Cultivando el perdón

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Ante un daño o agresión, parece que la primera inclinación natural del ser humano es reaccionar de forma negativa, o bien devolviendo el daño (es decir, vengarse) o bien evitar a la persona. Estas respuestas generan consecuencias dañinas, destruyen relaciones y perjudican la salud física y emocional de las personas.

Quizá sea el perdón el único factor que pueda romper el círculo de conducta evasiva y vengativa que nos encontramos. Todas las religiones del mundo defienden el perdón. Perdonar consiste en reprimir o mitigar lo que nos impulsa a la evitación y la venganza (emociones de rabia, desilusión u hostilidad) y sustituirlo por actitudes y sentimientos más positivos o beneficiosos.

Además de la capacidad de perdonar a otros, también existe la perspectiva de aprender a pedir perdón. Y además está el perdonarse a uno mismo.

¿Que no es perdonar?

  • No es justificar comportamientos negativos o improcedentes
  • No significa aprobar o defender conductas dañinas. No excluye tomar medidas
  • No es negar o reprimir la rabia o el dolor.
  • No es adoptar una actitud de superioridad
  • No significa que debas cambiar de conducta o reanudar una relación
  • No exige que te comuniques verbal y directamente con la persona
  • No significa ser pasivo o evitar tomar medidas.

¿Por qué perdonar?

Es algo que se hace por uno mismo y no por la persona que nos ha hecho daño. El motivo más obvio es liberarnos de la rabia y el rencor crónico, que nos hace daño emocional y físicamente.  A nivel social el perdón fortalece nuestras relaciones personales y ayuda a profundizar nuestra sensación de humanidad compartida (todos somos vulnerables y todos podemos herir a otros)

¿Por qué cuesta tanto?

Frecuentemente existen beneficios de aferrarnos al resentimiento y al dolor:

  • El estar enfadado da una sensación de poder. A veces la rabia encubre desilusión, miedo, etc.
  • Se usa la rabia como impulso para conseguir que se hagan cosas, en lugar de usar la empatía. Se usa para controlar y manipular a los demás.
  • Nos sirve para evitar la comunicación y los sentimientos. Se pueden temer las consecuencias de decir la verdad o expresar intimidad. Nos sirve de protección
  • Para mantener un papel de victima. Nos justifica de no responsabilizarnos por lo que nos sucede en la vida.

 ¿Que es entonces el perdón?

  • Es una decisión, de ver la esencia pura, más allá de los límites de la personalidad, de los miedos, carencias y errores.  Decidimos ver la luz y no la lámpara
  • Es una actitud. Nuestra percepción es una opción, no un hecho objetivo. Percibimos bajo el comportamiento negativo los condicionamientos, el niño herido, etc. Podemos estar en desacuerdo con alguien sin retirarle el cariño.
  • Es un proceso, que exige cambiar percepciones una y otra vez. Es un cambio a una visión más profunda. Vamos debilitando la perspectiva superficial del ego.
  • Es una forma de vida. Es ver cada instante como nuevo, libre de percepciones pasadas. No es algo solo para hacer en momentos de rabia.

Perdonarse a uno mismo.

Amarse y perdonarse son esencialmente la misma cosa. Se trata de la plena aceptación de nosotros. Pero suele haber una resistencia a perdonarnos, pues supone abandonar la culpa, la autocrítica, la vergüenza,…. Se trata de salir del circulo vicioso de la culpa, que destruye la autoestima, y conectar con nuestra esencia. Perdonarnos no significa justificar un comportamiento dañino, ni que se deje de sentir remordimiento, sino decidir seguir adelante con más paz y amor.

 PRACTICAR EL PERDÓN

Las siguientes técnicas pueden ser difíciles de poner en práctica, pero pueden dar beneficios enormes.

  • Una estrategia es contactar con alguien que tenga la virtud de saber perdonar y preguntarle como lo consigue. También uno se puede inspirar en personajes públicos que han sabido perdonar como Gandhi, Mandela, Desmond Tutu, etc
  •  Escribir una carta de perdón.  Si uno está atascado en la amargura o resentimiento, una buena estrategia es escribir una carta de perdón. En la carta, describe con todo detalle el agravio o la ofensa que has sufrido. Explica como te afectó en aquel momento y cómo te sigue afectando en el presente. Di lo que deseas que hubiese hecho en cambio la otra persona. Finaliza la carta con una declaración explícita de perdón y comprensión (p.e. “ahora me doy cuenta que lo hiciste lo mejor que sabías en aquel momento y te perdono”).  El perdón es una estrategia que requiere esfuerzo y motivación. A veces uno necesita empezar con un ejercicio de perdón sencillo, antes de afrontar casos más dolorosos.
  • Tratar de empatizar.  Utiliza tu imaginación para identificarte con el ofensor y concederle el perdón. Si logras alcanzar  comprensión y consideración por la perspectiva del otro, más fácil será perdonar. También puede ayudar el pensar cosas buenas del ofensor. Se puede escribir la carta de disculpa que a uno le gustaría recibir de esa persona. Las disculpas nos humanizan, se reconocen los aspectos vulnerables e imperfectos de las personas. La disculpa a menudo incluye explicación de lo que se estaba pensando en el momento del daño, si hubo un error, si las intenciones eran buenas.
  • Apreciar ser perdonado. Antes de ser capaz de perdonar a alguien, un buen primer ejercicio consiste en apreciar un caso en el hayas sido perdonado tú. Se trata de analizar la experiencia.Otra manera de apreciar ser perdonado es pedir que te perdonen. Se sugiere hacerlo por escrito, aunque enviar la carta es una decisión personal,  a veces no es posible o es poco prudente.
  • Intentar detener el pensamiento recurrente, que desencadena los viejos sentimientos de rabia, dolor, culpa o frustración  o poder observarlo sin dejarse arrastrar
  •  Establecer contacto.  Aunque perdonar es algo que haces para tu bien, a veces es bueno comunicarlo por el bien de la otra personay de tu relación con ella. Aunque no depende solo de ti, se trata de intentarlo si te parece bueno que  la relación continúe.
  •  Recordar. Cuando uno cae de nuevo en la ira o la amargura, recordarse otra vez que uno quiere perdonar. Se trata de un proceso, de ir construyendo un hábito.
  •  Practicar la meditación del perdón.  En estado de interiorización  podemos favorecer conexiones neuronales favorables a la capacidad de perdón y potenciar esta capacidad.La visualización puede ayudar en el proceso. Podemos imaginar durante unos minutos al día que abrazamos con cariño a una persona y la pedimos perdón. También podemos imaginar que nos perdonamos a nosotros mismos. Igualmente que otorgamos perdón.

Lectura para profundizar: Perdonar, de Robin Casarjian. Ed. Urano

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