Modos de liberarnos de la tiranía del tiempo.

tirano

NO perdemos el contacto con el mundo ¿pero estamos en contacto con nosotros mismos?

En la entrada anterior reflexionamos sobre cómo nos estresa nuestra relación con el tiempo ya sea por tener  exceso o escasez de actividades en la vida cotidiana.

Jon Kabat-Zinn , en su libro Vivir con plenitud las crisis, sugiere cuatro maneras  de sanar nuestra relación con el tiempo :

Primero nos recordamos que el tiempo es solo un producto del pensamiento, y que lo vivimos subjetivamente y con relatividad.

El tiempo no es algo real, es un instrumento arbitrario para organizarnos en este mundo. Einstein aportó su teoría de la relatividad, que sacudió las concepciones del tiempo absoluto de Newton, considerando que el tiempo está en función del movimiento.

¿Y qué es lo que está moviéndose continuamente dentro de mí que va a determinar como percibo el paso del tiempo? Los pensamientos.

Todos hemos experimentado q cuando nuestra mente está agitada y apremiada por mucha tareas y preocupación, el tiempo parece encogerse. En cambio cuando nos calmamos y permitimos un espacio entre los pensamientos, parece expandirse.

Cuando nuestra cadena de pensamientos está acelerada, actuamos en automático, nos cuesta cambiar de dirección. Cuando hacemos espacios entre pensamientos, se produce una parada momentánea y podemos movernos hacia cualquier lugar, es decir, ser más libres.

Una 2ª forma es vivir más el presente.

Eckart Tolle distingue en su libro El poder del Ahora, entre tiempo real y tiempo psicológico. El tiempo real es que que usamos para organizarnos, relacionarnos y hacer nuestras tareas. Cuando dejamos de poner atención en el presente para perseguir un objetivo al que supeditamos nuestro bienestar, o a dar vueltas a situaciones del pasado, comienza el estrés y el sufrimiento.. Se convierte en tiempo psicológico, en donde uno se identifica con vivencias pasadas o logros futuros, y se olvida de gozar el presente, que es donde está la vida real.

Podemos ir poniendo conciencia gradualmente en más momentos de nuestra vida. Y también darnos cuenta de nuestras prisas y otras inercias mentales para poder soltarlas.

Desperdiciamos una gran cantidad de energía en preocupaciones relativas al futuro o en elucubraciones sobre el pasado. Ello nos sume en la ansiedad o en estados de malestar, añorando lo que fue o temiendo lo que pueda pasar…

Vivir el presente es un gran regalo que nos hacemos a nosotros mismos y significa que podemos reclamar nuestra vida entera, en vez de vivir solo para nuestras vacaciones o para esos momentos especiales que suponemos que nos van a llevar a sentirnos seguros y en paz. Sin embargo, no suele funcionar así. Cuando esos instantes llegan, suelen ser efímeros y no suelen corresponder a las expectativas que teníamos. El reto consiste en introducir la calma en nuestra cotidianidad, en reconciliarnos con el ahora. ¿Cómo?

En primer lugar, abriéndonos al ahora con toda nuestra atención. Podemos hacerlo en medio de cualquier tarea: caminar, comer, lavarnos los dientes, escuchar a una persona, etc. Al poner atención plena a una actividad le damos vida. Al unir nuestra mente y nuestra intención, todo adquiere una cualidad diferente; nos sentimos reforzados, pues se unifican nuestras energías. Este es el sentido del yoga: unir cuerpo y mente.

Al habituarnos a vivir así, nos damos cuenta de que es muy agradable estar en el presente. Al conectar con nuestro cuerpo, sensaciones, respiración, emociones, etc. nos implicamos realmente en la vida y, al hacer esto, la percepción del tiempo cambia.. Podemos relajarnos en cada actividad y a la vez ser más lúcidos.

Una 3ª forma es dedicar una rato cada día a meditar, a no hacer, solo ser.

Practicando la atención a la respiración, a nuestras sensaciones, o al fluir de nuestros pensamientos, dejándolos pasar, nos salimos de la vorágine del tiempo y empezamos a vivir en el presente.

Necesitamos saber dar importancia a ese tiempo y no considerarlo secundario por estar vacío de acción. También necesitamos saber decir no a otras cosas o personas para reservarnos un espacio para el silencio. El comprometernos en esta práctica ralentiza el tiempo y nos ayuda a reforzar nuestra capacidad de actuar en el presente el resto del día.

Una 4ª forma es simplificar nuestra vida. Eso significa priorizar lo importante y descartar lo superfluo.  Podemos empezar por pequeños cambios.  Es importante clarificar nuestras prioridades y optar con plena conciencia por dejar actividades innecesarias.

Hay una fórmula de tres puntos que nos da unas pautas:

¿Qué es es en mi vida absolutamente necesario e importante para mi calidad de vida?  Decido hacer esas cosas o cultivar esas relaciones con toda mi consciencia.

¿Qué cosas son secundarias? Decido las relaciones, actividades, tareas que puedo reducir, posponer o delegar en otras personas.

¿Qué hay en mi vida que ya no me sirve? Puedo eliminar lo superfluo e inútil de mi vida.

Cuenta un biógrafo de Gandhi  que cierto día un periodista le preguntó  ‘señor Gandhi,  usted ha trabajado durante 15 horas al día durante 50 años. ¿No cree que debería tomarse unas vacaciones?’ Gandhi mostró su sonrisa desdentada y respondió, “siempre estoy de vacaciones”

La palabra vacación tiene la misma raíz que vacío y vacante. Es la esencia  de la atención plena, de la consciencia en el presente.

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