Mindfulness y alimentación

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Mindfulness –o atención plena- es prestar atención de manera deliberada, ser totalmente consciente de lo que sucede tanto en tu interior – en el cuerpo, el corazón y la mente- como fuera, en tu entorno. Mindfulness es consciencia sin juicio de valor ni crítica.  (Jan Chozen Bays)

La cultura de la comida rápida, el desarrollo de la industria alimentaria y otros factores sociales han afectado a nuestros hábitos alimenticios. Hay una epidemia de sobrepeso (y obesidad),  de transtornos alimentarios y enfermedades  producto de una relación desequilibrada con la comida. Se está intentado solventar esta situación con una lucha contra la acumulación de grasa en nuestros cuerpos, a través de dietas diversas (muchas veces insanas), ejercicio compulsivo, liposucción, cirugía digestiva, etc. Pero estas soluciones han resultado poco duraderas, presentan muchas veces complicaciones y efectos secundarios negativos. No van a la raíz del problema.

El problema no está en los alimentos ni en nuestras células. El origen está en nuestra mente y corazón. Necesitamos un trabajo interior con nosotros mismos. Necesitamos otras maneras de afrontar el asunto de comer.

Mindfulness podría ser la herramienta apropiada, accesible, profunda y que además produce efectos duraderos, sin causar daños colaterales. Comer atentos significa observar las sensaciones, pensamientos y emociones que surgen relacionadas con la comida y el hecho de comer. Podemos aprender a estar presentes al comer, mejorar la relación con la comida y disfrutar más.

Comer con atención plena no significa seguir a un experto o una dieta, ni a las últimas novedades de la ciencia, sino a tus propias experiencias del momento. Significa sustituir la autocrítica y la culpa en relación con  la comida por respeto a ti mismo y tomar conciencia de tu visión interior. Aunque no tengamos problemas con la comida podemos ampliar nuestra práctica meditativa poniendo atención en el acto cotidiano de comer.

Cuando eramos niños teníamos una relación natural con la comida, y con las sensaciones de  hambre y  satisfacción. Al ir creciendo nuestra mente se complicó con todo tipo de aprendizajes y emociones, quizá llegando  quizá a convertir el hecho de comer en un problema. Al mismo tiempo nuestro entorno nos fue enseñando hábitos insanos en relación con la comida. Quizá nuestros educadores nos transmitieron su angustia menoscabando nuestra sabiduría innata y el placer natural al alimentarnos.  Como resultado muchos hemos desarrollado hábitos reactivos.

La práctica de mindfulness tiene el potencial de liberarnos de estos hábitos reactivos que llevamos con nosotros. Puede liberarnos de las voces y emociones indeseadas que se han apoderado de nuestra comida y que nos han alejado del hecho natural de comer y disfrutar de ello.  Ciertamente es un camino de consciencia: necesitamos coraje en la práctica, apoyo y comprensión.

 

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