Cultivando bondad y amabilidad

armonia

El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad. (L. W. Beethoven)

Una de las conclusiones más sólidas en la reciente investigación sobre el bienestar humano es que las personas más felices tienen mejores relaciones que las menos felices. De modo que cuidar las relaciones y ser amable con las personas son dos pautas frecuentes de las personas más satisfechas.

Siempre se ha inculcado la noción ética de que ser amable y generoso es una virtud, que es una conducta buena por sí misma. Lo que ha aportado recientemente la investigación científica es que practicar la amabilidad no solo es bueno para el que la recibe sino también para quien la ofrece.

La falsa bondad

 Ser buena persona no solo se asocia con lo positivo. La buena persona muchas veces es encasillada en la etiqueta  de tonta, blanda y débil. Pero ser bueno no significa poca inteligencia o debilidad, lo cual sería  falsa bondad. Hay una forma de inteligencia ética, que no está relacionada con la debilidad sino con el discernimiento.

A veces detrás de un argumento de bondad, se esconde una actuación negativa, y a veces destructiva.

La bondad auténtica es tener el valor de salir en defensa de lo que creemos que está bien. Y ponerse en contra cuando creemos que está mal, aunque tengamos que actuar en oposición a las personas del entorno.

Existe un comportamiento pasivo-agresivo, propio de personas que enmascaran su indignación con una capa de amabilidad.

La adulación o coba, tiene connotaciones negativas, y suscita la idea de manipulación a una persona ingenua para provecho propio. Pero según el caso se puede valorar de forma positiva o negativa.

La hipocresía es la apariencia de bondad que no está afianzada en el interior de la persona

La auténtica bondad

 No existen personas perfectas. Muchas veces no tenemos control de nuestros pensamientos, pero podemos controlar mejor nuestros actos. Finalmente lo que cuenta es lo que hacemos.  Existe una frase poco inteligente que dice “lo que cuenta es la intención” que justifica la falta de implicación o acción positiva. Si la acción es buena, el motivo de la acción es, por lo general, secundario.

No podemos prever las consecuencias de nuestros actos, que son infinitas. Cada persona puede influir en los demás alrededor, y nunca se sabe bien cuánto. Pero eso no limita el valor de las buenas acciones.

Ser buena persona implica que usemos nuestra capacidad de pensar y buen juicio para tomar decisiones éticas. A veces las decisiones éticas exigen valentía o ir en contra de la opinión general.

Preocuparse de uno mismo no significa dejar de ser bueno con los demás. Una de las mejores maneras de ser bueno con uno mismo es justamente siendo bueno con los demás. Una genuina generosidad no roba energía sino que la recarga.

La bondad auténtica sería el deseo de hacer el bien y de convertir ese deseo en acción. El motivo puede ser bueno, e incluso egoísta. No es el pensamiento sino la acción lo que cuenta.

Fuerzas en contra.

 A veces hay factores que nos impiden actuar de la mejor manera, a pesar de la buena voluntad.  Algunos factores son:

  • La falta de tiempo y recursos. Puede ocurrir que el exceso de actividad nos limite el llevar a cabo algo un buen propósito, o que nos falten recursos. Pero las situaciones difíciles pueden debilitar nuestra ética interna o bien fortalecerla.
  • La falta de empatía. Para ser amables con alguien debemos desarrollar la capacidad de indagar su mente,  saber que desea el otro realmente. La gente experimenta las situaciones de diferente manera. Tenemos la posibilidad de desarrollar la empatía si decidimos que es importante.
  • Falta de consideración. A menudo tomamos decisiones poco bondadosas, no porque no queramos ser buenos, sino porque no dedicamos tiempo a analizar la situación. La regla dorada es preguntarse: ¿Qué quisiera que los demás me hicieran en una situación semejante?
  • No querer entrometerse. Muchas personas evitan actuar cuando otros tienen problemas con la excusa de no querer molestar o entrometerse. Esto es un error, dado que vivimos en una sociedad muy interdependiente.
  • Nuestra agresividad intrínseca. Se trata de aceptar nuestra parte agresiva para empezar a controlarla. Y podemos aprender a gestionar esos sentimientos. Podemos elegir no reaccionar con ira y canalizarla de forma constructiva.
  • Mentalidad de víctima. A veces dejamos de actuar porque nos sentimos impotentes. Pero la verdad es que siempre hay algo que podemos hacer por nuestros semejantes.
  • El otroísmo o evadir responsabilidad.. Es una variante de la pasividad, significa que esperamos que alguien haga lo que nosotros deberíamos hacer. Pero no tenemos menos responsabilidad que los demás para estar ahí cuando se necesita.

Para gestionar estas fuerzas en contra es necesario tomar conciencia de ellas, desear realmente resolver los problemas que nos vienen. Y a veces es necesario superar viejas formas de pensar, adoptando otras más constructivas.

Motivos por los que la amabilidad nos hace felices.

Lo primero es que nos hace sentir bien, a la vez que la gente de nuestro entorno se siente bien. Se crea un buen clima social.

  • Ser amable y generoso hace percibir a los demás de forma positiva y benévola, y fomenta mayor sensación de interdependencia en la comunidad. Satisface una necesidad básica de comunicación.
  • Mitiga la culpa o el malestar por el sufrimiento y dificultades de los demás.
  • Nos proporciona distracción de nuestros propios problemas, ya que traslada el centro de atención de uno mismo a otra persona.
  • Tiene influencia en la autopercepción. Puede elevar la confianza y el optimismo. Pone de relieve tus capacidades, y experiencia, dando sensación de control. Algunos dicen que los actos amables favorecen la sensación de sentido y valor de nuestra vida.
  • Por último, la amabilidad puede producir una cadena de consecuencias sociales positivas. Se recibe aprecio y gratitud. Se predispone a los demás a corresponder o a ser amables con otros.

El principal propósito en esta VIDA es AYUDAR a los DEMÁS.
Y si no puedes ayudarles, al menos NO les hagas DAÑO. (Dalai Lama)

Lectura para profundizar: El poder de la bondad, de Piero Ferrucci

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