COMUNICACIÓN CONSCIENTE: EXPRESAR, ESCUCHAR…

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Mindfulness o atención plena es una cualidad de la mente, su capacidad intrínseca de estar presente y consciente en un momento determinado en que cuerpo y mente se sincronizan totalmente en un instante de realidad

En toda comunicación  encontramos estos dos elementos: la expresión y la escucha. La práctica de la atención plena puede transformarlos totalmente.

Nuestras palabras  a menudo no se corresponden con lo que queremos decir. Según nuestro estado, podemos hablar sin conexión con lo que sentimos o necesitamos.

Se vive mucho estrés en las relaciones por no saber reconocer nuestras necesidades o afirmar nuestras  prioridades. Necesitamos aprender a expresar lo que queremos y también a decir no y definir nuestros límites.

¿Cómo comenzar a hacer esto? Una clave es aplicar  atención plena a nuestras emociones y aceptarlas sin juicios. No es fácil si hemos creído toda la vida que no está bien tener ciertas vivencias (como la rabia, la tristeza o la envidia, por ejemplo). Pero los sentimientos  no son ni buenos ni malos, son solo parte de la experiencia. Podemos empezar a suspender la censura o juicio en relación con ellos. Al ser conscientes de ellos y aprender a aceptarlos encontramos formas más constructivas de comunicarlos. Cuando los suprimimos o nos dan miedo pueden sorprendernos causando tensiones o desbordamiento emocional.

Nos responsabilizamos de nuestras emociones, hablando en términos de yo, en lugar de tú (es decir, yo siento esto, en vez de tú  me haces  esto y tienes la culpa de lo que siento) Se trata de no dar poder a otros sobre nuestros sentimientos.  La parte más importante de una comunicación eficaz consiste en mostrarse atentos a los propios sentimientos, sin responsabilizarnos de la parte que no nos corresponde.

La escucha es un arte descuidado en la comunicación habitual. Es importante tomarnos tiempo para responder. Usar el silencio para permitirnos respirar y sentir, sin perder energía en la reacción automática.

Normamente no se escucha para comprender sino para contestar. La escucha auténtica es hacer silencio dentro de uno, acallando juicios, suposiciones, expectativas, etc. Normalmente gran parte de nuestra atención está bloqueada por nuestros pensamientos y reacciones.

La capacidad de escucha profunda a alguien proviene de saber escucharse a uno mismo, incluso a las partes  más oscuras y vulnerables. Cuando mi mundo interior deja de ser una amenaza para mi, empiezo a poder escuchar lo que siente otro ser humano.

Permitir el silencio, dejar que sucedan las pausas…, no correr a  expresar nuestro punto de vista. Parece que nos da miedo el vacío . Nos hemos acostumbrado tanto a vivir en el ruido, a llenar los huecos,… que el silencio se vive como incómodo.

La mayoría de las interacciones humanas se limitan a un intercambio  de palabras, en el mundo del pensamiento. Cuando aprendemos a escuchar, atendemos también a los gestos y mensajes corporales,  a las emociones del otro,  nos abrimos a la empatía y la conexión.

La verdadera escucha va más allá de la audición. Es un espacio abierto en el que las palabras son recibidas. Ese espacio es un campo de consciencia unificador en el que nos encontramos con otra persona más allá de las barreras creadas por el pensamiento conceptual. Podemos relacionarnos desde la presencia. Entramos en el Ahora, el espacio en el que surgen las palabras, entonces estas dejan de ser lo más importante.

 

Lectura inspiradora: El silencio habla, de Eckhart Tolle;

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