El maestro y el sendero

palma

En el gran teatro del mundo todos tenemos un papel único, igual de importante, y una potencialidad a desplegar; de mendigos a reyes, los roles van cambiando, sucediéndose. La tradición enseña que todos tenemos también una esencia común, pues todos los seres estamos interconectados.

En el camino de la vida, ganamos y perdemos. A veces damos, a veces recibimos. Tropezamos o acertamos, por las buenas o por las penas, y así vamos aprendiendo. A veces enseñamos a otros, a veces aprendemos de otros.

El que enseña o transmite puede actuar en varios niveles:

  • El instructor o monitor –que tanto abunda hoy día- es quién transmite información a sus clientes: es el nivel más básico, suele ser remunerado. El intercambio se realiza a través de cursos más o menos prácticos e intensos, y la relación con los clientes suele ser puntual.
  • El profesor implica además  una vocación didáctica, alguien formado en una materia y que forma a sus alumnos en el marco de una relación más extensa de aprendizaje. Se favorece el contacto personal por afinidad en la materia enseñada.
  • El maestro sería el nivel más profundo de transmisión, alguien que  además induce una transformación en sus discípulos. La palabra maestro tiene cierta connotación espiritual, de vinculación de almas.  Guru, es la palabra en sanscrito – significa que tiene una presencia que cala, que tiene hondura- que denota a alguien conectado con el Ser o naturaleza esencial. El sendero que señala el maestro conlleva una  práctica  disciplinada y constante. Observamos que disciplina y discípulo tienen la misma raíz.

Etimológicamente maestro viene del vocablo latino magister -relacionado con magis, más-. En contraposición ministro se deriva de minister -y se relaciona con minus, menos-. El magister es el que más experiencia tiene en una actividad, el que dirige, ordena… El minister sería el que está a las órdenes, el servidor. Es curioso como hoy día ha cambiado el vocablo: el oficio de ministro es el más importante, privilegiado, el que dirige; siendo el de maestro un oficio minusvalorado.

Podríamos considerar que el sendero tiene un doble aspecto:

-El sendero interno o espiritual o conexión con el Ser, que normalmente es algo gradual. La tradición oriental ha dado más énfasis a este aspecto.

Se dice también que el maestro aparece para que el discípulo despierte al maestro interior, para trascender al miedo, para despertar ese poder que nos conecta con la Fuente. La contrapartida podría denominarse el enemigo interior, nuestro pequeño, que podría incluir los tres venenos de que habla el budismo: la aversión, el apego y la ignorancia.

-Sendero externo o madurativo, que es lo relativo al desarrollo personal y material, lo que hacemos y anhelamos, nuestra dimensión ética y vocacional. La psicología occidental y el coaching han enfatizado este aspecto.

También podemos hablar del magisterio de la vida: se va dando un aprendizaje en el proceso vital de cada cual, y en el complejo ámbito de las relaciones. Muchas veces son los errores y dificultades lo que más nos ayuda a desarrollarnos. El aprendizaje vital habitualmente conlleva esfuerzo y sufrimiento.  Podemos encontrar en  el camino mentores, personas de referencia que nos ayudan; o podemos encontrar  personas difíciles que nos ponen trabas; de todas las experiencias podemos aprender.

Ambos aspectos del sendero pueden ir paralelos e integrarse. En el sendero espiritual se podría decir que Maestro es quien te lleva de la oscuridad a la luz, el que te ayuda a  crecer,  el que posibilita que germine  la semilla que todos llevamos dentro, para florecer o conectar con el aroma del Ser, entendiendo Ser como nuestra dimensión más Real.

Aunque hoy día la figura del maestro está cuestionada en nuestra cultura individualista y egocéntrica,   la presencia física  de alguien experimentado en el sendero se puede considerar una guía  inestimable, una ayuda para potenciar la motivación,  para asentar los pies en tierra, y para despertar los dones internos del practicante. El practicante aprende a soltar, a liberarse de obstáculos mentales, para conectar con su propia luz y guía interna. La capacidad de discernir se va desplegando con el desarrollo de la consciencia.

Según la tradición espiritual, la palabra meditación se puede considerar como la apertura total al Ser. Las prácticas meditativas nos aproximarían gradualmente a ello. El adepto se hace disciplinado, interioriza su mirada, se purifica con una práctica consciente, amable, equilibrada.

(inspirado en el encuentro de la escuela Sanatana Dharma de Aragón en abril de 2016 en Orihuela del Tremedal, Teruel)

   El yoga es unión, prosperidad material y espiritual integradas.

    Para profundizar:  El sendero del Yoga,  Madhava

http://sanatana-dharma.eu/conferencias/Madhava-Las%20etapas%20del%20Sendero%20del%20Yoga.pdf

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