Aprendiendo a soltar

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Una  conducta humana muy frecuente es  la de intentar  atesorar objetos, relaciones, poder, dinero, títulos, etc. De esa manera buscamos seguridad. Esa parte de nosotros mismos a la que denominamos ego, nos hace sentirnos insuficientes y buscamos compensación para sobrevivir. Pero aunque tengamos suficiente, no dejamos de querer más. Nuestro ego cree que cuanto más consiga y cuanto más controle, más feliz será. Todo lo cual es incierto.

Este deseo de aferrarse a las cosas choca con una característica de la realidad, que es la impermanencia. Nada material permanece estable. Todo se transforma y desaparece. El tiempo nos va arrebatando posesiones,  personas, la salud, y al final la vida. Por eso la pretensión de retener cualquier cosa es absurda. Esto nos causa sufrimiento. Dice una cita budista: Donde hay apego, hay sufrimiento.

 Soltar es un proceso

Es bueno aprende a soltar, a no apegarse. Esto es lo que hacemos todas las noches al acostarnos. Nos desprendemos de nuestras preocupaciones para conciliar el sueño. Sabemos por experiencia que cuando nos aferramos a nuestros asuntos no logramos dormir. Solo al renunciar al control  y soltar podemos dormir.

Cuando aparecen dificultades o problemas en la vida a veces es aún más complicado, pues podemos estar muy embrollados en  una  situación  y con unos sentimientos demasiado intensos como para poder soltar. Al afrontar emociones difíciles se trata de  entrar en un proceso donde primero se requiere poner consciencia,  observando sin reprimir o negar lo que es, permitir la emoción y darle un espacio para que se exprese; darnos cariño y comprensión, para finalmente  llegar a un estado de calma donde sea  posible soltar lastre emocional.

Muchas veces queremos huir de algo porque nos desagrada o molesta . No confundamos esto con soltar, sino que se trata de rechazo y evasión, de oponer resistencia.  Podemos recordar la otra cita budista: Donde hay aversión, hay sufrimiento.

Cuando no es posible soltar, se puede simplemente dejar estar lo que se presenta, ya sea miedo, rabia o dolor. Se trata de aprender a no quedar atrapados en pensamientos que alimentan estas emociones negativas; se trata de no evadirnos o tapar lo molesto, sino de hacernos conscientes, permitir ir y venir a las emociones intensas y los pensamientos. Hasta que estemos preparados para dejar ir.

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