El bote vacío (una parábola)

 

Un monje decide meditar solo, lejos de su monasterio.

Rema con su bote al medio del lago, lo ancla allí, cierra los ojos y comienza su meditación.

Tras unas horas de silencio imperturbado, de repente nota el golpe de otro bote colisionando con el suyo. Con los ojos todavía cerrados, siente crecer el enfado, y se predispone a gritarle al barquero que osó interrumpir su meditación.

Pero cuando abre los ojos, lo que ve es un bote vacío que quizá fue a la deriva hasta el medio del lago.

En ese momento, el monje alcanza la realización y entiende que la rabia habita dentro de él: simplemente necesita del choque con un objeto externo para que salga afuera. En adelante, cuando se cruza con alguien que le irrita o le provoca rabia, se recuerda a sí mismo:  “Esa persona es simplemente un bote vacío. La rabia está dentro de mi”

 

¿Tradición o modernidad? (un breve cuento)

teepee

Los indios de una remota reserva de EEUU preguntaron a su nuevo jefe si el próximo invierno iba a ser frío o apacible. Dado que el jefe había sido educado en una sociedad moderna, no conocí­a los viejos métodos indios. Así que, cuando miró el cielo, se vio incapaz de adivinar qué iba a suceder con el tiempo…De cualquier manera, para no parecer dubitativo, respondió que el invierno iba a ser bastante frío y que los miembros de la tribu debían recoger leña para estar preparados. No obstante, como también era un dirigente práctico, a los pocos días tuvo la idea de telefonear al Servicio Nacional de Meteorología.

– ¿El próximo invierno será muy frío? – preguntó.

– Sí, parece que el próximo invierno será bastante frío – respondió el meteorólogo de guardia.

De modo que el jefe volvió con su gente y les dijo que se pusieran a juntar todavía más leña, para estar aún más preparados. Una semana después, el jefe llamó otra vez al Servicio Nacional de Meteorología y preguntó:

– ¿Será un invierno muy frío?

– Sí­ – respondió el meteorólogo- va a ser un invierno muy frío.

Honestamente preocupado por su gente, el jefe volvió al campamento y ordenó a sus hermanos que recogiesen toda la leña posible ya que parecía que el invierno iba a ser verdaderamente crudo. Dos semanas más tarde, el jefe llamó nuevamente al Servicio Nacional de Meteorología:

– ¿Están ustedes absolutamente seguros de que el próximo invierno será muy frío?

– Absolutamente, sin duda alguna – respondió el meteorólogo – va a ser uno de los inviernos más fríos que se hayan conocido.

– ¿Y cómo pueden estar ustedes tan seguros?

– ¡Coño, porque los indios están recogiendo leña como locos!

¿Luchar, escapar o tomar el té ? (un relato breve)

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Esta historia la contó un  profesor de  universidad que sirvió en el Ejército Británico en las junglas de Birmania durante la Segunda Guerra Mundial . Era joven y se encontraba lejos de su casa y muy asustado. El explorador de su grupo regresó para darle terribles noticias al capitán. Su pequeña patrulla había tropezado con un gran número de tropas japonesas. La patrulla estaba ampliamente superada en número y completamente rodeada.

El joven soldado británico se preparaba para morir. Suponía que su capitán ordenaría a los hombres combatir para escapar, que era lo más viril. Quizás alguno lo lograría. Si no, morirían llevándose algún enemigo con ellos, que era lo que los soldados hacían normalmente.

Pero no este capitán: ordenó a sus hombres que permanecieran sentados y tomaran una taza de té. Después de todo, ¡era el Ejército Británico!

El joven soldado pensó que su oficial al mando se había vuelto loco. ¿Cómo puede alguien pensar en una taza de té cuando está rodeado por el enemigo, sin salida y a punto de morir? En el ejército, sobre todo en la guerra, las órdenes tienen que ser obedecidas. Todos bebieron pensando que se trataba de su última taza de té.

Antes de que terminaran su infusión, el explorador regresó y susurró algo al oído del capitán. El capitán pidió la atención de los hombres:

– El enemigo se movió –anunció-.  Ahora hay una salida. ¡Tomen su equipo rápidamente y vámonos en silencio!

Todos lograron ponerse a salvo, es por eso que mi colega pudo relatarme la historia muchos años después. Me dijo que le debía su vida a la sabiduría de aquel capitán, no sólo por lo de la guerra en Birmania, sino por diversas situaciones  que vivió después. Muchas veces en su vida se sintió rodeado por el enemigo, completamente superado, sin salida y a punto de morir. Por «enemigo» quería decir enfermedad grave, dificultad terrible y tragedia, en medio de las cuales parecía no haber salida. De no ser por la experiencia de Birmania,  habría tratado de luchar para salir del problema y, sin duda, lo habría hecho mucho peor. Pero, en cambio, cuando el dolor o los problemas graves le acosaban por todos los flancos, simplemente se sentaba a tomar una taza de té.

El mundo siempre está cambiando; la vida es un flujo. Bebió su té, conservó sus fuerzas y esperó el momento -que siempre llega- en que pudo hacer algo efectivo… cómo escapar.

Aquellos a quienes no les gusta el té, recuerden el refrán: «Cuando no hay nada que hacer, no hagas nada». Puede parecer obvio, pero también puede salvar la vida.

(autor desconocido)

La  Manzana  que  quería  ser  Estrella (un cuento)

 

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Había una vez una manzana que siempre había querido ser  Estrella. Nunca quiso ser manzana. Se pasaba las horas pensando, ilusionada, cómo sería vivir una vida brillante desde el cielo.

Un buen día, viendo a las aves ascender hacia lo alto, la manzana les preguntó: – ¿dónde duermen las estrellas?.

Las aves sonriendo, dijeron : -No, querida manzana, las estrellas están en el cielo día y noche, siempre llenas de luz, pero de día el Sol no nos permite divisarlas.

A nuestra protagonista se le avivaron los deseos de ser una Estrella, allá en el alto cielo, cargada de luz inagotable.

Otro día la manzana preguntó al viento :- dime viento, ¿las estrellas están fijas o se desplazan recorriendo el firmamento?.

-Las estrellas recorren todo el firmamento a una velocidad de vértigo, contestó el viento.

Una vez más se avivó el anhelo de convertirse en Estrella. La manzana poco a poco maduraba pero era incapaz de sonreír, no aceptaba su destino y no era feliz.

Un día una familia se refugió bajo las ramas del gran manzano, buscando su sombra protectora. Felices contemplaron las apetitosas frutas, el padre con cuidado agitó el tronco y cayeron varias manzanas, las más maduras. La niña cogió la más hermosa, la observo, la olió y la frotó con su vestido dejándola muy brillante. Luego le pidió la navaja a su padre y sin saber por qué pero con mucho cuidado, la corto de forma transversal, en horizontal ; la pequeña quedó asombrada al ver la Estrella que apareció en el Corazón de la manzana, ¡mirad qué maravilla, aquí hay una Estrella! gritó la niña demandando la atención de toda la familia.

La manzana había vivido sin darse cuenta de que dentro de sí guardaba lo que tanto ansiaba, sólo que para mostrar su Estrella tenía que abrirse y  brindarse a los demás.

¡Tantas veces buscamos fuera lo que llevamos dentro!

LA ENSEÑANZA DE LOS GANSOS

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Este otoño, cuando veas los gansos dirigiéndose hacia el sur, fíjate que vuelan formando una “V”, tal vez te interese saber lo que la ciencia ha descubierto acerca del porqué vuelan en esa forma.

Se ha comprobado que cuando el ave bate sus alas, produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de él. Volando en “V”, la bandada completa aumenta por lo menos un 71 por ciento su poder de vuelo.

Las personas que comparten una dirección común y tienen sentido de comunidad, pueden llegar a donde deseen más fácil y rápidamente, porque van apoyándose entre ellos. Cada vez que un ganso sale de la formación siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo solo y rápidamente regresa a su formación para beneficiarse del poder del compañero que va adelante.

Si nosotros tuviéramos la inteligencia de un ganso, nos mantendríamos con aquellos que se dirigen en nuestra misma dirección.

Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso toma su lugar. Obtendremos mejores resultados si tomamos turnos, haciendo los trabajos difíciles.

Los gansos que van detrás, graznan para alentar a los que van delante y mantener la velocidad.  Una palabra de aliento produce grandes beneficios.

Finalmente, cuando un ganso se enferma o cae herido por un disparo, otros dos gansos se salen de la formación y lo siguen para ayudarlo y protegerlo, se quedan acompañándolo hasta que muere y sólo entonces vuelven a su bandada o se unen a otro grupo.

Si nosotros tuviéramos la inteligencia de un ganso nos mantendríamos uno al lado del otro, apoyándonos y acompañándonos.

 “Volemos en “v” y alcanzaremos el éxito.”

(Anónimo)

EL CAMPESINO Y EL BURRO (un cuento)

 

burroUn día, el burro de un campesino se cayó en un pozo. El animal gemió fuertemente por horas, mientras el campesino trataba de pensar  qué hacer.

Finalmente, el campesino decidió que el burro ya estaba viejo, el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo.

Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una pala y empezaron a tirar tierra al pozo.

El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y rebuznó horriblemente. Luego, para sorpresa de todos, se aquietó después de unas cuantas paladas de tierra.

El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio… Con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble: se sacudía la tierra y pateaba encima de la tierra.

Muy pronto todos vieron sorprendidos como el burro llegó hasta la boca del pozo, saltó por encima del borde y salió trotando…

 La vida va a tirarte tierra, todo tipo de tierra… el truco para salir del pozo es sacudírsela y usarla para dar un paso hacia arriba.

 Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Podemos salir de los más profundos huecos si no nos damos por vencidos… Usa la tierra que te echan para salir adelante.

¿Reflexión o tradición?

bank

Se cuenta que en medio del patio de un cuartel militar situado junto a un pueblecito cuyo nombre no recuerdo, había un banco de madera. Era un banco sencillo, humilde y blanco.

Junto a ese banco, las veinticuatro horas del día, los soldados se alternaban en una guardia constante, noche y día. Nadie sabía por qué. Pero lo cierto es que la guardia se hacía. Se hacía noche y día, todas las noches, todos los días, y de generación en generación, todos los oficiales transmitían la orden y los soldados la obedecían.

Nadie dudó nunca, nadie preguntó nunca: la tradición es algo sagrado que no se cuestiona ni se ataca: se acata. Si así se había hecho siempre, por algo sería. Así se hacía, siempre se había hecho y así se haría.

Y así siguió haciéndose hasta que un día alguien, no se sabe bien quién, quizás un general o un coronel curioso, quiso ver la orden original.  Hizo falta revolver a fondo los archivos. Y después de mucho hurgar se encontró: ¡Hacía 31 años, 2 meses y cuatro días que un oficial había mandado montar guardia junto al banco, que estaba recién pintado, para que a nadie se le ocurriera sentarse sobre la pintura fresca!