbia, además del puerto de Opakua.

Pasamos pequeños pueblos en el Valle de Arana y Campezo, para llegar a la Rioja Alavesa, cruzando la sierra de Toloño. La etapa desde Genevilla hasta La Guardia es un gozo visual de amplios horizontes.  Si el día está despejado se pueden ver pequeños pueblos en la llanura, la Guardia más lejos en un altozano e incluso Logroño. El día se sumó en belleza con una neblina que fue abriendo para mayor disfrute de la mirada.

El caminar se torna más tedioso en los  extensos campos que atravesamos hasta Laguardia, con los sucesivos viñedos con sus sarmientos invernales. Laguardia, villa medieval, amurallada, cuidada y conservada en lo alto es lugar privilegiado. El portico gótico de la iglesia de Santa María de los Reyes es admirable punto de contemplación por la belleza artística policromada, en perfecta estado conservación, demás de la curiosa  mezcla de estilos arquitectónicos, por ejemplo en la bóvedas que alternan el gótico y el renacentista.

El camino se allana y cruza campos de cultivo especialmente viñedos. Caminamos por la Rioja Alavesa, hacia el  Ebro, que cruzamos para  llegar a la Rioja. El ultimo pueblo alavés es Labarka y primer pueblo riojano Fuenmayor. Pero nuestro destino próximo es Navarrete, de especial interés ignaciano , pues ahí vivió unos años al servicio del Duque de Nájera antes de su convalecencia por las héridas en batalla, que precedió a su proceso de conversión. El palacio del Duque restaurado en la plaza del Arco es hoy la cuidada posada Ignatius, donde me alojo, rememorando el pasado en sus piedras y vigas de madera.

Tras meditar ante el impresionante retablo de la iglesia de la Asunción en Navarrete, con las estatuas de Ignacio y Santiago en su interior retomo el camino. En Navarrete es punto de confluencia, donde se cruzan ambos caminos, el Ignaciano y el de Santiago francés, uno en dirección este y otra oeste. La ruta ignaciana en dirección Logroño en sentido contrario al que llevan los peregrinos santiagueros que vienen de Francia y Roncesvalles pasando por Pamplona.  El paisaje se afea debido a los monótonos campos de cultivo sucesivos y las transitadas carreteras que discurren  próximas a nuestro camino

 

Logroño nos recibe con viento fresco invernal y su agradable casco antiguo, recorrido por peregrinos los que acaban cruzar el puente de piedra sobre el Ebro.  Esta ciudad,  además de buenos vinos y sabrosa comida, me ofrece la oportunidad de practica contemplativa en la Concatedral de Sta. María de la Redonda, la ermita de San Bartolomé y la Iglesia de Santiago junto a la plaza de la Oca, donde se recrea un homenaje lúdico al más concurrido camino.

A pesar de ser un solitario camino, sobre todo en invierno, no podían faltar algunos gratos encuentros con peregrinos, caminantes o peregrinos de la vida. Recuerdo ahora al peregrino con perro cerca del puerto de Opakua que me reconduce al camino junto a la Peña Blanca; a la pareja Laura y Fabiano, en la casa rural Erletxe en Laguardia, donde la vida los llevo desde Friuli en Italia; también al peregrino en Salvatierra que me abrió el refugio y me señaló el atajo para el día siguiente; a la emprendedora y amable señora del palacete Mauleón en Legazpi; y a la amable recepcionista de la cuidada posada Ignatius en Navarrete que me regala un libro del camino ignaciano.

 

La práctica CONTEMPLATIVA que realizo pretender enfocar los sentidos en el presente, además de la atención en la respiración. La primera fue realizada en el interior de la basilica de Loyola frente a su retablo barroco y la última en el interior de Santa María de la Redonda en Logroño.  Consiste generalmente en  8 respiraciones conscientes en contemplación visual del templo,  seguido por otros 8 ciclos de respiración centrado en los sonidos alrededor, y otros  8 ciclos centrado en mis sensaciones corporales externa e internas. Estos ciclos se van alternando durante 8 series.

MEDITACION DE GRATITUD, realizada en la Iglesia de Santiago en Logroño es un buen colofón de las prácticas: consiste en una toma de conciencia de los dones recibidos en el camino, los lugares de posada, los edificios, iglesias y ermitas donde he podido meditar, la belleza paisajística que pude contemplar, los momentos de conexión, la cultura popular e historia que pude conocer, la energía disponible para moverme y cargar la mochila, el alimento conseguido y las personas que lo hicieron disponible, … y  por otro lado su complemento, que es  agradecer también la otra cara de la moneda: por ejemplo las dificultades encontradas, la fealdad , el cansancio o malestar corporal, el desasosiego, el inconveniente,… pues todo se complementa en este mundo dual

 

Resultado de imagen de iglesia de santiago logroño junto al ebro

Gracias por VIVIR el camino!!!

Romero solo (poema)

Este poema de León Felipe me encanta desde que lo conocí. Aprendí a declamarlo en un grupo de teatro a los 18 años, y  ha llegado a convertirse en el  himno poético  de mis peregrinaciones.

Es un canto a la libertad, a la mente abierta y fresca del principiante, del aprendiz…. un canto  al desapego y ligereza del peregrino… un canto al cosmopolita que no entiende de fronteras.

P
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r en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero, romero…, sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.
La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.
No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero.
Un día todos sabemos
hacer justicia. Tan bien como el rey hebreo
la hizo Sancho el escudero
y el villano Pedro Crespo.

Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.
Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Sensibles a todo viento
y bajo todos los cielos,
poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo
ni la flor de un solo huerto.
Que sean todos los pueblos
y todos los huertos nuestros.