Cultivar optimismo

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Culturalmente parece que se equipara  ser optimista con autoengañarse o no querer ver la realidad.  Pero la realidad siempre la vemos a través de nuestro filtro mental. Las gafas rosas del optimismo distorsionan la realidad del mismo modo que las gafas negras del pesimismo. Y parece que por alguna razón el filtro pesimista se cree más cercano a la realidad.

De todos modos generalmente vemos la realidad positivamente sesgada, tendemos a confiar en un futuro prometedor y se recuerda el pasado mejor de lo que fue: es una ilusión positiva que nos ayuda a adaptarnos. En cambio la persona deprimida tiene predominantemente tendencias negativas, perdiendo la capacidad de ilusión positiva de una persona normal.

Puede existir un optimismo ingenuo que es la tendencia a creer que las cosas van a salir bien porque sí, sin que uno intervenga activamente. También hay personas que se escudan en un pesimismo defensivo,  estrategia que usan para no decepcionarse si las cosas salen mal.

Es más adecuado hablar de un optimismo inteligente, una actitud de elegir una perspectiva de la vida estimulante y constructiva. También podemos hablar de un optimismo flexible, actitud que adoptamos según el momento, optando por ser prudentes y críticos en situaciones de alerta, o más confiados y positivos en situaciones más relajadas.

Tanto el optimismo como la gratitud se asemejan por ser cualidades que buscan lo positivo en cada situación. Aunque la gratitud se orienta más hacia el pasado y el optimismo hacia el futuro.

Se han dado distintos enfoques en su estudio, unos lo han considerado como  la expectativa global de un futuro positivo; otros lo han estudiado como la manera que las personas explican sus resultados, éxitos o fracasos.

El optimismo no es un autoengaño. El mundo puede ser un lugar espantoso y cruel y al mismo tiempo, puede ser maravilloso, según donde enfoques la atención.Se puede elegir qué posibilidad pones delante. Ser optimista supone una decisión sobre la manera de ver el mundo . No quiere decir que se evite lo negativo o desfavorable. De hecho los optimistas, según las investigaciones, prestan más atención a los riesgos, y son más conscientes de que los resultados dependen de su esfuerzo.

Las estrategias de afrontar el estrés del optimista se orientan al problema (planificación, reinterpretar positivamente…) y las del pesimista se orientan a evitar el problema (negación, distanciamiento, consumo de alcohol y drogas,….) Estas diferencias podrían explicar que el pesimismo se relacione con más síntomas físicos y peor estado de salud.

Es estilo explicativo se refiere a como una persona se explica lo que le ha sucedido. El estilo explicativo optimista y pesimista son muy divergentes. Por ejemplo ante un examen suspendido, el optimista puede pensar que no tuvo tiempo de prepararlo bien o fue muy difícil, en cambio el pesimista puede pensar que no vale para estudiar, que todo le sale mal, que tiene mala suerte, etc.

Se ha estudiado si la actitud pesimista influye en la depresión, concluyéndose que es una de las causas principales. Otro factor clave es si hay un pensamiento rumiativo, es decir que la persona vuelve una y otra vez al pensamiento negativo. El depresivo se aferra a pensamientos obscuros, se queda atrapado en lo malo que sucede, suele experimentar  sentimientos de culpa, llegando a lograr una incapacidad de volver a ver lo positivo o experimentar placer.

Los beneficios de una actitud optimista, confirmados por la investigación, son:

  • Tiene efectos motivadores. Los optimistas se fijan más metas.
  • Se dedica más esfuerzo a alcanzar los objetivos. Se relaciona con más persistencia y disposición a afrontar dificultades.
  • Se ha observado mayor resistencia al estrés de las personas optimistas
  • Se obtienen estados de ánimo positivos y vitalidad
  • Muchos estudios confirman que el optimismo se relaciona con mayor longevidad y mejor salud.
  • Parece que las actitudes pesimistas se relacionan con menor rendimiento del sistema inmunitario.

CULTIVAR UNA ACTITUD OPTIMISTA

Este es uno de los primeros campos de estudio de la psicología positiva. Se considera que es posible aprender estilos de pensamiento optimistas, o más positivos. Lo cual requiere autoobservación y cierta disciplina en autocuestionamiento, para llegar a reinterpretar las situaciones de modo más constructivo.

El optimismo en una actitud  que se va desarrollando con la práctica.

Diario del mejor yo posible. 

      Escribe durante 20 a 30 minutos lo que esperas que sea tu vida dentro de 1, 5 o 10 años. Imagina un futuro en el que todo ha salido como querías, has hecho lo mejor posible y has alcanzado todos tus objetivos.

Una variante es identificar objetivos a largo plazo y descomponerlos en objetivos secundarios. Es decir  escribir los pasos que irás dando para llegar al objetivo final. Se flexible, pues hay muchos caminos u opciones.

Se sugiere recordar ocasiones de éxitos pasados, y reconocer las virtudes y recursos que uno tiene.

También se trata de buscar soluciones ante obstáculos y limitaciones que puedan aparecer.

Reconocer los pensamientos barrera

      A veces se tienen pensamientos pesimistas automáticos. Se trata de reconocerlos, escribirlos y buscar a continuación formas de reinterpretar la situación, haciéndose preguntas como:

¿Qué más podría significar esta situación?

¿Puedes salir algo bueno de ella?

¿Presenta alguna oportunidad para mi?

¿Qué puedo aprender para aplicar en el futuro?

¿He desarrollado algo bueno como consecuencia?

Lectura para profundizar: Optimismo inteligente, de Carmelo Vázquez y Mª Dolores Avia

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