Silencio y profundidad

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El ser humano trata de explicarse la vida, y es justo que lo haga, pero bien sabe que lo fundamental no cabalga en las palabras, porque la vida es “experiencia”. Y la experiencia o práctica del vivir puede ser profunda y rica, o un simple transcurrir por la superficie.  Vivir en profundidad es el movimiento de transformación que ocurre en el ser humano cuando mira las cosas con mirada nueva, cuando mira “con otros ojos”, es decir, no se limita a ver sólo racionalmente, con la mente, sino que es capaz de sentirse unido con la vida, de respirar la vida, de vibrar con ella; ver que él es la vida. “Yo y la vida somos uno”.

La vida que reflexionamos es la vida de nuestra mente, pero la mente sólo puede tratar de lo que está descodificado, separado, y así, más que ver la realidad, lo que hace es interpretar la realidad (la mente es el mejor de los siervos pero el peor de los amos). Cada uno interpreta la realidad desde su colocación, desde su  punto de vista, desde el cual no puede ver “todo”. Si pudiéramos ver todo, veríamos que la vida nada deja fuera; que es incluyente. La vida no pierde nunca nada; “lo que hay” no es vida y muerte sino vida y nacimiento, continuamente.

Cuando la mente está en el presente está dentro de la vida, pero cuando está pensando, separa los elementos de la vida. Pensar ¡qué necesario!, pero sabiendo que el pensamiento trata de controlar la superficie del mar. Hay vida en la horizontalidad del mar, pero el mar es más, y sólo en la línea vertical puedo captarlo. La verticalidad me ofrece, desde arriba, la posibilidad de ver el conjunto, y desde abajo, la posibilidad de la hondura, donde no hay tormenta sino imperturbabilidad, silencio (ese otro sitio donde no manda el pensamiento). Ahí puedo escuchar sin pensar, escuchar sin pelear con las ideas del otro, escuchar para dejarme llevar por la corriente de “la vida”. Ahí puedo tener la experiencia de vivir el ahora. El ahora es la casa de lo que sucede en mí.

Lo que me transforma no es lo que me dicen de la vida sino lo que veo de la vida. Cuando creo que tengo la verdad sobre la vida no estoy viendo la vida, porque la vida es espontaneidad, chispa, fogonazo, es entrega a la inspiración. Es la vida la que crea la mente, por lo tanto la mente es algo valioso, pero ocurre que  la mente trata de controlar los fenómenos de la superficie del mar y mostrar que eso es todo. Así cierra mi apertura y corta mi eje de verticalidad, mi visión en profundidad y en totalidad, mi visión de unidad. “Cuando veo que soy todo, eso es amor; cuando veo que soy nada, eso es sabiduría”, dice la sapiencia hindú. Es que no soy lo que tengo, ni soy lo que percibo, soy este darme cuenta de que “soy más”, de que me amplío.

Inspirado  en  la  Ponencia impartida por Juan Masiá  “Silencio oriental y profundidad de vida”

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2 pensamientos en “Silencio y profundidad

  1. Qué bonito y qué necesario eso de “cuando la mente está en el presente está dentro de la vida”… En ello estamos, intentándolo, intentando ser, en profundidad, como bien dices.

    Muchas gracias por tu artículo.

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