¿Por qué mindfulness usa la respiración como foco de atención?

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Mindfulness es una cualidad de la mente o más bien la capacidad intrínseca de la mente de estar presente y consciente en un momento determinado, en un momento en que cuerpo y mente se sincronizan totalmente en un instante de realidad presente.

Dado que la mente tiene ciertas inercias como los pensamientos automáticos y repetitivos, o evasiones del momento presente hacia el pasado y futuro, etc. necesitamos entrenarla para desarrollar esa capacidad de consciencia.Podemos señalar que la practica de mindfulness más básica es la atención en quietud a la respiración, lo que podríamos llamar práctica formal.  Esto se complementa con una serie de prácticas informales, que se hacen en la vida cotidiana, como andar o asearse – o cualquier otra rutina- de modo atento.

“La respiración es algo aburrido -siempre lo mismo una y otra vez. Probablemente habrá algo más interesante que observar” Este tipo de comentario surge a menudo de gente que comienza el entrenamiento en mindfulness. Habiendo muchas practicas informales útiles que parecen más atractivas -como saborear una fruta o el paseo consciente- es importante cultivar una practica formal de mindfulness, como es la meditación básica centrada en la respiración y practicarla de un modo regular, a diario preferiblemente.

Es interesante tener curiosidad sobre el por qué de la práctica en la respiración, pues aunque experimentemos  incomodidad durante la práctica, eso no le resta utilidad. De hecho, quizás sea útil en parte porque la respiración nos muestra nuestra incomodidad, y los patrones de relación que la perpetúan. Mejor que buscar otra práctica de mindfulness más interesante, podemos considerar los posibles beneficios de permanecer con la respiración. Citemos unos pocos:

  • La respiración no trata de llegar a ninguna parte. Dentro, fuera… dentro,  fuera. La respiración no está enfocada en mejorar algo, ni en ser más eficiente, ni en conseguir un fin. Mientras la permitimos, la respiración simplemente hace lo que hace. Es una función vital natural, automática, que podemos hacer consciente en un momento dado. Igual que al respirar, en la vida podemos aprender del ritmo y naturalidad con que la respiración continúa su trabajo y sigue fluyendo
  • La respiración nos enseña resiliencia. La mayor parte del tiempo la mente está divagando, o bien atraida por algo, 0 bien  evitando alguna experiencia desagradable, o persiguiendo algo grato.  Somos propensos a ser arrastrados por cualquier viento, golpeados por los altibajos de la vida. Entrenandonos en prestar atención amable y precisa a la respiración, volviendo a ello una y otra vez, cultivamos una fortaleza que nos permite estar presentes, más calmados, cuando aparece la dificultad o la tentación. Las distracciones siguen viniendo, pero ya no estamos tan perdidos en ellas. Esta es una clave para el bienestar, y la aburrida respiración ofrece una herramienta simple, regular y disponible para practicar y aprender de ella.
  • La respiración ocurre en el cuerpo. Para aquellos que estamos habituados a experimentar todo desde la cabeza, la respiración nos invita a bajar el centro de gravedad. Dejamos de pensar por un tiempo y bajamos al vientre. Sentimos la textura del respirar, su ascenso y descenso, y las sensaciones físicas de movimiento que la acompañan. Esto ayuda a sincronizar cuerpo y mente, trayéndonos más hacia un estado de experimentar el momento presente. Cuando sentimos la respiración, sentimos la esencia de estar vivos. Esto generalmente nos hace sentir bien, incluso cuando pasamos tiempos duros. Como dice Kabat-Zinn: Si estás respirando, hay más de acierto en ti que de error.
  • La respiración es siempre cambiante. ¿Estoy prestando realmente atención a la respiración, o la pretendo controlar? ¿Es esta respiración  igual a la anterior, o sutilmente diferente en duración, textura e intensidad? Cuando te abres a las sensaciones reales del respirar quizá no sea tan tedioso.¿No es algo maravilloso que podamos mantener la vida en cada momento a través de este proceso misterioso de inhalación y exhalación, de oxigenación y bombeo de sangre, del aire llegando a todas las células del cuerpo?  ¿No es asombroso que haya aire para respirar, un cuerpo que lo haga, y una mente que lo observe? Cada momento que nos interesamos en el proceso de respirar, nos entrenamos en desarrollar la curiosidad. ¿Quizá otros aspectos de la vida también contengan joyas que nos perdemos o valores que desestimamos con facilidad?
  • Tu no respiras: la respiración te respira. No estamos al mando de la respiración, o al menos, no mucho. Podemos observar como la respiración es afectada por los estados emocionales, y podemos dirigir o controlar momentáneamente la respiración para lograr ciertos efectos en nuestra mente. Al mismo tiempo, con práctica, es posible aprender a alinearse con la respiración, moviéndose amablemente con ella, mientras se le permite espacio para que fluya con su propio ritmo y profundidad.  Esto es buen entrenamiento para el  reto de la vida, sobre la cual   tenemos solamente un control parcial.
  • La respiración nos invita a descansar y recuperarnos. Cuando nuestros ancestros se enfrentaban con un ataque de depredadores, la respiración se aceleraba y los músculos se tensaban en preparación para la huida o la lucha. Si se sobrevivía al ataque, entonces seguía un período de descanso y recuperación, la respiración se enlentecía y el cuerpo recuperaba el equilibrio. Las mismas reacciones ocurren hoy día en nosotros, excepto que muchas amenazas que enfrentamos son crónicas y continuas (trabajos estresantes, vecinos ruidosos, enfermedades largas, etc) y nuestros cuerpos quizá no tengan oportunidad de volver al equilibrio. La quietud y el espacio de mindfulness en la respiración nos permite acceder a ese estado de recuperación, practicando un tiempo lejos del ritmo frenético de actividad y preocupación en que muchos viven. La atención regular a la respiración puede salvarnos de la sobreexcitación y el colapso.

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Traducido e inspirado en el artículo publicado en Mindfulness Journal  Mindfulness begins with breath

(Para complementar te sugiero este artículo sobre las Inercias mentales)

Meditar caminando

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De manera semejante a la meditación en quietud, la meditación caminando es un ejercicio simple y universal para practicar la calma y la conciencia. Se puede practicar regularmente, antes o después de una meditación sentados, después de una jornada de trabajo o por la mañana, antes de empezarla. El arte de la meditación caminando consiste en aprender a tomar conciencia de que caminas, en usar el movimiento natural del caminar para cultivar una presencia mentalmente despierta.

Elige un lugar tranquilo que te permita ir y venir, de unos veinte pasos al menos. Comienza colocándote en un extremo de esta «senda de caminante» con los pies bien plantados en el suelo. Deja que las manos pendan con naturalidad de manera que estén relajadas.

Cierra un momento los ojos, céntrate y siente tu cuerpo sobre la tierra. Siente la presión en los extremos de los pies y vive todo esto en estado de atención.

Comienza a caminar lentamente. Camina con tranquilidad y dignidad. Presta atención a tu cuerpo. En cada paso, siente cómo se levante tu pie y la pierna se aleja de la tierra. Toma conciencia cada vez que coloques el pie en tierra. Relájate y procura que tu andar sea suelto y natural. Siente cada paso al caminar. Cuando llegues al final del trayecto, detente un momento. Céntrate, date la vuelta con cuidado, detente otra vez para caer en la cuenta del primer paso de regreso.

Sigue regresando al punto de partida. Cuando llegues, empieza de nuevo el recorrido por espacio de unos diez minutos o más. Lo más normal es que, con frecuencia, tu mente se distraiga. En cuanto percibas algunas distracción, advierte con serenidad en que dirección apunta: «vagabundear», «pensar», «escuchar», «planear» … Entonces, procura sentir el paso siguiente. No te preocupes: tendrás que hacer esto un montón de veces. Da igual que te hayas distraído un segundo o diez minutos. Lo que importa es que tomes conciencia de dónde has estado y regreses al presente, al aquí y al ahora, en el siguiente paso que te toque dar.

Después de practicar unas cuantas veces este ejercicio aprenderás a usarlo para serenarte y recogerte, para vivir más despierto, con una conciencia dilatada. De este modo puedes extender esta práctica de manera informal cada vez que tienes que salir de compras o realizar cualquier trayecto a pie. Puedes aprender a disfrutar caminando sin estar siempre pensando, haciendo planes, etc. Basta con que te habitúes a vivir el momento presente, a ensamblar tu cuerpo, tu corazón y tu mente a medida que te mueves.

(inspirado en lecturas de Thich Nhat Hahn)

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El maestro y el sendero

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En el gran teatro del mundo todos tenemos un papel único, igual de importante, y una potencialidad a desplegar; de mendigos a reyes, los roles van cambiando, sucediéndose. La tradición enseña que todos tenemos también una esencia común, pues todos los seres estamos interconectados.

En el camino de la vida, ganamos y perdemos. A veces damos, a veces recibimos. Tropezamos o acertamos, por las buenas o por las penas, y así vamos aprendiendo. A veces enseñamos a otros, a veces aprendemos de otros.

El que enseña o transmite puede actuar en varios niveles:

  • El instructor o monitor –que tanto abunda hoy día- es quién transmite información a sus clientes: es el nivel más básico, suele ser remunerado. El intercambio se realiza a través de cursos más o menos prácticos e intensos, y la relación con los clientes suele ser puntual.
  • El profesor implica además  una vocación didáctica, alguien formado en una materia y que forma a sus alumnos en el marco de una relación más extensa de aprendizaje. Se favorece el contacto personal por afinidad en la materia enseñada.
  • El maestro sería el nivel más profundo de transmisión, alguien que  además induce una transformación en sus discípulos. La palabra maestro tiene cierta connotación espiritual, de vinculación de almas.  Guru, es la palabra en sanscrito – significa que tiene una presencia que cala, que tiene hondura- que denota a alguien conectado con el Ser o naturaleza esencial. El sendero que señala el maestro conlleva una  práctica  disciplinada y constante. Observamos que disciplina y discípulo tienen la misma raíz.

Etimológicamente maestro viene del vocablo latino magister -relacionado con magis, más-. En contraposición ministro se deriva de minister -y se relaciona con minus, menos-. El magister es el que más experiencia tiene en una actividad, el que dirige, ordena… El minister sería el que está a las órdenes, el servidor. Es curioso como hoy día ha cambiado el vocablo: el oficio de ministro es el más importante, privilegiado, el que dirige; siendo el de maestro un oficio minusvalorado.

Podríamos considerar que el sendero tiene un doble aspecto:

-El sendero interno o espiritual o conexión con el Ser, que normalmente es algo gradual. La tradición oriental ha dado más énfasis a este aspecto.

Se dice también que el maestro aparece para que el discípulo despierte al maestro interior, para trascender al miedo, para despertar ese poder que nos conecta con la Fuente. La contrapartida podría denominarse el enemigo interior, nuestro pequeño, que podría incluir los tres venenos de que habla el budismo: la aversión, el apego y la ignorancia.

-Sendero externo o madurativo, que es lo relativo al desarrollo personal y material, lo que hacemos y anhelamos, nuestra dimensión ética y vocacional. La psicología occidental y el coaching han enfatizado este aspecto.

También podemos hablar del magisterio de la vida: se va dando un aprendizaje en el proceso vital de cada cual, y en el complejo ámbito de las relaciones. Muchas veces son los errores y dificultades lo que más nos ayuda a desarrollarnos. El aprendizaje vital habitualmente conlleva esfuerzo y sufrimiento.  Podemos encontrar en  el camino mentores, personas de referencia que nos ayudan; o podemos encontrar  personas difíciles que nos ponen trabas; de todas las experiencias podemos aprender.

Ambos aspectos del sendero pueden ir paralelos e integrarse. En el sendero espiritual se podría decir que Maestro es quien te lleva de la oscuridad a la luz, el que te ayuda a  crecer,  el que posibilita que germine  la semilla que todos llevamos dentro, para florecer o conectar con el aroma del Ser, entendiendo Ser como nuestra dimensión más Real.

Aunque hoy día la figura del maestro está cuestionada en nuestra cultura individualista y egocéntrica,   la presencia física  de alguien experimentado en el sendero se puede considerar una guía  inestimable, una ayuda para potenciar la motivación,  para asentar los pies en tierra, y para despertar los dones internos del practicante. El practicante aprende a soltar, a liberarse de obstáculos mentales, para conectar con su propia luz y guía interna. La capacidad de discernir se va desplegando con el desarrollo de la consciencia.

Según la tradición espiritual, la palabra meditación se puede considerar como la apertura total al Ser. Las prácticas meditativas nos aproximarían gradualmente a ello. El adepto se hace disciplinado, interioriza su mirada, se purifica con una práctica consciente, amable, equilibrada.

(inspirado en el encuentro de la escuela Sanatana Dharma de Aragón en abril de 2016 en Orihuela del Tremedal, Teruel)

   El yoga es unión, prosperidad material y espiritual integradas.

    Para profundizar:  El sendero del Yoga,  Madhava

http://sanatana-dharma.eu/conferencias/Madhava-Las%20etapas%20del%20Sendero%20del%20Yoga.pdf

Meditación y ciclos astrales

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Somos parte del Universo. Parte de un sistema solar o cuerpo solar, siendo el sol el equivalente del corazón, y  los  diversos planetas serían los distintos órganos vitales. Recibimos las influencias del sol y su luz se refleja en los planetas, trasmitiéndonos estos sus diferentes vibraciones.

Pero aunque los planetas influyen, no cambian la voluntad del hombre; impulsan pero no obligan, pues todos tenemos el don de  la libre elección. Si bien es cierto que los planetas influyen en nuestras glándulas (envoltura física) y en nuestra actividad y vida espiritual, este poder debe ser entendido e invocado.

Ciertas posiciones de los astros a lo largo del año producen vibraciones especiales, que podemos aprovechar para una mayor consciencia, para potenciar nuestra energía y propósitos.

La luna, satélite de la tierra, está muy cerca de ella, refleja la luz del sol más potentemente sobre la tierra. Se ha comprobado que afecta a las mareas, y la mujer experimenta sus ciclos que se corresponden con las fases de la luna. Influye en la glándula pineal, la glándula de la receptividad y la sabiduría. La luna representa el inconsciente, lo femenino, las emociones y también, la sabiduría, la intuición. En la fase de luna llena la influencia sobre nuestra mente y cuerpo astral, es mayor, de modo que podemos incrementar la práctica de la consciencia en esos días.

En el momento del nacimiento hay una serie de influencias planetarias importantes para nuestro camino individual. El día de nuestro cumpleaños es importante sentarse a meditar y sintonizar con las influencias que nos ayuden en el camino. Es un gran momento de interiorización, para recordar cómo hemos vivido el último año o ciclo, como hemos avanzado o como nos hemos limitado. Es también una oportunidad de planear los proyectos del próximo ciclo, para contemplar nuestro desarrollo, nuestro destino.

Durante los solsticios se produce un tiempo energético especial, celebrado en rituales solares de la antigüedad. El cristianismo recogió la tradición pagana incorporando la festividad de San Juan y la Navidad, junto a los solsticios de verano e invierno.  El solsticio de verano corresponde al día más largo en el hemisferio norte; es un momento de abundancia, de vitalidad, de purificación. El solsticio de invierno corresponde al día más corto; es un momento   en  que los rituales invocan el retorno de la luz y de la esperanza al mundo oscuro.

La vía meditativa.

La meditación entendida en sentido amplio tendría dos planos el horizontal y el vertical. En el horizontal el hombre se preocupa por sí mismo, y medita para encontrar soluciones a los problemas vitales, trata de calmarse, de descubrir respuestas, de decidir un plan de acción.  La meditación en el plano vertical significa sintonizar con la esencia o Ser real, trascender la mente para conectar con algo más real y profundo. Se trata de combinar ambas meditaciones armónicamente en la vida diaria.

La verdadera meditación u oración contemplativa no pretende conseguir los deseos egoicos, sino que su fin es desinteresado. Cada persona debería encontrar su propio camino meditativo. Meditar sería un forma sagrada de comunicación o conexión. Podemos meditar en grupo e individualmente, y ambas formas son importantes. Al meditar en grupo se potencia su poder  y sus efectos en el mundo.

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Claves de la práctica meditativa

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Meditar es silenciar la mente para ver con claridad  (V. Simón)

Según esta cita, la meditación sería  un estado de conciencia, una forma de ser y estar en el mundo.

Para aproximarnos a su entendimiento, podríamos empezar distinguiendo tres estados de consciencia:

  • Estado de sueño. Dirigido por la mente inconsciente
  • Estado de vigilia. Dirigido por la mente y sus contenidos. Nos identificamos con los movimientos mentales y emocionales.
  • Estado de meditación. Es un estado de no separación, de conexión. La consciencia se desapega de los contenidos mentales y los trasciende. Dirigido por la consciencia testigo. Meditar sería descansar en la pura consciencia de SER.

Igual que para favorecer el sueño se pueden crear unas determinadas condiciones ,  la práctica meditativa trata de poner las condiciones para favorecer el ingreso en un nuevo estado de conciencia. Por ejemplo, ciertas prácticas de concentración que promueven aquietamiento mental.

Podríamos considerar varias claves de la práctica meditativa:

  • La atención. Educamos la atención para que pueda surgir la meditación. Un primer paso es la práctica de la atención sostenida o concentración, que produce unos efectos de calma y otros beneficios.   Cuando la atención está poco cultivada se produce la dispersión.  Lo opuesto a la atención es la cavilación o rumiación, que es la mente arrastrada por bucles repetitivos de pensamiento-emoción.
  • Capacidad de aceptación. La practica nos va alineando con el presente, con una actitud abierta, sin juicios. Lo contrario es la tendencia a la resistencia, a rechazar lo que es, lo que nos incomoda o duele. Aceptar es un proceso del que emerge la paz, el consuelo.
  • Capacidad de observar la propia mente. Al observar los contenidos mentales, pensamientos, emociones,.. que aparecen se aprende a poner distancia. Al ser consciente de ellos, me hago más libre. Lo opuesto es ser esclavo de los propios pensamientos, ser arrastrado por las emociones. Para superar ciertos automatismos necesito tomar consciencia primero.
  • Acogida de uno mismo. Es el aspecto afectivo de la práctica, en oposición a la autocrítica, el autorreproche, la culpa.. que nos produce sufrimiento. Se trata de potenciar la armonía psicológica, de aceptarse como uno es desde la humildad, con su verdad completa. Es importante cuidar este aspecto psicológico para que no sabotee la práctica de interiorizar.
  • Vivir la bondad hacia los demás. Lo contrario es el narcisismo. El narcisista es incapaz de amar a otros, pues es incapaz de amarse y por eso no se expande. Es esencial el cultivo de la bondad. Crecer en consciencia es crecer en bondad y al revés. La bondad en las relaciones sería el test definitivo del camino espiritual.
  • Anclarse en la conciencia que somos. Vamos abriéndonos a la consciencia testigo u observador, conectándonos con esa identidad unificadora. Lo opuesto es seguir identificándose con el yo individual y separado, tendencia de la mente egoica.

Mente es lo que tenemos, consciencia es lo que somos

(inspirado en el taller de E. Martínez Lozano  Otro modo de ver para vivir de otro modo,  impartido en Madrid en febrero de 2015)

Para profundizar:

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La práctica de la espiritualidad

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Necesidad social de la espiritualidad

 Actualmente hay una urgencia social de espiritualidad, pues estamos amenazados por dos peligros simétricos: por un lado, el fanatismo, integrismo y el oscurantismo; por otro lado, el nihilismo.

El peligro integrista lleva a la intolerancia, incluso como sabemos al terrorismo. El nihilismo es la ausencia de valores o principios. El nihilista no respeta nada, no tiene ideales ni valores.  Mientras el integrista intenta apropiarse de los valores morales, el nihilista renuncia a ellos.

La espiritualidad, tanto religiosa como laica, consiste en defender los grandes principios, desde el “no matarás” del cristianismo hasta los valores de igualdad y libertad de la Ilustración. No se trata de inventar una nueva moral, sino de transmitir la moral que hemos recibido, y que se ha ido elaborando a lo largo de milenios, y que ha conformado nuestra civilización.

El hecho de creer o no en un Dios no es tan importante. Lo que es erróneo es que, por el hecho de no creer en Dios o en la religión, prescindamos de la herencia moral o los valores de nuestra tradición, porque eso conduce al nihilismo y echa leña al fuego de los fanáticos, que dirán que la única manera de escapar del nihilismo es la religión. No es necesario creer en Dios para estar ligado a unos valores morales.

 Practicar la espiritualidad

Aunque no se pertenezca a una religión concreta se puede practicar la espiritualidad a través de la meditación, de la oración,  de cultivar momentos de conexión con lo superior,  ser más conscientes, plantearse objetivos que trasciendan el yo personal.

Aunque cada uno pueda haber encontrado su propia senda espiritual, aquí van unas sugerencias para desarrollar la experiencia espiritual:

  • Lee algún libro de temática espiritual o de pensamientos y afirmaciones
  • Explora diferentes religiones o caminos , habla con amigos sobre su espiritualidad.
  • Piensa cada día sobre el propósito de tu vida
  • Piensa que cosas puedes hacer para mejorar el mundo o tu comunidad. Únete a alguna actividad de voluntariado que te motive.
  • Practica meditación u oración, según tu afinidad.

Buscar sentido a la vida

 Darle sentido a nuestra vida no es fácil, y es probable que ese sentido vaya cambiando en el transcurso de la vida. Encontrar sentido es importante para la felicidad. He aquí unas sugerencias de los investigadores:

  • La vida tiene más sentido al perseguir objetivos armoniosos y al alcance de uno, o mejor si se tiene un plan de vida coherente
  • La creatividad (en el arte, la ciencia, o en el propio autoconocimiento) puede dar sentido a la vida de uno o incluso servir de inspiración a otras personas.
  • Muchos encuentran sentido en el trauma y las dificultades. El sufrimiento puede aportar crecimiento y dar un nuevo significado a la vida.
  • Las experiencias espirituales (de consuelo ante una celebración, de sobrecogimiento ante el misterio, de unión con los demás, de admiración ante la belleza o la inmensidad, etc.) sirven para dotar de más sentido a la vida.

 La oración

 Es una manera universal de practicar la espiritualidad. Según las encuestas, 7 de cada 10 personas rezan todos los días; solo un 6 por ciento no reza nunca. Todas las religiones tienen su propia forma y tradición de rezar.

Aquí van unas ideas, si te motiva rezar:

  • Dedica unos minutos a orar cada día. Puede ser una petición para el bien propio o de otros, o simplemente para estar en la presencia.
  • Puedes rezar de forma espontánea y en situaciones concretas. Por ejemplo cuando ves algo hermoso o un acto amable; o bien cuando sientes tensión o rabia.
  • Di una oración al despertarte, antes de dormir o antes de comer. Especialmente interesantes por sus beneficios psíquicos son las oraciones de gratitud.

 La meditación

 Una de las limitaciones de la actual investigación sobre religión es que casi toda gira en torno a las creencias judeocristianas. Las religiones orientales ofrecen una perspectiva distinta: hay una espiritualidad contemplativa explícita. El budismo usa la herramienta de la meditación para el desarrollo espiritual.

La meditación abarca una familia de técnicas con nombres diferentes (meditación zen, vipassana, Meditación trascendental, etc), pero generalmente comparten el ingrediente fundamental de cultivar la atención en el presente.

Se puede hacer de diversas maneras:

  • Meditación de concentración en un solo objeto (un mantra, la respiración, una llama, etc.)
  • Meditación consciente abierta: en  pensamientos, imágenes, sonidos, etc., observando lo que aparece en la consciencia.
  • Meditación contemplativa: abriéndose a lo superior, contemplar el misterio de la vida.
  • Meditación intencional:  para el desarrollo de cualidades (como la bondad, la fortaleza, etc.) o conseguir objetivos.

Los expertos recomiendan varios elementos clave durante la práctica como:

  • No juzgar: observar el momento presente con imparcialidad
  • No esforzarse, despreocuparse, soltar la tensión (actitud de desapego)
  • Tener paciencia: dejar que las cosas se desarrollen a su ritmo.
  • Tener confianza en ti mismo y en la práctica
  • Ser abierto: presta atención a las cosas como si fuera la primera vez

¿Qué es la espiritualidad?

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Dependiendo de las personas variaran las definiciones de espiritualidad y de experiencia espiritual. Pero todas apuntan a un atisbo de algo más profundo o más elevado, más real o significativo que nuestra vida ordinaria.

Podríamos distinguir lo espiritual de lo religioso. Espiritualidad sería la búsqueda de lo sagrado, es decir, búsqueda del sentido de la vida a través de algo que es más grande que el yo individual. Lo religioso también supone búsqueda espiritual, pero dentro de un contexto formal e institucional.

La gente escoge diferentes caminos en esta búsqueda de lo sagrado, según diferentes sistemas de creencias. Entre estos caminos están las religiones organizadas tradicionales (católica, protestante, judía, hindú, budista, musulmana, etc.), los nuevos movimientos espirituales (nueva era, yoga, ecología, etc.) o visiones más individualizadas.

Las religiones ofrecen un marco y un fondo. El marco es el ritual y la jerarquía, pero el fondo (que es la experiencia de unión con algo superior o experiencia espiritual) es más importante. El ser humano confunde el marco con el fondo y muchas veces se queda en las formas.

La nueva espiritualidad aporta marcos más flexibles, muchas personas no quieren marcos formales y rígidos, no quieren intermediarios con Dios o el Ser.

La experiencia espiritual

El estar presente en el aquí y ahora con consciencia es una actividad inherentemente espiritual. Al meditar, concentrado en la respiración o en un mantra, se pueden trascender los vaivenes del pensamiento y se sintoniza el momento presente. Ahí se producen los destellos de la dimensión espiritual.

Estas experiencias algunas personas las experimentan en su interior, como en el corazón, otros las experimentan afuera, arriba o alrededor de ellas. Parece que la dimensión espiritual existe tanto dentro como fuera de nosotros.

Según W. James las experiencias espirituales tienen cuatro características:

  • Inefabilidad: no pueden expresarse adecuadamente con palabras sino que deben experimentarse directamente.
  • Penetración: generalmente implican el descubrimiento de verdades profundas, que no pueden entenderse con la mente racional.
  • Impermanencia: duran un periodo limitado de tiempo, pero pueden repetirse y su significado puede continuar revelándose aunque las experiencias se hayan desvanecido de la memoria.
  • Pasividad: uno puede prepararse para las experiencias espirituales, pero una vez que ocurren, las recibes pasivamente, y se desarrollan en la consciencia con fuerza propia.

Uno puede relacionarse con la espiritualidad de formas muy variadas. Se puede ignorar completamente, se puede creer en ella de una u otra forma, o se puede experimentar por uno mismo esta dimensión.  Podemos decir que hay varios niveles de experiencia, desde creer en el espíritu, despertar al espíritu (o tener alguna experiencia), estar en contacto con él, hasta ser uno con el espíritu (estado de unidad que describen los místicos o maestros).