Sanar el pasado, abrirse al futuro…

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Actitud hacia el pasado

Al practicar habitualmente la meditación, tarde o temprano, afloran en la mente episodios y emociones del pasado. La actitud meditativa es observar lo que aparece, tomando conciencia de que los recuerdos son productos de la mente sin real consistencia.

Pero a veces las huellas emocionales del pasado son intensas y nos oprimen.

En los casos más leves, basta la concienciación de esas emociones pasadas y aplicar la atención meditativa para que las emociones vayan perdiendo  fuerza y así podamos desprendernos de la carga del pasado

En otros casos, la intensidad del impacto emocional fue tan fuerte (como el estrés post-traumático) que se necesita asistencia psicológica para desactivar esas huellas emocionales profundas.

El duelo sería el proceso de aceptar una pérdida, dejar ir el sentimiento doloroso, y reconciliarnos con el presente.

Hay emociones que parecen haberse quedado estancadas como el caso del odio, la culpa y los resentimientos. Es como si los episodios que provocaron esas emociones no se hubieran acabado y el drama sigue vivo en la mente. En realidad nos hemos quedado atrapados en nuestra propia mente que recrea el dolor y no es capaz de cerrar y soltar.

El perdón es un movimiento que nos lleva a soltar el dolor, el resentimiento acumulado, o la culpa. Para la mayoría de las personas es un proceso. Cuando hay heridas profundas puede llevar un tiempo prolongado, y pasar por diversas fases emocionales, hasta llegar a un alivio de cargas y liberación. Muchas veces se trata principalmente de perdón hacia nosotros mismos, por el daño que nos hemos hecho o hemos permitido que nos hagan.

Perdonar o perdonarnos no significa justificar acciones dañinas,  es un acto del corazón que permite liberarnos de las penas del pasado. Aunque puede surgir espontáneamente, también puede desarrollarse. Igual que existen meditaciones para cultivar la compasión, existen meditaciones para cultivar el perdón, cuya  práctica nos prepara para liberar cargas, para abrir el corazón a la comprensión y al amor.

 

Actitud hacia el futuro

Los seres humanos solemos vivir más en el futuro que en el presente. Solemos imaginar lo que creemos que nos traerá dicha en un futuro, y nos quedamos esperando que se cumpla esa fantasía sin vivir el momento.

Vivir el presente con plenitud hace que preocuparnos por el futuro se haga innecesario, simplemente dejamos que vaya llegando, sin estar atados a nuestras expectativas. La práctica meditativa propone no controlar, abrirse, dejar ir los miedos.

No se trata de no tener objetivos y evitar planificar. Se trata de no estar sujetos a lo que pase en el futuro para estar bien, de estar abiertos a los resultados cualesquiera que sean. Como dice el Baghavad Gita: actua sin apegarte al fruto de tus actos.

Al tener una actitud de apertura hacia el futuro, somos capaces de recibir lo que nos traiga la vida, con curiosidad y aceptación. Paradójicamente esta actitud mental fomenta la creatividad  y la espontaneidad, mucho más que un estado de preocupación por lo que pueda pasar,  el cual estrecha nuestra mente.

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