Actitud mental para la perseverancia

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Gary Faris, era un especialista en PNL, que sufrió un grave accidente: un camión le atropelló cuando entrenaba corriendo, quedó incapacitado, y se le pronosticó que ya no podría andar con normalidad y mucho menos correr. Se embarcó entonces en un largo proceso de recuperación. Hoy corre y entrena regularmente a nivel de competición.

A la vez que se rehabilitaba, se dedicó a estudiar las características clave de los atletas que siguieron procesos de rehabilitación con éxito, estudió y profundizó en el tema, para descubrir las actitudes mentales subyacentes. Con el tiempo, Gary encontró seis patrones mentales que compartían los atletas que se habían rehabilitado por completo. Luego se comprobó que estos seis patrones mentales son de aplicación a una gran variedad de situaciones, siendo las características fundamentales de toda actitud mental positiva.

Las seis características de la actitud mental positiva

Ninguna de ellas es más importante que las otras. Aunque se presentan de forma secuencial todas son importantes. Y es su interacción simultánea de todas ellas lo que le da potencia para una sólida actitud mental positiva.

  1.   Motivación interna. Estos atletas se motivaban a acercarse a un objetivo específico como era recuperar sus capacidades y a la vez pretendían alejarse de determinadas consecuencias desagradables, como era la inmovilidad.  Es decir empleaban de forma simultánea estos dos tipos de motivación. Aunque la más importante era acercarse a un objetivo positivo.
  2.  El valor de los objetivos elevados. Detectó que los atletas estaban consagrados a recuperar plenamente la fuerza y la salud. Tenían  aspiraciones muy altas. Aunque ello puede implicar un riesgo de decepción, que se evita al aplicar las dos claves siguientes.
  3. Fragmentación de objetivos. El tercer elemento clave fue la capacidad de concentrarse en el proceso paso a paso. Los pasos consecutivos eran muchas veces muy pequeños, como mover un dedo un poco más.  Fragmentar objetivos tiene dos ventajas. Primero, posibilita concentrarse en pequeñas tareas factibles. Segundo, se obtienen grandes satisfacciones al completar cada uno de estos pequeños pasos.
  4. Combinación de marco temporal presente y futuro. El cuarto elemento clave era su modo de pensar en el tiempo, que combinaba dos habilidades. La primera consiste en mantenerse en el presente y concentrarse en los pequeños objetivos cotidianos. La segunda era la capacidad de pensar de forma plena en un futuro positivo, concentrándose en un buen resultado a largo plazo. La motivación exitosa combina ambas habilidades.
  5.  Compromiso personal. El quinto elemento para el éxito consiste en el compromiso personal del deportista. Observó que cuanto más activamente se implicaban en su propio plan de rehabilitación más se beneficiaban. Se trata de colaborar activamente, lo cual funciona mucho mejor que dejarlo todo en manos de los expertos o las máquinas. Actuar para nosotros mismos es importante.
  6. Autocomparación. El sexto y último elemento clave es el modo en que los atletas juzgaban su actuación y qué comparaciones mentales establecían. Descubrió que los triunfadores contemplaban sobre todo su propio progreso. Establecían una autocomparación. La sensación de progreso provenía de comparar los inicios con los logros presentes. Las comparaciones con otros encierran un peligro: pueden ser desalentadoras si la persona se compara con un modelo muy avanzado, o tiene poca autoestima. Sin embargo, los logros de otras personas también pueden ser modelos y fuentes de información sobre los propios avances.

 

Para saber más: PNL, la nueva tecnología del exito. Ed. Urano

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Hábitos mentales poco útiles

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En los últimos años, la psicología  ha estudiado un fenómeno que afecta negativamente al bienestar, que es el pensamiento excesivo (overthinking) o rumiación. Algunas personas tras algún acontecimiento desagradable (p.e. una pérdida, una decepción o crítica, etc.) se ponen a reflexionar sobre aspectos negativos de sí mismas. Muchos creen que cuando estamos tristes debemos mirarnos por dentro, repasar mentalmente las situaciones y los sentimientos. Pero numerosos estudios demuestran lo contrario, que pensar demasiado mantiene o empeora la tristeza, destruye la motivación, reduce la capacidad de resolver problemas,  obstaculizando la concentración y la iniciativa.

También se ha estudiado el hábito de comparación social, o pensamiento comparativo. Establecemos comparaciones, en nuestro mundo relaciones, que a veces son favorables y a veces desfavorables para nosotros. Pueden ser útiles, estimularnos a veces, o hacernos sentir mejor.  Pero la mayor parte del tiempo es perjudicial observar lo que otros hacen. Compararse hacia arriba puede provocar sentimientos de inferioridad, disgusto y pérdida de autoestima; compararse hacia abajo puede provocar sentimientos de culpa, temor, afrontar envidias,etc.

Se ha investigado extensamente este asunto,  resultando  que las personas más felices no tienden a compararse con otros y las menos felices sí. También se comprobó que las personas más felices se alegran de que a los demás les vaya bien, y se preocupan cuando fracasan. En cambio la persona infeliz se entristece con los logros de otros y se tranquiliza con los fracasos de otros.

Para una persona con estos hábitos de pensamiento le ayudará aprender a canalizar su atención  hacia algo más positivo o neutro, o aprender a ser capaz de enfocarse en otras actividades, o bien aprender a poner distancia con sus contenidos mentales

Técnicas para disminuir el pensamiento obsesivo y la comparación social

  • Distraerse. Elige una actividad interesante que te divierta, que te absorba. Es una solución a corto plazo, que ya puede ayudar mejorar el ánimo.
  • Técnica del ¡Basta!.- Decirse No o Basta, cada vez que eres consciente del hábito. Cambia a pensar en otra cosa neutra.
  • Haz una lista de situaciones (lugares, momento y personas) que te inducen a ese hábito, e intenta evitarlas o modificarlas.
  • Buscar un momento obligado para pensar obsesivamente. Reservar 30 minutos al día para eso.
  • Hablar con alguien comprensivo o escribir sobre lo que piensas. Muchas veces el expresar ayuda a descargar y quitar importancia.
  • Actuar.  Empezar a hacer algo para resolver situaciones o problemas concretos.
  • Otra técnica sería fortalecer tu autoestima y confianza. Por ejemplo aprender algo nuevo, buscar recursos o información valiosa.
  • Practicar relajación y meditación ayuda a tomar distancia de las preocupaciones o pensamientos repetitivos, se aprende a reenfocar la atención en el momento presente.  La práctica continuada tiende a aumentar el bienestar.
  • Hacerse preguntas relativizadoras, por ejemplo ¿Tendrá importancia esto dentro de un año?

Lectura para profundizar. La ciencia de la felicidad, de S. Lyubomirsky (ed. Urano)